Hace pocos días, desde diferentes provincias del país empezó a circular la noticia de futuros faltantes de medicamentos para VIH. La noticia se generó mediante una notificación del Ministerio de Salud de la Nación anunciando futuros faltantes y cediéndola responsabilidad a cada provincia de proveer los medicamentos indispensables para la continuidad del tratamiento. Luego de la reacción de las organizaciones sociales y redes de personas que viven con VIH, con la consecuente mediatización de este tema, el ministerio de salud informó mediante un comunicado que los medicamentos que faltan se deben a “tiempos habituales de habilitación presupuestaria”. No se entiende como puede haber un retraso habitual que no sea subsanado con una gestión efectiva, los antecedentes de los últimos dos años del Ministerio de Salud de la Nación con respecto al programa de VIH/SIDA, hepatitis e ITS no son buenos. El trabajo mancomunado entre servicios de salud, organizaciones sociales y red de pares que supo coordinar Carlos Falistocco se vió interrumpido luego de su renuncia.  Para contextualizar un poco la gravedad de la falta del Gobierno Nacional en la provisión de medicación es necesario analizar donde estamos parados en Argentina con respecto a la respuesta al VIH/SIDA.  El conocimiento sobre el virus de inmunodeficiencia humana creció exponencialmente desde su surgimiento en todo el mundo. Lejos de los antiguos mitos y paranoias en relación al modo de transmisión, hoy sabemos que solo tres las vías posibles: la primera de ellas, es mediante relaciones sexuales sin preservativo o campo de látex, la segunda se da por contacto con sangre por compartir jeringas, canutos (instrumento para el consumo de cocaína por vía nasal) o cualquier elemento cortante o punzante. Y por último, la transmisión perinatal  o vertical que se puede dar durante el embarazo, el parto o el período de lactancia. La forma de transmisión más común es la sexual, más del 98% de todas las transmisiones sucedieron por relacione sexuales sin protección. Si bien los casos de transmisión vertical no aparecen con altos porcentajes en relación al total de nuevas transmisiones, el hecho de que no se logre reducir al mínimo esa transmisión teniendo los medios médicos resulta problemático, entre los años 2013 y 2016 recibieron diagnostico positivo de VIH 42 niños y niñas. También se sabe que los tratamientos sobre VIH mejoraron notablemente la calidad de vida de las personas. Este avance hizo que el VIH/sida no sea sinónimo de muerte, sino que se pueda vivir, teniendo los recaudos que corresponden al de una enfermedad crónica, como es el caso de la diabetes, enfermedad sobre la que socialmente sabemos más y tenemos menos prejuicios. Que el VIH sea una enfermedad crónica y no mortal depende del acceso al sistema de salud que tengan la población, y que sean cada vez menos las personas que adquieran el virus depende también de las políticas públicas que se lleven a cabo desde el estado. Este grado de avance científico es el que permitió ONU SIDA, plantearse como meta para el año 2020 los siguientes puntos: Que en 2020 el 90% de las personas que viven con el VIH conozcan su estado serológico respecto al VIH. Que en 2020 el 90% de las personas diagnosticadas con el VIH reciban terapia antirretrovírica continuada. Que en 2020 el 90% de las personas que reciben terapia antirretrovírica tengan supresión viral. El Estado Argentino adhirió a estas metas y se comprometió a toma las medidas necesarias para alcanzarlas. Lograr estos objetivos no requiere  medidas mágicas, sino un continua implementación de políticas públicas destinadas a promover el conocimiento sobre el tema, el testeo voluntario y adherencia a los tratamientos. Para todo esto, como condición de posibilidad, se necesita que el Gobierno Nacional cumpla con las responsabilidad, que le marca la ley 23.789 y que reafirma el fallo Benghalensis de la Corte suprema de Justicia, de suministrar los medicamentos necesarios en tiempo y forma, cuando se trata de tratamientos continuos no pueden haber demoras de ningún tipo. 

Cada vez menos respuesta En los últimos dos años la cantidad de preservativos disponibles disminuyó considerablemente, el Estado Nacional compra un tercio de lo que se compraba en la gestión anterior. En una entrevista para Radio Gráfica, el  ex ministro de Salud Daniel Gollan afirmó que el último período la cartera de salud desmantelo el vacunatorio principal del ministerio, dejó de mandar boletería, cerro el programa capacitación permanente y  disminuyó la formación de promotores la salud, en general, dejaron de invertir en promoción y prevención, y quitaron del territorio a los agentes de salud.   El programa de VIH/SIDA e ITS, que supo ser modelo internacional, mencionado reiteradamente por ONU SIDA por haber obtenido cobertura en hospitales públicos para 67 mil personas hasta el 2015, se encuentra en clara situación de retroceso. Teniendo año a año nuevas infecciones y siendo el 98% de las transmisiones producto de relaciones sexuales sin preservativos, no se entiende por qué disminuyeron la compra de preservativos. No hay explicación epidemiológica para este ajuste.  En este contexto, la demora en la compra de medicamentos para personas que viven con VIH no puede ser vista como un mero retraso burocrático. Cualquier persona mínimamente familiarizada con los tratamientos, como suponemos tienen que estar en el Ministerio de salud, sabe que la continuidad es la clave. Según los relatos de personas que viven con VIH, lograr hacer el tratamiento de pastillas diariamente no es una tarea fácil, depende de múltiples factores y deben sortear situaciones de estigma y discriminación constante.  Desde el Frente por la Salud de las personas con VIH convocaron a una asamblea abierta el día viernes 26 de enero a las 14hs en las puertas del Ministerio de Salud de la Nación. En esta reunión se trataron los pasos a seguir para garantizar una efectiva regulación de este retraso, denunciaron las pocas iniciativas para vincular otros aspectos vinculados a la vida con VIH, como la violencia en contra de las mujeres. Horacio Barreda, coordinador de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes positivos (RAJAP) mencionó que “hay que informar a la población de la situación, sin ser alarmistas ya que estos errores administrativos, son graves y no se pueden permitir”. La convocatoria exigen políticas públicas para quienes nacieron con el virus. Los niños y niñas que necesitan tomar el jarabe de AZT no pueden esperar las demoras burocráticas, los adolescentes, jóvenes y adultos que viven con VIH tampoco pueden poner en riesgo su salud por falta de medicación, el Estado nacional no puede eludir esa responsabilidad. En diciembre del 2017 el proyecto para una nueva ley de VIH perdió estado parlamentario. Las voces de cientos de personas q que marcaban la necesidad de una ley para trabajar políticas públicas específicas para niños y adolescentes positivos fueron silenciadas. Como país, en materia de respuesta al VIH/SIDA, estamos dando pasos hacia atrás. Y ese retroceso, lejos de significar mayores compras o menor inversión, significa poner en riesgo la vida de los argentinos. No hay una grieta que pueda servir de excusa, no hay una reducción que pueda ser justificable cuando se trata de cumplir como Estado con la responsabilidad de garantizar los medicamentos de forma continua y sin demoras. No hay más tiempo, la negligencia no puede ser considerada una demora habitual.]]>