Por Carolina Iannuzzi (*)

Ficciones carcelarias

Hay algo a lo que solemos estar atentas las personas que escribimos ficción. Cuando algo pega (en en sentido del éxito, entendiendo “éxito” como un gran volumen de espectadorxs), ¿por qué pega?

A veces la pegan series mediocres que manejan muy bien el suspenso.

A veces la pegan series que coinciden con el momento exacto en el que nace una nostalgia. Entonces le cuento a mis amigas que cuando salió el disco “Aries” justo estaba en sexto grado y bailé mi primer lento en una matineé con “No sé tú” sonando de fondo, y terminamos 5 mujeres adultas en pleno 2018 haciendo la coreografía de “Será que no me amas”.

A veces la pegan fórmulas tentadoras, de distopías con monstruos que comen cerebros o accidentes aéreos en donde una sociedad se tiene que organizar desde cero en una isla (versiones gringas de “El Eternauta”, digamos).

Cada vez menos, lamentablemente, la pegan comedias matemáticas con personajes que sólo sirven con un otro (no sacaría a ningún personaje principal de Friends, ni Grace sería nada sin Frankie y viceversa). Digo “lamentablemente” porque hay algo hermoso en la lógica colectiva. Niles era gracioso por Cecé Babbcock, Cecé hacía gracioso a Niles. Y me gusta pensar que todxs somos un poco así, que si somos buena gente es porque hay quienes nos hacen buena gente; que ante una sociedad que nos oprime nos volvemos vikingas.

Escena de “El Marginal”

Me rehúso a ver ficción sobre cárceles. Cada vez que no lo puedo evitar, rezongo y pataleo y me enojo y las dejo antes de terminarlas.

La ficción carcelaria nos llenó de brazos que cuelgan de una reja horizontal, de un hombre al que no le vemos el rostro, pero sí nos deja ver cómo choca con su mano una taza de metal un barrote tras otro. El espejito que le hace señas a la celda de al lado, el despojado a medio sentar-medio acostar, tocando la armónica en una litera.

Trabajo como coordinadora de teatro en cárceles desde hace más de 10 años. Publiqué un libro que se llama “Crónicas Tumberas” y hago un monólogo de humor que se llama “Evita Tumbera”, que se trata (o intento que se trate) de historias que la ficción no nos dice sobre la cárcel.

Nos pasa a muchxs de lxs que caminamos los pasillos de los penales todas las semanas, que sentimos que la mirada de quienes ponen en escena esas ficciones son injustas. Como dramaturga no pretendo que una tira diaria tenga la lógica de un documental, pero hay quienes trabajamos duro (especialmente las personas privadas de su libertad) para que el “afuera” deje de pensar eso del “adentro”. Por eso es injusto.

Vi un par de episodios de “Vis a vis” y me puse contenta de que varias escenas transcurrían en una huerta.

Y con esto no quiero decir que las cárceles no sean violentas, sanguinarias, caducas y que no sirven tal como son. Lo que digo es que es piantavotos. Si nos consideramos responsables como artistas, hacer una escena de violación en un pabellón hoy en día… Es piantavotos.

El Marginal dice más de lo que se ve.

¿La convivencia carcelaria es difícil? Por lo que me cuentan sí. La convivencia familiar también lo es. ¿Es lo mismo? No, claro que no. Pero en cualquier marco hostil sale lo peor de nosotrxs.

Pienso en “La Leona” y lo bien que narraron la historia de lxs trabajadorxs de una fábrica tomada y me pregunto ¿por qué con las cárceles no pueden ser así de justos? Si los actores y las actrices privadas de su libertad demuestran en mi taller que pueden trabajar ficción como cualquier persona del medio libre, ¿por qué el medio libre no puede hacer lo mismo con ellxs?

Como dramaturga puedo entender que si tu ficción está en su momento más taquillero, estires la historia, metas escenas de relleno, te vayas por la colectora de los personajes secundarios. Entiendo que tengas que trabajar. Lo que no logro entender es qué quieren contar cuando eligen un tema tan turbio del que demuestran una y otra vez lo poco que conocen. Pienso en Pedro Saborido y en Diego Capusotto y la musicalidad con la que logran hacernos reír exacerbando realidades crueles.

Hace poco vi “El cuento de la criada” por recomendación de varias amigas. Me encantó. No es realista, pero creo que mínimamente cualquier mujer argentina puede entender en qué situaciones nos encontramos cotidianamente siendo June, Janine, Emily o Moira. Siendo las Marthas que cocinan la comida que no van a poder comer y limpiando las casas que no pueden habitar con libertad. Tía Lydia me hace acordar a la partera que asistió el nacimiento de mi hijo, que durante las peores contracciones me dijo: “¿Vos te creés que a los hijos es tan fácil tenerlos como hacerlos?”

Entiendo, la autora eligió la ciencia ficción y no el realismo. Pero me pregunto, ¿por qué encuentro a la ciencia ficción más realista que a la ficción que pretende ser realismo?

Opiniones de integrantes de la Compañía Teatral Los Maltechos (Devoto, Pabellón 50)

“No es lo mismo para la sociedad hoy en día (entendiendo “sociedad siempre como la población del medio libre) ver “Vikingos” que ver “El Marginal”. Se juega con el imaginario colectivo de lo que se cree que es la cárcel en el mismo momento en el que se está llevando a cabo la reforma del Código Penal que propone un fuerte endurecimiento de las penas. La sociedad está viviendo una época de inseguridad y naturalmente quiere seguridad. Una ficción que nos muestra como animales en vez de como seres humanos que están cumpliendo una condena alimenta a la opinión pública de la peor manera. Mi familia ve “El Marginal” y me llama después de cada episodio pidiéndome que me cuide, preguntándome si estoy bien, si me violaron o si me apuñalaron; y lo mismo le pasa a muchos de mis compañeros.”

Gustavo Dossantos, participante del taller de teatro y estudiante de psicología en el CUD.

“Nosotros nos cagamos de la risa… Porque lo vemos como una ficción y nada más, sabemos que la cárcel no es eso. Sí vemos que agarran situaciones que pasan cada tanto o que alguna vez se dice que pasaron (como lo de las empanadas de carne humana en Sierra Chica), pero la vida cotidiana en la cárcel no vendería una serie. Menos todavía un reality show. ¿Quién querría ver a Gustavo tomando mate?”

L., participante del taller de teatro y estudiante de Derecho en el CUD.

(*) Carolina Iannuzzi es actriz, dramaturga y coordina talleres de teatro en cárceles. Publicó el libro “Crónicas Tumberas” (Amante Pueblo Ediciones). Su monólogo de humor “Evita Tumbera” se presenta de manera itinerante en teatros y centros culturales. Contacto: FB Crónicas Tumberas / FB Carolina Iannuzzi; Instagram @EvitaTumbera; Twitter @ETumbera