Escribe: Julián Andreu

La Argentina se fue del mundial casi como llegó: sin dejar nada, con un carácter apático y desganado. El fútbol argentino refleja la realidad de una forma de gobernar. Nadie puede negar que la intervención furiosa de la Casa Rosada sobre el deporte más popular del país no tuvo y no tiene consecuencias: están las imágenes de Angelici dando vueltas por la concentración de la Selección, y nadie puede negar la relación íntima de este oscuro dirigente con Mauricio Macri, que es personal, de negocios y negociados. Por todo esto y por otras cosas el avión ya no es el ganador, ese que los llevó a Rusia, el de los Rolling Stones. Este que los trae es el perdedor. Aterrizará con otra ilusión de muchos destrozada. Mala noticia para el mejor equipo de los últimos 50 años, que ya juega con suplentes.

El 20 de junio, Día de la Bandera, se anunciaba el gran acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y, además, el país pasaba a ser “emergente” para los mercados financieros. Solo pasaron 11 días y otra vez la crisis que muestra que lo peor no pasó, sino que está por venir.

Según un editorialista estrella, muy oficialista otrora, hoy más corrido (claro, no se quiere quemar con el fuego amigo), escribe que la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, llevó una carpetita a la reunión de gabinete ampliada. Esa carpeta contenía un plan de contingencia para el semestre que viene, que ya no será un buen semestre, eso que tanto esperaron algunos ilusos y que nunca llegó. Por el contrario, este que viene es duro y habrá mucha más gente pasando hambre.

Apenas pasaron 11 días del cierre con el FMI y ya se devoraron las mieses de ese acuerdo, las que ellos nos dijeron que vendrían. Pero la historia muestra que esos acuerdos trajeron siempre, pero siempre, ajuste y más ajuste.

Lagarde (FMI) y Macri (Macri)

Lo que viene será muy pesado para las espaldas de todos, por eso Macri supone que los gobernadores, intendentes y legisladores peronistas tomarán su parte de ese plan de ajuste para sacarle responsabilidad política al Ejecutivo. Pero nadie se entierra con el muerto; hasta la puerta del cementerio se llega, a veces.

Cuando el gobierno de De la Rua languidecía implementó un plan económico de ajuste, con el peso del Megacanje y del Blindaje, con dos acuerdos similares al actual, efectivizando la baja de los salarios a estatales y jubilados, atrapando los ahorros de una clase media, hasta ese momento ajena. Todo se ve muy parecido a esta película de la que somos protagonistas – algunos por segunda vez- casi una remake. Pero para otros esto es un estreno. El final es el mismo, nada cambia. Cuando todo eso acontecía y ya estaba solo, De la Rua ensayó un pedido de ayuda al peronismo, un posible cogobierno. La respuesta del peronismo fue “hay cogobierno sin la gente en la Plaza”. Se referían a la Plaza de Mayo. Era ya 19 de diciembre a la noche. El radical -que casi siempre nada entiende- suponía que la represión era la forma de dejar liberada la plaza y las calles. El resultado fue de 38 muertos. La respuesta fue “esa no era la forma” y el helicóptero fue la salida. Estos datos los pueden leer en el libro “El palacio y la calle”, de Miguel Bonasso .

Estoy absolutamente de acuerdo con la premisa “los escenarios no se repiten”. No habrá otro 2001, pero si habrá consecuencias similares. Es más, peores.

Si al establishment no le sirve Macri, le soltarán la mano y buscarán otro. Se está empezando a mostrar esta situación que, a este ritmo de aumentos generalizados de precios, la crisis se agudizará y los ritmos se acelerarán, y las respuestas del gobierno serán siempre las mismas. Lo peor siempre recaerá sobre los más vulnerables y una minoría se seguirá favoreciendo.

Esas respuestas espasmódicas son cada vez de más corto plazo, pero dejan mella. Las internas dentro del elenco de Cambiemos son cada vez más notorias, al punto de tener que resignar hombres muy cercanos al propio presidente, como era el ex ministro de la producción Francisco Cabrera. Hay un núcleo encabezado por María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta que va por la cabeza de Marcos Peña. No será fácil esa presa, pero se agudizará la interna y nada es gratis.

Crisis económica y una incipiente crisis política anuncian tiempos difíciles. Insisto: las respuestas cada vez son menos efectivas. El modelo comunicacional, que tantos beneficios les brindó hasta darle la victoria en el 2015, ya está perdiendo la efectividad. La realidad empieza a ser implacable en los bolsillos de casi todos, de una mayoría. Las representaciones gremiales ya no tienen la capacidad de quedarse “tranquilas”: sus bases aprietan.

Moyano mostró el camino, ¿el paro general será la primera muestra de una resistencia que empieza a despertarse definitivamente?

La crisis va adelante como ayer Mbappe y el gobierno atrás como Rojo. Están casi a punto de entrar al área. Sólo falta saber si en esta jugada habrá penal. La diferencia es que este partido está casi terminado. Sólo le quedan unos minutos. Y el mejor equipo que suponía tener -no Sampaoli, sino Mauricio Macri- se quedó sin respuesta. ¿Llegarán al minuto 90 o dejarán la cancha antes? Ese minuto 90, ese 2019, está muy lejos y el aliento es cada vez más corto.

Aliento corto