Autora:Una mujer

Durante mucho tiempo (10 años aproximadamente) me culpé de ser asesina. Sí, así de contundente la cosa. Aborté dos veces. La primera a los 24 y la segunda a los 26. Los primeros años lloraba todas las noches contra la almohada para que mi abuela, que dormía al lado, no se enterara. Sin embargo, iba a mi mamá y le decía “¿qué le pasa a Paula? la escucho llorar casi todas las noches”. Mi vieja, que no sabía cómo decirle, le respondía “se habrá peleado con el novio”. Y ahí quedaba la cosa, en el silencio.

Nací en una familia clase media alta. Con todo lo que eso conlleva, dado que ciertas cosas no están ajenas a las clases. Pero sin dinero, empeoran.

Siempre me frustró mucho el hecho de tener que comportarme como la sociedad esperaba. Hasta que un día rompí ese mandato. Aborté. Y fue ahí donde sentí todos los látigos en mi espalda, todos los dedos juzgadores en mi cara, todas las piedras, las patadas, toda la sociedad entera en mi cabeza diciéndome asesina, no merecés vivir, tu vida va a ser un fracaso. Entré en una depresión abrumadora. Me costaba mucho caminar e intentar en cada paso que no existiera esa voz torturándome. Sinceramente no sabía cómo sacarme ese ruido del cerebro y los ojos de mi madre mirándome con desconfianza. Fue ahí que empecé un camino de preguntas que tardé diez años en responderme. 3650 días.

La culpa, inmenso sentimiento, ¿de dónde viene si no soy católica? Esa pregunta me hizo ir hasta millones de años atrás para saber a quién se le ocurrió que la mujer era culpable. Entendí que no importa de qué religión seas vos hoy en este 2018. Esas creencias están para dominarte, para oprimirte, para que creas que va haber alguien que te va castigar. Te puedo asegurar que la única persona que se castigaba era yo. Con mis pensamientos. Era una norma metida en mis pensamientos. Entonces entendí lo que es la cultura, viene en el paquete cuando nacés. Ya está ahí y te dice qué debés y qué no debés hacer; qué está mal y qué está bien. No sos dueña de tus decisiones, decidís en base a una historia que te antecede.

Un día -pudo haber sido un sábado o domingo- recuerdo estar en mi casa viendo un documental. Me hice la pregunta más dolorosa: ¿Por qué no quise tenerlxs? Rememoré los días antes de realizarme el primer aborto.  Otra tormenta estaba en mi cabeza, dolorosa por cierto. Me atormentaba el hecho de no poder y me decía: ¿Si no puedo darle de comer? ¿Si me quedo en la calle? ¿Si la educación que le puedo dar no es lo suficientemente buena? ¿Si no tengo un trabajo fijo, ni carrera, ni casa propia? Es que la persona que tenía al lado estaba lejos de ser un padre responsable, amoroso, etc.  Sin embargo, yo no lo veía así. En ese momento, me quería tan poco…

Creo que la sociedad prepara al hombre, no a la mujer, para enfrentarse a la vida. Imaginate que si nací para procrear y aborté, yo era el diablo.  A pesar de que él abusó de mí psicológicamente. Era drogadicto. Y, además, tenía una hija no reconocida. Y vos dirás: ¿Pero no te dabas cuenta de lo que era el pibe? No. La verdad que no. Creo que como no me quería nada elegí a alguien que tampoco lo hiciera. Quería que me quisiera, se lo suplicaba.

Me pregunto cómo hace una mujer para amarse. Tal vez, si me hubiese respondido antes eso… Pero a nosotras no nos enseñan desde chicas a escuchar nuestros deseos. Nos enseñan a aceptar lo que nos toca: ser mujer, formar una familia, querer a tus hijos, querer a tu marido, acompañarlo para que pueda crecer. Él, profesionalmente. Y quedarte en tu casa y darle todo el amor posible con normas y reglas para tus hijxs. Pero como la economía de los países cambia, vos también tenés que salir a trabajar. Porque con un sueldo no alcanza. Y además, tenés que ser buena en el trabajo, esforzarte más que el resto. Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con el deseo de no tener los hijxs en ese momento? Mucho. PORQUE YO NO SABIA QUIÉN ERA. No estaba constituida como persona. Y cuando no sabés quién sos muy difícilmente le puedas mostrar a tus hijxs el mundo. Un mundo bello pero lleno de cosas injustas. Y (esto si lo deseé siempre) a mis hijxs yo quiero enseñarles valores que tienen que ver con el otro. Que miren con sus propios ojos. Enseñarles a ver al que duerme en la calle porque a él también la sociedad lo hizo a un lado. A quienes buscan a sus hijxs o nietxs porque hubo un estado que les arrebató la vida. Entonces llegó la respuesta; NO QUISE TENERLOS PORQUE NO ESTABA PREPARADA. Porque deseo que este mundo mejore. Y para eso yo quería conocerme primero. Para conocer el mundo y luego poder mostrásrselo. Según mi percepción, según mis normas y no las de otres. Y luego que ellxs en su libertad decidan.

No quise tenerlos porque no había amor. El día que llegué a esa respuesta volví a llorar (casi como ahora que lo escribo) y me perdoné. Me dije “Paula vos no mataste, vos fuiste valiente en no cumplir con un rol para el cual no estabas preparada a realizar como un cumplido para el otro”. Y pensé: ¿Qué les pasa a las pibas que no tienen dinero? Porque yo de mi bolsillo pude pagar. Ellas se mueren. Se hacen un aborto clandestino y se mueren.

Esas muertes entonces son avaladas por la sociedad argentina. Para que la sociedad sea mejor tenemos que tener conciencia. De lo contrario, seguiremos teniendo sociedades enfermas, cumpliendo mandatos obsoletos.

¿Y si no desean tenerlxs? ¿Cómo no vas a desear tener un hijo? Sos mujer. ¿Y? ¿O acaso todos los hombres son padres? ¿O acaso todos ellos desean serlo? ¿Cuál es la diferencia? La diferencia está en que nosotras no podemos desear, disfrutar, gozar, etc. Nosotras nacimos para cumplir.

¿No te parece tremendo? Rompamos con eso porque nosotras también somos humanas. Tenemos los mismos anhelos que cualquier hombre y deseamos tener los mismos derechos. Y si el deseo es no tener hijxs, a eso nadie ni nada se tiene que interponer. Es nuestra conciencia. Y cada una sabrá porqué sin tener que explicarlo. Porque eso es la libertad.