Por Julián Andreu

Ilustración Maite Larumbe

Voy por la metáfora del timón de un barco. Éste también navega por la tormenta que tanto nombra Macri. La diferencia notoria es que este navío no sigue un rumbo como el de la economía de la Casa Rosada, el cual también se podría analizar si lo mantiene, pero es para otra editorial. Éste acaba de pegar un timonazo a babor del que venía manteniendo durante el año.

Desde el mismo momento que asume Cambiemos el gobierno, la estrategia a llevar adelante fue la confrontación continua en el tiempo y permanente en el centro de la escena política. Usufructuado por medios masivos acólitos del gobierno, está claro que el plan que diseñó Durán Barba sirvió y pudo tapar de manera consistente una realidad, que desde la primera devaluación que tanto castigó a la mayoría de los argentinos además logró llevarse un triunfo en las elecciones de medio término en 2017. Todo a pesar de que el plan económico ya castigaba duro a sectores vulnerables y había empezado a horadar parte de los bolsillos de sectores medios con tarifazos en servicios públicos, en transporte, en nafta, en alimentos, etc.

Una vez pasadas las elecciones de octubre de 2017, con un triunfo que los envalentonó, empezaron a apretar el acelerador y de manera abrupta presentaron reformas. La primera en ver la luz fue la reforma previsional en diciembre aunque, por falta de quórum, no pudo ser tratada. La represión ganó la calle frente a las protestas contra una fórmula que perjudicaba a los jubilados en varios puntos porcentuales. Finalmente se aprobó la ley semanas después.

En la sucesión de medidas, se votó un presupuesto fantasioso con un 10% de pauta de inflación. Pasada la madrugada del 28 de diciembre, esa misma mañana, a horas de haber votado el presupuesto, el equipo económico cambió esa pauta y la llevó al 15% y todo sin despeinarse.

La primera reacción del “mercado” a esta desprolijidad fue que el dólar tomó el protagonismo. Ya había tenido una corrida desde noviembre de 2017 pero el verano no sólo subió la temperatura del clima, también subió la temperatura cambiaria y esto no paró: se agudizó en abril y mas aún en mayo. El recurso del gobierno para salir de esta  ”tormenta” fue ir a pedir la escupidera al FMI, logrando así un acuerdo Stand By. Ni así y con tasas volando se pudo frenar la sangría de dólares al exterior: más de 16.000 millones de dólares se fueron en el primer semestre de 2018.

Timón a babor

Cambiemos la estrategia

El castigo a los estratos medios -ni hablar de los bajos- es implacable, como es implacable la caída de la imagen del gobierno en general, y de Macri en particular. La economía claramente le ganó al relato macrista duranbarbista. Hay que cambiar la estrategia.

La consecuencia de este “tormentón”, como lo describió el presidente, es que las figuras opositoras empiezan a subir sus números en las encuestas. La contrincante permanente, que tanto le gustaba al gobierno poner en el escenario para confrontar, empieza a ser un problema. Ya la pelea es por lo menos un empate. El deterioro seguirá con prisa y sin pausa. La caída de la imagen del gobierno seguirá; hay que ponerle fin a esta etapa y cambiar de estrategia.

Vuelven a las operaciones judiciales y quién mejor que Bonadío en yunta con el ex empleado de Macri en Boca, el fiscal Carlos Stornelli, y esta vez con una opereta ya usada: cuadernos con anotaciones precisas, bien escritas en lo gramatical, con la puntuación casi perfecta, que hablan de viajes con bolsos y dólares, de reuniones. Anotaciones de un chofer, que incluyen reuniones  de funcionarios -inclusive de la ex presidenta con sus ministros-; anotaciones de un chofer que no deja de ser un instrumento a usar y tirar (póngale usted mismo el nombre). Con sólo esos cuadernitos Gloria se cargaron a ex funcionarios y empresarios, que ya están detenidos.

Ahora van, claramente, por la cabeza de Cristina Fernández de Kirchner, que es senadora y tiene -o tendría- fueros. Parece que los números en las encuestas, que llegan a Balcarce 50, generaron miedo y desde el FMI habrían recomendado “no volver al populismo”. El mismo Mauricio Macri dijo en un acto: “somos la única opción”. Entonces ya no es cómodo poner a la ex presidenta en el escenario. Acá juega mucho una gran frase de Perón: “no es que nosotros somos muy buenos, es que ellos son muy malos”.

Hoy seguro le pedirán a Cristina el desafuero y la detención, pero esta vez el apriete de pinzas es doble, fueron también por el que tendría la llave para una posible detención de la ex presidenta: el jefe del bloque del PJ en la cámara de senadores, Miguel Angel Pichetto. Parece que le llegó la carpeta, tiene tapa roja y es muy difícil obviarla.