Julián Andreu

Pasaron 18 años de proscripción del peronismo con su líder natural en el exilio, hasta que ese 17 de noviembre de 1972 el General Perón regresa a la Patria. A muchos nos avergüenza la foto de Rucci con el paraguas (una disgresion), pero detalle al margen, cientos de militantes pudieron ver ese momento histórico, la casa del líder en Gaspar Campos en Vicente Lopez, se llenó de peronismo y de jóvenes que nunca habían visto en persona a Perón. Muchos habían nacido y crecido con éste en el exilio.

Foto: Domingo Zenteno 23 noviembre 1972

Se le dieron las pelotas al General y volvió, la antesala de lo que sería el regreso definitivo, ese 20 de junio de 1974 cuando millones se movilizaron a ver nuevamente la llegada del gran caudillo al país. Muchos sintieron y sabían que era el regreso definitivo. Muchos inclusive de la derecha lo entendían así, por eso prepararon la emboscada, antes de que empezaran los disparos y los disturbios que muy bien relata Horacio Verbisky en “Ezeiza”. Ya se sabía que el avión que traía a Perón no aterrizaría en el Aeropuerto Pistarini y lo desviarían hacia la base militar de Morón.
Hechos históricos que empezaban a mostrar que frente a los millones movilizados y politizados que tenía ese peronismo, con la juventud maravillosa y todas sus organizaciones internas, la única forma de quebrar y avanzar sobre ese hecho trascendente de nuestra Nación (que pocos por fuera de estas fronteras entienden) era solo y tan solo por adentro.
Ese antiperonismo asesino, fusilador, y que sin ningún escrúpulo bombardeó la Plaza de Mayo al grito de “fuera el tirano” empezaba a usar su mejor disfraz, uno que le sirve hasta ahora.


El 10 de abril la jueza Servini intervino el Partido Justicialista, a los efectos de “normalizar” su situación. Pone un interventor, y en la ruleta de candidatos a ocupar el cargo dispuso el peor de todo: Luis Barrionuevo (que ya sabía que iba a ser él, según divulgó luego el mismo Barrionuevo).
Para secundarlo llama a Julio Bárbaro y a Carlos Campolongo. Sentados en una mesa, su propuesta fue “hay que renovar el partido”. La módica suma de 223 años repartidos en sus tres humanidades, e irónicamente nos proponen renovación.
A modo de ejemplo Julio Bárbaro se presentó a elecciones en 2013 como candidato a senador nacional por el Movimiento Unidad del Trabajo y la Producción. Compartió boleta con el gremialista judicial Julio Piumato. Ninguno superó el piso del 1,5 por ciento de las PASO.
Creo que esa frase “tres empanadas” en este caso es como demasiado, pero la jugada va por otro andarivel. Sólo dos ancianos sin ninguna representación se sentaron al lado de Barrionuevo. Nadie quiere esa foto, nadie se inmola por un sandwich – no quiero hacerla fácil y decir ni Bossio, no lo voy a hacer – y es esta la primera pata de ese trípode. Nadie va a ir a tocar el timbre a Matheu 130, porque huele a rancio.

La segunda pata es la que fogonea el gobierno y sus acólitos, la confrontación con Cristina y lo que ella representa. Alberto Fernández deslizó la frase: “Con ella no alcanza, pero sin ella no se puede”. Todo depende del juego que quiera hacer, no solo ella sino también su nuevo espacio Unidad Ciudadana.
Solo quedaría un tercer integrante de este trípode peronista o panperonista, al que podrían converger varias vertientes, esas que van del “peronismo racional” hasta las más confrontativas en este nuevo escenario post reforma previsional y post tarifazo.
Inclusive algún editorialista encumbrado y algún compañero de parrilla hablaban de ese 22 de octubre como fecha donde, al “derrotar” a Cristina, por muy poquito, el gobierno empezó a jugar un partido sin rivales. Por lo menos creyó eso, pero tampoco encontraba el arco contrario y solo se empezó a enredar con la pelota.
Su “popularidad” viene en declive permanente, sumado a un diciembre negro donde con fórceps pudo aprobar la reforma previsional, no sin una brutal represión afuera del Congreso tanto el 14 como el 18 de diciembre y con un ajustado 132 en diputados. No le sobró nada.


La plancha hasta el Mundial no será tal, las turbulencias económicas y la posible derrota en el tema tarifazo adelantan de manera vertiginosa los tiempos. La oposición con la vista a 2019 y el oficialismo también, pero con ritmos diferentes, los primeros querrán adelantarlos y los otros atrasarlos.
Será Macri, algunos especulan con Vidal. Me permito dudar de esta última opción: Cambiemos es un todo y como tal el desgaste es para todos, inclusive para la protegida de Morón.
Lo cierto es que como la historia reciente nos enseñó, solo el peronismo es y fue alternativa constante a estas aventuras antipopulares, parecidas o iguales a la que hoy nos gobierna. Es también por adentro que se lo desarticularla. Nosotros lo sabemos, ellos también.