Por *Beatriz Coria
Fotos Mariana Varela. Revista Cítrica. Cobertura Colaborativa #8A

Recuerdo del año 1989

Oigo a un muchacho gritar destempladamente, “Un médico!! Que venga un médicooo!!” ruidos y corridas, me asomo al pasillo de la guardia de obstetricia y lo veo acercarse con una chica en brazos, calculo de unos 22 años descompuesta, cara terrosa y sudorosa. La ginecóloga que me estaba dando el práctico en el Hospital Thompson, me hace el gesto para que les dé paso y ordena colocar a la chica en la camilla. Me susurra, “…la puta madre, es un Mondor.” Si, la miro bien y esa cara aceitunada es de libro, solo había que colocar el especulo para certificar el diagnóstico clínico que era evidente.

Yo estaba impactada, el muchacho, su novio, lloraba mientras la besaba y nosotras preparábamos todo para asistirla, logro convencerlo que nos deje trabajar y que espere afuera, que vamos cuidarla. Antes de salir, nos confirma, estaba embarazada y “perdió” el bebe.

La enfermera colocaba el suero con antibióticos y analgésicos, le pusimos mascarilla de oxígeno y la Dra. limpia los genitales con sangre amarronada e introduce el especulo, visualiza el cuello del útero y me dice, “Vení, mirá”. Aclaro que era mi primer día en ese servicio y si bien mi cursada de ginecología en el Hospital de Clínicas me había fogueado bastante, esta situación me abrumó. El cuello del útero estaba rojo, inflamado, con heridas sangrantes y pus. “Te pusiste una sonda? Una aguja de tejer? Que usaste?” Le preguntaba la Dra. mientras ordenaba a la enfermera llamar al cirujano. La chica temblaba pero colaboraba en lo que podía con el interrogatorio, volaba en fiebre. Usó una aguja de tejer, y si, las heridas eran compatibles.

El olor de la sangre fétida y las múltiples indicaciones que me daba la Dra. me pusieron tan nerviosa y angustiada que casi me desmayo, pero no podía desvanecerme, tenía que ir a terapia intensiva a ver si había cama para esta chica con shock séptico.

Cuando se realizan maniobras abortivas de forma clandestina, con ignorancia, sin pautas higiénicas, sin un ambiente sanitario, usando objetos diversos ( agujas de tejer, sondas vesicales, alambre enderezado de una percha, una pluma grande, etc.) o sustancias tóxicas y/o corrosivas (mezclas jabonosas con mercurio, plomo, permanganato de potasio, alcohol, Coca-Cola, herbicidas, alumbre, etc.) así como plantas (cabo de perejil, hiedra, ruda, azafrán, etc.), la muerte está asegurada y se produce a las pocas horas de la maniobra. La sobrevida es muy rara y siempre está relacionada con una pronta y efectiva atención médica. Los esfuerzos del equipo de salud para salvar a las mujeres con abortos sépticos son casi siempre en vano.

En este caso, la aguja de tejer, provocó heridas en el cuello uterino y perforación del fondo del ùtero con infección local que se generalizó rápidamente. La paciente presentaba dolor abdominal, fiebre intensa, sudoración, color aceitunado de su rostro, sangre fétida, dificultad para respirar y valores de laboratorio que demostraban insuficiencia renal. Al confirmarse luego en terapia los signos de coagulación diseminada intravascular, ya estaba configurado el Síndrome de Mondor, cuadro de falla séptica de todos los órganos y que es provocado por una bacteria, el Clostridium Perfringens habitante natural del intestino humano y sus cercanías.

Vanina, murió a las 16 horas de ingresar al hospital, de nada sirvió la cirugía de urgencia, ni las corridas luego en terapia intensiva.

Diagnóstico: Shock Séptico, nada más, no se hizo intervención policial, lo único que faltaba!…penalizar a una piba agónica! Shhh!

 *Médica Legista.