Escribe: Silvana Jáuregui

Fotos: Angel Saud

El barrio de San Telmo está soleado y predispone la imaginación. Graciela Genovés es profesora y licenciada en Artes Plásticas de la Universidad de la Plata. El taller de Graciela se despliega en su terraza, entre pájaros, árboles y arbustos. Es un lugar donde el color es protagonista. Naranjas, amarillos, verdes y azules remiten a sensaciones olvidadas. Graciela gesticula como si con su movimiento creara trazos pictóricos. Su espacio abre francamente a la intimidad. Los colores se superponen y avanzan hacia la superficie del lienzo, resolviendo la delicada tensión en la deja fluir su obra.

¿Hubo algún hecho que te hizo elegir el camino del arte?

Toda mi secundaria transcurrió en plena dictadura, así que primero pensé en estudiar medicina o psiquiatría, no en función de mis deseos sino porque era lo menos peligrosa. En la mitad de la carrera empecé a tropezar, indudablemente no era para mí. Había empezado a pintar y me daba cuenta que cuando pintaba me sentía entera, no estaba disociada, no estaba pensando en lo que iba a hacer después. Eso de estar entera, totalmente presente, era algo muy placentero. A partir de ahí empecé a ir a un taller de pintura con Ana Larrasquechóo, profesora egresada de Bellas Artes de la Plata. Decidí dejar medicina y dedicarme enteramente a la pintura.

Tuviste también a Osvaldo Attila como maestro. Contanos cómo fue esa experiencia.

Cuando entré a la Facultad de Bellas Artes de la Plata fue maravilloso. Convivíamos con todas las disciplinas del arte, los que estudiaban música tocaban sus instrumentos, cantaban en los pasillos. Pero las cátedras de plástica habían sido diezmadas de buenos profesores. Estabas a la deriva, te ponían un modelo y nadie te guiaba. Pensaba si era sólo una cuestión de práctica o si tal vez había un lenguaje para aprender. En la mitad de segundo año de la carrera me di cuenta de que había un lenguaje y que ese lenguaje se podía transmitir. Recién pasados unos cuantos meses me encontré con Attila, él fue quien me enseñó la base del lenguaje y a pensar plásticamente. Hizo hincapié en el contraste de valor y una parte de los contrastes de color, como la temperatura. Me introdujo en las paletas de complementarios, paletas reducidas, específicas para ver colores cálidos y fríos. Él era dibujante, por lo que en cuestiones de color tuve la necesidad de buscar y continuar sola ese camino.

¿Cómo fue esa búsqueda?

El color fue muy importante para mí y lo sigue siendo. Es lo que más me apasiona de la pintura. Me siento como una abejita que va buscando y observando de color en color. No encontraba a nadie que me pudiera enseñar lo que yo quería hacer. Me gustaba la pintura de Pierre Bonnard, de Matisse. Quería pintar con ese volumen de color, con esa intensidad. La sensación era como subir a un Fórmula 1. Apretaba el acelerador y ya estaba a 300 km/h, me iba de pista. Es decir, se me iba el cuadro, no podía manejar el nivel de intensidad que yo quería. Entonces estudié y analicé a Bonnard, medía de sus reproducciones la cantidad de azul, de rojos, de naranjas, tratando de desarmar cómo había hecho esa estructura. Me preguntaba cómo lograba que todo permaneciera en una unidad. En esta búsqueda recordaba conceptos de Attila cuando nos decía: “La línea no existe, es un invento de los seres humanos. En la naturaleza no hay línea”. También que “el rojo no era rojo”, nos hizo entender que era un tema de relación. Lo que en un cuadro se ve como rojo, no necesariamente fue hecho con rojo, puede estar hecho con violeta, con naranja, con otros colores que por la relación se ven rojo. Otra, que hoy no comparto: “la saturación siempre está adelante, o sea que lo más intenso del color siempre está adelante, nunca está atrás”. Cuando empecé a trabajar, discutía con Attila sin que él estuviera presente. Discutía cada una de esas frases. Fueron frases tan categóricas que generaron en mí el desafío de descubrir si eran verdaderas o no.

 En tu obra hay vistas que parecen aéreas. ¿Qué define la superposición de planos y contrastes?

