Por Silvana Jáuregui
Fotos: Hamartia

Susana Munay en su taller

Susana Munay ama la filosofía y las artes visuales. Profundizó en las disciplinas de dibujo, pintura y escultura, caligrafía y libros de artista con profesores como Norberto Marcet, Eduardo Faradje, Carlos Moreyra, Silvia Cordero Vega y Juan Carlos Romero.“La vida quizás sea un impulso ciego de crecer y manifestarse en la multiplicidad de formas”, ha escrito Susana. En su obra se propone un compromiso por lo sentidos que le da a la palabra y a la subjetividad de los otros. En un proceso creativo que tiene mucho de juego, la textura, el color y la forma son las materias primas de una artista visual que usa lo textil, el collage, el dibujo y la pintura de acuerdo a la necesidad de la obra.

Taller de Susana Munay

¿Cómo empezaste a pintar?
Mi papá dibujaba muy bien, principalmente grafito y carbonilla. Murió cuando yo tenía tres años. Eso hizo que yo contemplara los dibujos que tenía de él durante toda mi vida. Era una forma de comunicarme con él, hasta que descubrí que en mi ADN tenía algo de eso. Empecé a dibujar desde muy chiquitita, incluso en la primaria me daban el pizarrón para las fechas patrias. Hacía letra gótica:“San Martín cruzando los Andes”. Nadie me incentivó para que eso creciera, pero una es esclava de lo que viene con una. Mi formación universitaria fue la filosofía, pero yo nací artista. En 1998 decidí que tenía que tomar un camino, y me dije: “¿De qué quiero vivir? Quiero vivir de lo que me da más placer”.Trabajé en escenografía también.

Lo filosófico está anclado con palabras que forman parte de tu obra. ¿Cómo conjugás estos sentidos?
No sería tanto lo filosófico, sino lo humano lo que trasunta en mi obra: el humano pensando y el humano preguntándose y el humano tratando de responder esas preguntas. Parto de una cosa como muy macro que es el universo. ¿Dónde estamos nosotros? La gran pregunta de la vida, la muerte. La física cuántica es algo que siempre me ha interesado mucho. Los universos paralelos. Hice una serie de obra textil que se llamó “Recuerdos de mi ADN”. Tiene que ver justamente con eso de pensar en mí y a la humanidad en sí, como una pequeña parte de algo que está en constante cambio y evolución. Siempre pienso que una sola célula que quede permitiría que todo vuelva a comenzar y, tal vez, mejorado. A veces les digo a mis alumnos que todo es factible de ser cambiado y mejorado desde la mirada de cada uno. Por ejemplo, tengo una serie con obras caladas: se proyectan en la pared porque muestran lo que está presente, que es y en sombra lo que aun no lo conocemos. La serie de textiles “Recuerdos de mi ADN” comenzó a gestarse hace dos años, porque sentí que el piso se me movía, que todo estaba muy mal. Pensé que tenía que recurrir a mis orígenes. Empecé a dibujar al estilo de mi papá, solamente en grafito, y también utilicé la costura, al estilo de mi mamá, que cosió toda la vida. La realidad política golpeó duramente nuestras vidas, por lo que tuve que recuperar momentos de la infancia, donde me sentiría mucho más protegida que ahora.

Hablando de lo que no conocemos, de lo que subyace, ¿qué evoca la serie sobre el agua y los peces?
Toda esa serie nace de la inundación de La Plata del año 2013. El primer dibujo que hice es un pez gordo que se lleva un pez puesto. Allí me remito a las personas que de alguna manera fueron responsables de que muriera tanta gente y en esas condiciones, y a los muertos de la dictadura del ‘76. Empecé a darme cuenta de que la figura del pez era bastante recurrente en mis dibujos –trabajo mucho con cuadernos de boceto– y no la había canalizado en alguna temática especial. A partir de este hecho trágico surgió la idea. Me di cuenta de lo que subyace, lo que está ahí presente y uno no ve. Como los peces. La serie se llama “Realidades sumergidas”: se relaciona con el sufrimiento del ser humano que muchas veces no miramos. Hay obras de esa serie que se llaman “Aguas muertas”, que representan lo que hizo la dictadura con la gente que murió ahogada, arrojada, tirada al río. Hay conceptos filosóficos vertidos sobre la inclusión como desecho, en la que pongo una tela donde se pescan los peces. Alrededor hay peces vivos, y los muertos están capturados allí en la tela. Lamentablemente, esto es lo que está ocurriendo. Las personas están incluidas, pero como desecho.

