Escribe: Silvana Jáuregui

Fotos: Angel Saud

Estamos en Merlo. El mural pintado en la fachada de una casa nos indica que allí seguramente vive Marila Tarabay. Un perro anfitrión –de esos que comparten su morada con todos los vecinos– nos recibe en la vereda con la misma alegría que irradia la mirada de Marila al abrirnos la puerta. Adentro, las paredes hablan. Sus obras conmueven e interpelan: Son fundamentalmente mujeres enredadas de ensueños, deseos y desventuras. “Siento que tengo que pintar todo el tiempo, es como un deber autoimpuesto. Tener el taller en tu casa te brinda la facilidad de poder pintar en todo momento, pero además me gusta que mi espacio de trabajo sea una extensión de mí, una parte de mí. Cada lugar de la casa: los pisos, las paredes, la fachada, están intervenidos, porque tienen que ver con mi razón de ser y de vivir”. Así empezamos. Marila Tarabay es profesora de Artes Visuales, recibida en la Universidad Nacional de Artes. Allí asistió a seminarios de proyectos de tesis. En la Escuela de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova desplegó su pasión por el muralismo.

Con todo tu bagaje como artista, ¿cómo se da la docencia fuera de tu ámbito taller?

Amo esta profesión, ya desde que cursaba en la Pueyrredón y era alumna. Todo lo que allí aprendí lo disfruté y es lo que hoy puedo transmitir a mis alumnos. Doy clases en escuelas y también talleres grupales a señoras mayores. Cada nivel de enseñanza tiene su encanto y es para mí un desafío. Los niños y adolescentes, incluso los adultos, me brindan cosas diferentes. Mi idea es buscar maneras variadas para que se enganchen con las técnicas del arte y tratar de innovar todo el tiempo. Poder conectar a los alumnos con el arte no es tan fácil. Lograr que conecten con la escultura o el dibujo no es una tarea sencilla porque en cada expresión aparece lo propio, o lo que nos pasa. Es un camino complejo pero con esto juego y también me divierto. Con las señoras mayores es otra la experiencia ya que hay total libertad para hacer, no te atan los contenidos y ellas tienen una predisposición especial.

Las paredes de tu casa taller están llenas de obras con mucho sentimiento. Obras que conmueven a quien las observa porque tienen que ver con actitudes y cuestiones que les suceden fundamentalmente a las mujeres. ¿Qué podés resaltar de este abordaje tuyo tan particular, en estos tiempos donde la cuestión de la mujer está tan presente?

Siempre me interesó el tema de la mujer. Yo soy mujer. A nosotras siempre nos tocó lidiar con un montón de cosas que el hombre no las tiene que vivir. Incluso muchas veces se me cuestionó sobre el porqué de esta temática y sobre mi persistencia. Pero esto es lo que siempre sentí. Tiene que ver con vivencias propias y a la vez con problemáticas de la mujer como esto de sentir que te invaden o que te abordan o intimidan desde perspectivas como el ninguneo o desde la palabra o desde la propia profesión. Soy muralista y a veces tenemos que probar que podemos hacer todos los trabajos como hacer una mezcla con la pala. Todo el tiempo tenemos que demostrar que lo podemos hacer. Mis obras abordan las problemáticas de la mujer mucho antes de que este tema se visibilizara. Impacta ver mis obras, por su realidad y sus circunstancias. Esas manos que aprietan los cuerpos remiten a violencia de género. Creo que todas las mujeres en algún momento pasamos por alguna experiencia o situación como éstas que yo represento.

Es una temática y un trabajo intenso también en lo social. Junto a otras compañeras formaron el Grupo Las Nereidas. Contanos sobre este proyecto.

Te cuento un poco la historia. Nosotras estudiamos en la Cárcova, durante los últimos años de su existencia. Por suerte pudimos disfrutar de ese posgrado sobre muralismo. Fue allí que todas las mujeres formamos el grupo Las Nereidas en homenaje a la fuente que con ese nombre realizó Lola Mora. Éramos muchas al principio pero por cuestiones de puntos de vista y de problemáticas como tener que viajar cuando tenés hijos, o el tiempo que tenés que dedicarle a un mural y otras cuestiones que no supimos resolver fue que quedamos solo dos, Alejandra Zeme y yo. A este nuevo grupo lo llamamos “Las Nereidas R”.

¿Por qué R?

