Por: *Natalio Pochak

lustración: Lucy Fleming

En la entrevista realizada a Mercedes Mayol Lasalle, ella afirma que:

Esta ciudadanía de la infancia es muy difícil de verla. ¿Por qué? Porque hay algo que la Convención también habla y es sobre la “autonomía progresiva” del niño. Hay una cuestión absolutamente real, el niño va cambiando, evolucionando, después veremos cómo va desarrollándose en libertad y autonomía. Al comienzo esa autonomía es heteronomía, pero hay que analizar hasta dónde. Lo mismo sucede con el tema de los derechos políticos de los niños que tiene que ver con la participación. A veces esta idea de participación de los niños pequeños de ser escuchados, está regulado con esta idea de la autonomía progresiva. Entonces no se escucha bien lo que dice la infancia”.

Simplemente… ¡Excelente!

La infancia es un actor social activo y requiere que toda la sociedad respete, defienda y fortalezca su derecho a desarrollarse, siendo la autonomía, la libertad y la comunicación organizadores del desarrollo infantil.

Pensemos en esa primera infancia, la de los primeros 36 meses de vida. Pensemos en el potencial de su desarrollo para vivir en el mundo que lo rodea. Pensemos en todo lo que conseguimos en esos primeros momentos.

Los adultos somos los que tenemos la responsabilidad de generar las condiciones de existencia pero no la existencia… A nosotros, los adultos, es a quienes va dirigida la cita.

Bienvenidos y bienvenidas al problema y a la solución.

Hace un poco menos de 30 años, la escritora Graciela Montes enunció en un pequeño libro llamado El corral de la infancia que “El corral protege del lobo, ya se sabe; pero también encierra”.

¿A quién define como el lobo? …No importa. Siempre puede haber un lobo amenazante. Por eso esta brillante escritora profundiza aun más y afirma:

La razón está, me parece, en que el adulto no quiere renunciar al método del corral, que le resulta tan eficaz y que le facilita tanto la tutela sobre los niños”.

La noción de autonomía progresiva se relaciona con el concepto del corral. Ambas pretenden proteger, encierran, son representadas a imagen y semejanza de los adultos que sentenciamos lo que puede y no puede: El límite.

Los adultos…

¿Conocemos nuestros límites? ¿Sabemos lo que podemos y no podemos hacer sobre la infancia? ¿Reconocemos, acaso, que ya no somos su tutela sino que son Sujeto de derechos?

Los niños y las niñas no reconocen sus derechos, no pueden representarse a sí mismos. No pueden salirse de la necesidad de contar con adultos que favorezcan integralmente su desarrollo.

Siempre seremos los adultos quienes debemos encargarnos que los derechos de la infancia se respeten, se defiendan y se fortalezcan, generando un proceso de autonomía, en el que habite el diálogo tónico, verbal y corporal en un clima de respeto y libertad. Y por supuesto, con las condiciones materiales necesarias para la subsistencia, el crecimiento y el desarrollo.

Todo eso junto se genera de una sola forma: con Políticas Públicas destinadas a la infancia.

“La lluvia es solo agua”, dijo la mamá riendo. “Sí”´, dijo Marina. “Hay que publicarlo en todos los diarios”. (Laura Devetach en “Marina y la lluvia”).

*Docente de Nivel Inicial.