Por *María Garibaldi

Desde la idea del género se construyó la figura de la docente relacionada con el rol que el poder históricamente intenta imponer a la mujer: la madre. De esa manera la educadora trabaja por puro amor y vocación de ser, lejos está de ser considerada una trabajadora con derechos, una especialista de la educación, una profesional.

De hecho, históricamente relacionar un rol con otro afecto a todxs lxs trabajadores de la educación, haciéndoles creer a la comunidad que si no es por vocación no se debería ejercer, porque la vocación desaparece cuando se reclaman los derechos.

Vivimos en una época en la que urge seguir trabajando sobre la deconstrucción de pensamientos colonizados. Urge la acción docente más que nunca, por eso salimos a la calle a visibilizar la devastación del sistema educativo público y gratuito.

Empecé a estudiar mi carrera docente junto con mi tecnicatura en actuación, pensando simplemente en terminar una carrera completa. Estudiaba mientras aprendía y buscaba qué podría yo hacer con todo eso. Pero recién decidí ser docente cuando después de las tomas de las facultades en el ’93, logramos seguir estudiando. Ahí entendí que la educación pública es el principal instrumento de liberación del pueblo, o si se quiere, de opresión, y que desde adentro yo sería una divulgadora de esa liberación.

Que pelearía firmemente desde mi disciplina para que jamás me vean como a una madre, si como a una mujer de pleno pensamiento autónomo. Esos largos días de clases abiertas, marchas y noches compartidas con mis docentes adentro de la facultad me llevan a leer la frase “Docente marchando también está enseñando” como la única verdad sobre el rol de los educadores.

Jamás sometidxs, jamás calladxs, porque defender nuestros derechos es velar por los derechos del pueblo todo.

Mastrxs y profesorxes, como tantas veces en nuestro país marchamos. Hoy, con toda nuestra vocación.

* Actriz y docente. Miembro de Mujeres en Lucha de Mar Chiquita.