En el año 2013 trabajábamos para el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación haciendo murales colectivos por las provincias. Estábamos en Jujuy, en La Quiaca, por el aniversario de Juana Azurduy. Se rompió el andamio donde estábamos trabajando y nos caímos de cinco metros de altura. Me rompí la clavícula, pero por suerte sólo fueron algunos magullones. A pesar de esto seguimos trabajando. En el 2014 estábamos haciendo un mural en San Martín y cuando ya estábamos guardando las pinturas viene un auto a toda velocidad, me atropella a mí y a un compañero que nos estaba ayudando. Me quebré la columna, cuatro vértebras, la nariz. Estuve cuatro meses con corset, no sabía si me iban a operar de la columna, si iba a seguir caminando. Fue muy bravo seguir. Ahí es donde empezás a cuestionar un montón de cosas que tienen que ver con el trabajo del muralista, la falta de seguridad, el hecho de no estar en ningún gremio nos hace vulnerables. Somos trabajadores, estamos en la calle y nos subimos a un andamio sin arneses, sólo porque nos mueve la pasión y las ganas de trabajar, sin tener en cuenta los peligros y las consecuencias. Nadie nos cuida, somos artistas pero somos trabajadores. A partir de esto fue la R de Revancha, de Resucitadas. Igual seguimos. A pesar de estar con el corset, vi un concurso de muralismo y le dije a mi compañera “¿Por qué no nos anotamos? Así fue que hicimos un boceto, con la sola idea de estar en contacto. Pensaba que ya no iba a poder hacer más murales, que no iba a poder caminar. Al otro día me llama Alejandra y me dice que la mordió un perro y que por dos meses tenía que estar en reposo. Igual lo hicimos como pudimos y finalmente ganamos el primer premio. El mural se llamó “Historia Nacional”. Se realizó en el año 2015 en la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Representa toda la historia argentina, desde la conquista a la actualidad. Y no abandonamos. El año pasado organizamos con Alejandra Zeme un encuentro de mujeres muralistas en Merlo. La temática fue la violencia de género. Fue la primera vez que nos juntamos todas las mujeres muralistas que estamos trabajando en la actualidad. Hablamos de la necesidad de hacer un grupo de mujeres muralistas. La idea es actuar en bloque apoyándonos unas a las otras. Lo llamamos Matrias, que es el femenino de Patria. Pero el año pasado fue muy complicado, todas las puertas se nos cerraron, los proyectos no salen, no hay presupuesto para la cultura.

Flores, plantas, ramas, se despliegan y entrelazan en la mayoría de tus obras al óleo. ¿Cuál es la razón de su presencia?

Conservo esta temática como idea. Con el correr del tiempo fui incorporándola cada vez más y hasta hay algunas obras en donde las plantas casi tapan a la figura, como que van invadiendo cada vez más mi obra. A partir de todo lo vivido fue que empecé a tomar verdadera conciencia de lo que significaban esas ramas que por momentos se mostraban secas y en otros momentos florecían. Creo que en toda mi obra circula la idea de florecer y marchitar. Trabajé la idea del tiempo y sus símbolos, así como con los ciclos de la vida, por eso me tatué una flor que florece y otra que marchita. Se ve que quiero ser consciente de todo lo vivido y de lo que en un momento puede sucederle a uno. No creo que haya que romper completamente con una estética y empezar otra distinta. Creo que la obra te va llevando a cambiar y a ir madurando plásticamente a partir del trabajo. No voy a proponer un cambio repentino sino que mis obras van mutando de a poco. Una me va llevando a la otra. Después de un tiempo cuando las comparo, me doy cuenta del movimiento y del proceso que produje.

“Soy muralista y a veces las mujeres tenemos que probar que podemos hacer todos los trabajos como hacer una mezcla con la pala.”

Abordás una multiplicidad de temas y técnicas: murales, óleos, mosaicos, cerámicos, poemas ilustrados, piezas intervenidas, ilustraciones de libros objetos, vitreaux, escultura. Esgrafiado, cemento directo, pintura al latex, dorado a la hoja, resina poliéster. ¿Qué técnica elegirías?

Lo que más hago es pintar al óleo, todo el tiempo, y para descansar sigo haciendo cosas plásticas pero con otras técnicas. Hacer murales y pintar sobre tela complementan mi hacer. Necesito las dos cosas, tener un lugar más íntimo de introspección donde surge lo que siento o deseo transmitir. En el mural importa siempre el otro. Es necesario compartir la mirada y el espacio de trabajo. La arquitectura forma parte del análisis. Creo que necesito todo, no elijo una u otra.

¿Qué lugar ocupa lo social cuando proyectas realizar un mural?

El muralismo para mí es educar a través de la imagen, poder transmitir un mensaje, estar en contacto con la gente. Al hacer un mural no sólo interactúas con el otro en el momento en que lo estás haciendo sino que la obra que queda sigue hablando e interpelando. El trabajo en los barrios es fundamental porque cambia la visión de la gente y sus conductas. En Moreno hicimos un mural en una esquina donde la gente tiraba basura. A partir de nuestra intervención dejaron de tirar basura, mejoraron las fachadas de sus casas, algunos siguieron con los mosaicos porque aprendieron de la técnica. El muralismo mejora la vida y contribuye a la participación. Por eso hoy nuestra actividad se descarta. Esto de contar historias con contenido, resaltar algún personaje o visibilizar problemáticas, ya no interesa. Se prefieren los grafitis o el arte urbano que tienen un sentido decorativo y que generalmente no confronta con la historia ni lo social.

En esto de jugarse por lo que importa, por lo que sentís y denunciás, ¿cómo te llevás con el mercado del arte?

Lo que a mí me gusta es estar en la calle, con la gente. Me cuesta pensar en museos o esto de exponer en galerías. No es que me desagrade, pero creo que es para un grupo reducido, para los que tienen posibilidades. Me gusta lo popular. Por eso expongo en centros culturales, en lugares municipales, en centros de salud. O sea en lugares que pueda vincular con lo social. Este es el camino más fuerte, el preferido por mí. La gente que me compra obra es porque las ve en internet. Son obras con temática fuerte, sin embargo se venden. No aceptaría, como alguna vez me pasó, tener que cambiar la temática para que la obra se venda. Sería como vender mi alma. El trabajo tiene que fluir por los caminos que uno ha elegido. Esto que hago es mi vida y lo que disfruto. Lo quiero hacer de la mejor manera.

 

“Esas manos que aprietan los cuerpos remiten a violencia de género.”