Por Mónica Puertas

Fotografía Majo Grenni

Soñé que me acosaba Iñigo Errejón. Si se te dibujó una sonrisita en la cara, tomá nota: el patriarcado acaba de darte un cachetazo. No importa si sos hombre o mujer. No importa si sos trans. Si sos feminista o no feminista. Si sos progre o conservador. Quizás debo repetirlo: soñé que me ACOSABA alguien a quien admiro profundamente. Hablo de acoso. Acoso. Por si no quedó claro.

En el sueño todos se reían. Hasta festejaban. Eran todos compañeros de la Facultad de Ciencias Sociales, supuestamente deconstruidos o en camino de serlo. Presuntamente desmachirulizados. Pero no. Se reían todos a la vez mientras yo pedía ayuda. Estaban todos trabajando en unos puestos jipis en una feria de algo que no recuerdo. Lo que quiso decirme esa imagen, creo, es que, a través del inconsciente, esperaba que alguien pudiera entenderme y ayudarme. Es cierto, también puede estar hablando de mis propios prejuicios y de los estereotipos. Pero nadie me ayudaba. Yo hablaba con Iñigo delante de esos puestos de la feria y en mi cara estaba dibujada la felicidad. Probablemente porque hablábamos de política. Pero el político español se confundía y entendía que toda esa admiración que me salía por los poros era un guiño para que avanzara sobre mí. De repente me apoyaba. Literalmente. Y con una fuerza descomunal me llevaba hacia algún rincón oscuro. Todos y todas nos veían y lo vitoreaban. Me acuerdo de la desesperación que sentía y de la impotencia de ver a decenas de compañeras y compañeros reírse y gritar eufóricos. Esos mismos que, probablemente, hayan estado en esas plazas del #NiUnaMenos, del aborto legal, seguro y gratuito. Logré zafarme y volví. Sólo para decirles, reprocharles a todos los que no acudieron en mi ayuda.

Tengo que decir que yo también me reía nerviosa en el sueño. El patriarcado no deja de ser una mano que agarra fuerte y que, uniendo todas nuestras fuerzas logramos, a lo sumo, levantar un dedo mientras los otros cuatro aprietan más fuerte que nunca. Por eso es importante que lo intentemos todos y todas a la vez.

La periodista del espectáculo Pía Shaw se rió. Probablemente con esa misma risita incómoda y angustiosa que yo me reí mientras uno de los líderes de Podemos me apoyaba. Sin embargo, Pía en un tuit justificó al impresentable de Mariano Iúdica diciendo que el beso que le dio sin su consentimiento era parte de una gracia pautada con la producción del programa. No Pía. No des ese mensaje por favor. No es No.

Millones de mujeres estamos en la tarea titánica de deconstruir al patriarcado como hecho social. O sea, como esas formas de pensar, sentir y actuar que son exteriores al individuo y hacen una presión sobre él (o ella, claro). Así lo describió el sociólogo Emile Durkheim. Para sentir ese hecho social el lector puede recordar la sonrisa que se le dibujó al principio de esta nota y ver cómo uno mismo naturaliza el acoso en muchos casos cuando no debería pasar en ninguno. Se naturaliza que por el sólo hecho de ser famosos, políticos, conductores de televisión, jefes, etc. puedan arrogarse el derecho a que avancen sobre nuestros cuerpos.

Nosotras seguimos diciendo no. Porque no es no.

Hoy a las 17 hs. En la plaza le vamos a plantar cara al patriarcado una vez más.

Seguimos en la lucha.

#NiUnaMenos