Tiene bastante que ver con el trabajo del color, porque los colores intensos avanzan hacia la superficie de la pintura, lo que es contradictorio con una representación del espacio en profundidad. Si uno piensa en Leonardo Da Vinci y en todos los renacentistas que usaron la perspectiva clásica, esa paleta era también claroscura y era coherente con esa profundidad. En cambio, cuando el color está puesto así de una manera tan intensa avanza y reside más en la superficie. Es necesario generar planos que sean más bien paralelos a la superficie para no ser contradictorio con ese color. También uno cuando empieza a dibujar, a pintar quiere representar por ejemplo un retrato, una taza, una mesa y quiere que le salga parecido. Pero cuando uno va avanzando empieza a entender que toda pintura, por más que represente cosas simples, es al mismo tiempo abstracta. Es decir, hay un punto en que se están jugando colores y formas más allá de lo que vemos como objetos o figuras. Cuando empezás a entender esto, te apasionás por ese juego más abstracto, que es lo que se ve en los planos.

¿Esta experiencia se puede transmitir a los alumnos?

Siento que Attila me dio herramientas para pensar y eso es lo que yo intento hacer con mis alumnos. Lo que hice fue sistematizar los trabajos que fui haciendo para entender el color. Entonces tengo ejercicios para cada uno de los contrastes de color. En la Escuela Superior de Bellas Artes Manuel Belgrano dicto la materia Pintura V, que es troncal y del último año. Los que llegan a mi cátedra son alumnos que ya hicieron cuatro años de profesorado, son profesores de escuela secundaria y con el quinto año serían de nivel terciario. Tienen bastante experiencia y muchos tienen ganas de aprender cosas nuevas. Con ellos voy transitando los distintos aspectos del color. Primero de una manera separada, porque es muy complejo analizar el color en bloque. Lo analizamos en partes y después lo volvemos a juntar. En la segunda mitad del año trato de que ellos mismos generen sus propios proyectos y en esa tarea los acompaño. La idea es proponer y darles herramientas para que ellos mismos puedan descubrir. También doy clases en mi taller y ahí he tenido personas con serios problemas psiquiátricos. Recuerdo una alumna con esquizofrenia. Pensé que nunca iba a poder aprender porque siempre hacía lo mismo. Trabajaba trazos pequeños y no podía expandirlos en la hoja. Después de muchos meses logró hacer que su dibujo fuera grande. Fue muy emocionante para mí. Pensé que para algunas personas el proceso es mucho más lento y eso no significa que no se pueda avanzar igual.

¿Se puede enseñar el arte?

Se puede enseñar el lenguaje. El arte tiene que tener lenguaje. Luego hay otros ingredientes que nadie sabe muy bien de dónde salen. Cómo es que con el óleo y la trementina uno puede llegar a mezclar una emoción o una idea. Es un misterio.

Tu obra incursiona desde lo temático sobre objetos cotidianos y mujeres de gran intensidad, reflexivas. ¿Buscás transmitir alguna idea sobre cuestiones de género?

No, en general no quiero transmitir nada. Miro que va saliendo y sobre todo trato de no juzgar lo que va saliendo. No pretendo que la pintura sea una herramienta para cambiar nada, así directamente. Para mí la pintura de los otros, la que ya está pintada, es algo que enriquece mi vida, la hace más apasionante, me consuela y me acompaña. Igual que los libros. Son como amigos incondicionales. Esto es lo que yo valoro de la pintura, no tanto si tiene un mensaje. El mensaje no es tan explícito para mí. Si yo lo pudiera decir no lo pintaría. Ante tu pregunta de género, lo que te puedo decir es que yo nunca me sentí diferente por ser mujer. Yo dialogo con Bonnard, con Rembrandt. También con los argentinos Miguel Diómede, Raúl Russo o Fortunato Lacámera. Dialogo con ellos a través de sus pinturas y no pienso que yo soy mujer y ellos son hombres. Nunca sentí que hubiera límites en mi trabajo por el hecho de ser mujer. Si el límite está puesto desde afuera, a mí no me afecta.

¿Cómo ves al arte que hace eje en lo político?

Me parece que todo arte es respetable y que todo arte es político. Me parece muy interesante que exista un arte que hace eje en lo político, pero me conmueve mucho más la obra que tiene un componente plástico rico, como la obra de Marcia Schwartz. También me pasa lo mismo con el arte conceptual, que en general me resulta bastante umbrío porque como pensamiento, como idea o como concepto me parece que no se desarrolla ya que el propio medio que es la imagen no le permite mucho desarrollo. No es lo mismo que una palabra, un discurso o un ensayo. Y también desde un punto de vista plástico me parece que se empobrece.

