Autor: Carlos Caramello
Ilustración: Luciana Capace

“Los hombres sabios hablan porque tienen algo qué decir;
los tontos hablan porque tienen que decir algo”.
Platón

Y la jodió, nomás! En algún momento iba a ocurrir, y ocurrió. La Operación Aborto, una vez lanzada, no pudo ser abortada y el gobierno de Macri empieza a pagar carísimo el estilo negacional de don Jaime Durán Barba… tanto va el comunicador a la opereta que, al final, la canta. Un aborto comunicacional.

No se si existirá una “Ley de López Murphy” (supongo que así la llamaría Michetti) que diga que: “si tus operaciones de prensa se te pueden volver en contra, entonces se te volverán en contra”… Pero es evidente que, si no se dictó aún, no deberían trepidar en hacerlo. Testigos privilegiados y directos de ese tipo de operaciones de prensa boomerang son el ex presidente Fernando De la Rúa (más que ninguno); su vice, el “Chacho” Álvarez; varios ministros de los gabinetes de 1983 a 2015 (quizá el más afectado, José Luis “el Chupete” Manzano, que supo “controlar” a la prensa en el primer menemismo) e incluso algún intendente como Carlos Grosso, que era el preferido de los medios hasta que dejó de serlo para pasar a enemigo número uno.

Cito estos nombres para los memoriosos. Contar cada operación, contraoperación y resultado, demandaría un libro, no un artículo. Aunque, el affaire De la Rúa fue paradigmático. ¿Por qué? Sencillamente porque él y su gobierno eran SÓLO, comunicación. No hubo plan. No hubo políticas. No hubo proyecto de país. No hubo ideología. Y, lo peor: no hubo Gobierno. Apenas una operación de prensa; un abuso del marketing político que algunos medios (los de siempre) acompañaron al principio y luego… luego abandonaron. En medio de un estudio de televisión, con la conducción de Marcelo Tinelli y un presidente aturdido que terminó en un mutis… por el frontis; y se cayó del escenario. Porque, digamos todo: estos muchachos te acompañan hasta la puerta del cementerio. Y allí te dejan… sin siquiera llorarte.

Mauricio Macri es la nueva víctima propiciatoria. El proyecto de reforma de jubilaciones y pensiones fue el principio del fin. La idea de tapar la marcha de cientos de miles de trabajadores con el anuncio del debate de una ley que despenalice el aborto en la Argentina, la continuación de una crónica con final anunciado. Este debate marca con una exactitud escalofriante el momento en que empiezan a sacarle el banquito del ring.

Parte importante de ese voto que Macri ha intentado “fidelizar” de mil maneras (incluso reprimiendo) se le escapa como gato a la ducha gracias a esta jugada. Votantes naturales del Gobierno de Cambiemos, como por ejemplo Mariana Rodríguez Varela, la progenitora de la “campaña del Bebito” ( ver https://www.youtube.com/watch?v=nvg8cjPFHYk ) ya ha dicho que va a ir a Olivos a reclamarle al Presidente. Y muchos de los cuadros más relevantes del PRO, se han manifestado contrarios a la sanción de una ley que despenalice el aborto: Michetti, Peña, Massot, Pinedo (este último ha sugerido que de ser sancionada dicha ley, Macri seguramente la vetaría, como lo hizo en la Ciudad de Buenos Aires siendo Jefe de Gobierno).

Si, si, SI. Ya sé sabe que es humo sobre el agua. Que anuncia el debate pero no envían un proyecto de ley, avisan que van a dejar sin quorum la sesión especial para el tratamiento (propuesta para el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer) y que se confabulan para que la discusión sea larrrrrrga larga. Pero hablan del aborto. Y no todo el mundo es tan “vivo” como ellos. Entonces, la operación “escapar hacia delante” pergeñada por el ecuatoriano verborrágico cumple, por ahora, con los objetivos contrarios a los que la motivaron: ha reinstalado el tema de una manera virulenta en los medios -incluso en aquellos mas oficialistas que el oficialismo-, con resultados inciertos; le ha dado nuevos bríos a los sectores que impulsan la ley; ha puesto en el debate social un tema arduo sobre el cual, la sociedad, no quería debatir; han reabierto una vieja herida que involucra, además a la Santa Madre Iglesia… y, encima, le echan sal. Es más, si creen que de esta manera y, en forma tangencial, complica el discurso progresista del Papa Francisco, aviso que se equivocan: nadie espera que el representante del Dios en la Tierra se exprese a favor del aborto.

Yo le avisaría a Durán Barba que por evitar el Combate de San Lorenzo se ha metido en la Batalla de Caseros, pero, claro, seguramente no sabe ni le interesa la Historia Argentina. Sin embargo, la batalla por la legalización del aborto es, sin lugar a dudas, un hito para nuestra sociedad, que profundizará la grieta, que levantará una polvareda tal que nublará la vista de los más finos observadores del gobierno y que presagia un final más abierto que “Final del Juego”, el célebre relato de Julio Cortázar. Porque muchas personas que, por ahora, no están ni enteradas de la cuestión, se incorporarán a la polémica (muchos de ellos con opiniones pre configuradas por los medios) y los medios nos inundarán de argumentos que no estarán basados en cuestiones morales sino en intereses económicos y… quién sabe lo que saldrá de todo eso.

Lo que es casi seguro es que, este gobierno golpeado y lastimado, que no deja de perder puntos de valoración positiva; este gobierno que ha logrado que se instale la puteada en su contra como hit del verano; este gobierno que se preocupa por que el “andate Macri LPQTP” viaje de las canchas argentinas al Mundial de Rusia, eligió, cual Melquíades, el león sin dientes, huir hacia la izquierda… y se equivocó.

Bienvenido sea este error. Pueda que el aborto deje de ser la principal causa de muerte materna en la Argentina… o que, si no dejara de serlo, el responsable sea de Macri.