Por *Gustavo López

Además del título de una saga que ya lleva varios años de autos chocándose unos a otros, sirve para graficar el momento actual de nuestro país: todo es demasiado rápido y nos pone furiosos. La diferencia es que el gobierno de Macri logró lo imposible: hacer chocar entre sí los caballitos de una calesita.

Esta nota la escribo en momentos de coyunturas fugaces, con un dólar que sube sin parar, los salarios que se deprimen al ritmo del aumento de tarifas y combustibles y que se licúa vía inflación y miles de compatriotas que han perdido su trabajo, por la aplicación directa de un plan económico oligárquico. El país está en un tobogán y ya pasamos la mitad del trayecto, es decir, bajamos a mayor velocidad.

Lo habíamos advertido. El modelo económico implementado por Cambiemos consistía exclusivamente en una monumental transferencia de recursos de los asalariados y jubilados en favor de los grupos concentrados de la economía, con eje en los grandes exportadores, las mineras, los bancos y las empresas de servicios públicos. Por la quita de retenciones, devaluación salvaje, liberación de las restricciones cambiarias y aumento de tarifas, las ganancias de estos sectores fueron descomunales y la plata salió del bolsillo de los argentinos. El efecto elemental, además de la inflación descontrolada, es el de la pérdida del poder adquisitivo del salario, al día de hoy, para los jubilados, un 50% menos en dólares. A este panorama sombrío debemos sumarle los despidos, tanto del sector público -por su desmantelamiento-, como del privado, producto de la recesión y una deuda externa acelerada que la vamos a volver a pagar por generaciones.

El mandato que asumió Macri se resume en dos ejes: el de ganar muchísima plata entre sus grupos económicos y bajar los “costos laborales” y el de terminar con la aventura populista. Y para ello cuentan con la complicidad de los grandes medios y de un sector importante del Poder Judicial. Lamentablemente, también  contaron hasta ahora con la complicidad de varios sectores de la política, más entretenidos en destruir a Cristina y al modelo que representa, que preocupados por lo que todos sabíamos que iba a venir.

Sin los medios concentrados y sin Comodoro Py, el gobierno no se sostiene.

La persecución política a los opositores no reconoce comparación desde 1983 a esta parte. Desde que el pueblo argentino recuperó la democracia y explicitó el pacto democrático que fue el NUNCA MÁS, ningún gobierno se había atrevido a tanto. Encarcelando a los opositores sin condena y violentando el Debido Proceso, el juez natural y la garantía de defensa en juicio.

Han resquebrajado el orden democrático. Los que antes golpeaban la puerta de los cuarteles, ahora golpean la puerta de los juzgados. El plan es continental. Se inició con la destitución de Zelaya y su posterior proscripción en Honduras, siguió con Lugo en Paraguay, con métodos diferentes pero resultados similares. Después Dilma, Lula, Correa y lo pretenden con Cristina.

La metodología es la misma. Los grandes medios operando sobre la opinión pública denunciando corrupción. El poder judicial encarcelando sin sentencia y confirmando, por lo tanto, lo que los medios adelantaban.

Vinieron para eso, para terminar con los gobiernos populares y soberanos, que no sólo se plantaron ante el orden político establecido, sino que redistribuyeron la renta en favor de sus economías y su pueblo.

Pero por otro lado, también vinieron a destruir los procesos económicos industrialistas, que intentaban mejorar la producción y competir con tecnologías de punta en un mundo que no lo tolera. Los Macri o los Temer, son poleas de transmisión de un poder mucho más poderoso del que ellos por sí pueden representar. En la distribución internacional del trabajo pretenden una América Latina proveedora de recursos naturales y productos primarios, para que el gran capital siga haciendo sus negocios a costa de nuestra venas abiertas.

La pelea no terminó. Ellos la están dando y nosotros también.

La fabulosa marcha universitaria, la resistencia en cada conflicto por despidos o la ola verde imparable, son ejemplos de que la llama sigue muy encendida.

El campo popular tiene que hacer su parte, porque estamos frente al poder más concentrado que jamás hayamos enfrentado en  democracia. La conciencia, la movilización y la construcción colectiva nos darán las herramientas para triunfar. Construir de manera horizontal, de abajo hacia arriba y con la vista clavada en el futuro. Estamos en marcha.

*Presidente de Forja