¿Y qué decir del arte contemporáneo? ¿Existe?

Arte contemporáneo es todo lo que se está haciendo ahora. También es una decisión política y económica, muchas veces, levantar cierto tipo de expresiones en detrimento de otras. Hoy en día, todo lo que hablamos sobre el lenguaje, los contrastes de color o sobre el dibujo, en lugares como ArteBA son anacrónicos, obsoletos y no tienen ningún sentido. Te digo más: piensan que se tendría que dejar de hacer. A mí me parece que son herramientas de libertad. Cuando uno conoce un lenguaje tiene la posibilidad de expresarse, de dar su mirada sobre el mundo. Por eso para mí enseñar es dar a los alumnos herramientas de libertad.

Hablar de libertad me hace pensar en este momento político en que los profesorados están en peligro.

En general todos los institutos de formación docente están en contra del proyecto de ley presentado por el macrismo en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, que propone la creación de la UniCABA. Sería una institución que nuclearía a los 29 institutos de formación docente, muchos de los cuales tienen más de cien años de trabajo. Es un proyecto totalmente inconsulto. Se dice que la UniCABA funcionaría en los mismos edificios y con los mismos docentes. No se entiende bien dónde va a estar la mejora. La UniCABA tendría nivel universitario, pero seguiría dependiendo del Ministerio de Educación, sin autonomía como las universidades nacionales. Hay mucha incógnita. El proyecto tiene una carilla y media y el fundamento creo tiene otra hoja más o dos. Hay mucho que no se dice y eso genera miedo, incertidumbre, se piensa que hay una intención de reducir.

¿Cuál es tu visión sobre el arte latinoamericano?

En América Latina siempre estuvimos en una posición bastante dependiente, salvo en el momento del boom latinoamericano donde fuimos mucho mas protagonistas. Esto no tiene que ver con la calidad de los pintores o los escritores, sino que tiene que ver con una cuestión más política. Pensemos en el expresionismo abstracto norteamericano: surge con la Segunda Guerra, justo cuando Nueva York empieza a transformarse en el centro cultural mundial. Deja de serlo París y se traslada a Nueva York. No es casual que este movimiento haya tenido la llegada mundial que tuvo. Hubo un Estado atrás que lo sostuvo y lo impulsó. Esto no sucede en los países latinoamericanos, donde son otras las urgencias y necesidades. Si hay algún apoyo está puesto en el arte contemporáneo “entre comillas”, que es lo que está más visible. Así que las personas que estamos trabajando en el lenguaje, sin echar por la borda todo lo que se pintó antes y tratando de mantener esta tradición de la pintura, estamos bastante huérfanos. Conozco bastante la pintura uruguaya, un poco la pintura de Brasil, pero conozco muy poco la pintura de los demás países. Hay pintores que en sus propios países son muy importantes como aquí lo son Russo o Noé, y no nos llega ese saber. Esto es muy difícil de modificar, tiene que ver con la dependencia, deberíamos cambiar nuestra manera de mirar.

¿Cuáles son los sentimientos que te invaden cuando producís en el taller?

Subo al taller, me pongo música. A veces, como tomo clases de canto, vocalizo. Eso me ayuda a concentrarme. Ingreso en una especie de burbuja donde todo empieza a fluir. Claro que a veces no me pasa. Cuando sucede, empiezo a pintar y una cosa me lleva a la otra. A veces fluye, otras hay mucha lucha porque no tengo claro qué quiero hacer o tengo una pintura a medio hacer y no sé por dónde empezar. Muchas veces repinto pinturas ya hechas y eso me resulta muy interesante, porque cuando la tela está blanca es demasiado ordenado para mí. Me gusta mucho más que haya caos. Tiro color, a veces pongo la pintura sobre el piso para generar una obra distinta, aunque aún esté amorfa o caótica, es un camino que me enriquece. En ese momento suceden cosas muy delicadas. Hay que generar una tensión que fluya.

“El color es lo que más me apasiona de la pintura.”

“Los colores intensos avanzan hacia la superficie de la pintura, lo que es contradictorio con una representación del espacio en profundidad.”