Tres conceptos definen y dan marco a tu obra: la textura, el color y la forma. ¿Cómo ubicarlos en tu obra?
Es como si fueran materias primas a tener en cuenta para volcar cuando elijo realizar una obra. Recurro al color, a la forma o a la textura como elemento fundante, depende de lo que necesite. Por eso hago mucha obra textil, pero tampoco me considero una artista textil. Pensarme como una artista visual es lo que más se acerca a mí, porque utilizo según lo que necesito.

Algunos te consideran artista abstracta y minimalista.
No me considero minimalista, más bien quisiera despojar un poco mi obra. Cada vez que termino una obra digo: “¿Por qué puse tantas cosas?”. Me falta mucho para poder llegar al minimalismo pensado como una síntesis, no como una corriente. Veo algunos artistas que con dos o tres elementos ya dijeron y realmente transmiten con eso. Yo a veces siento que es medio barroco lo que sale. Necesito sacar más.

¿Hubo algún maestro que haya marcado esta impronta?
Juan Carlos Romero fue quien me dio la libertad para crear. Buscaba que me diera herramientas complicadas para realizar lo que se llama libro de artista y recuerdo que me dijo: “¿Vos estás haciendo un libro de artista? Entonces, ¡sólo hay que jugar!”. Me dio un permiso que me permitió después hacer muchos más ejemplares, nada más ni nada menos que con ese concepto del juego. El libro de artista es una obra plástica, una rama muy especial. Te permite hacer un desarrollo más amplio, una multiplicidad de miradas. Por otro lado, tuve un maestro oriental en la caligrafía china que me dio un elemento no sólo para mí, sino para poder volcar a mis alumnos. Estábamos practicando en unas hojas donde hacíamos caligrafía con agua y en un momento de mi occidentalidad le dije:“Bueno, ¿cómo seguimos?” Y me contestó: “Bueno, cuando quieras saber más, volvé”. El occidental está sentado esperando que le den conocimiento, sin poder valorar el proceso.

Tu taller tiene una vidriera a la galería. ¿Qué sentimientos te despierta trabajar ahí, expuesta a la mirada de la gente?
Es muy interesante lo que sucede aquí. Es un sentimiento casi uterino, te diría. Llego al taller y a veces siento como emoción. Por ejemplo, un día como hoy, nublado, con llovizna, que pueda sentarme acá, hacer lo que quiera, leer o dibujar. Soy de juntar cosas y de estar muy acompañada por objetos, por libros. Me gusta estar cerca de lo que necesito. Siento que estoy bendecida y me emociona sentir que tengo este lugar donde estar. Vengo casi todos los días, te diría que es mi primer hogar. ¡Acá disfruto un montón! Nunca me molestó la gente que pasa, al contrario, me siento acompañada. Me gusta tomar mate, charlar con los otros integrantes de la galería. Si tuviera que irme a un lugar cerrado, creo que no la pasaría bien.

¿Cómo es tu relación con el mercado del Arte?
Soy muy activa en lo que respecta a la comercialización de mi obra. Salgo a buscar clientes, me contacto con decoradores, hablo con arquitectos. No tengo una trayectoria como Marta Minujín, entonces salgo a ofrecer lo mío. Algunos artistas dicen que la obra no es decorativa, pero pienso que el que la compra lo hace para decorar. Es una contradicción. Salvo que sea un coleccionista. Yo estoy como en el medio. Mi obra va circulando entre amigos.

¿Qué querés decir con la obra “la imposibilidad del orden”?, porque veo que hay mucho orden en tu alrededor?
Una puede conectarse con la imposibilidad del orden cuando tiene más o menos todo ordenado. Hablo de un desorden, de un caos que va más allá de tener todo dentro de una cajita, y justamente lo hago para salirme de la cosa perfecta. Cuando hablamos de orden a veces hablamos de prolijidad, de una cosa que está bien terminada. Eso corta un poco lo creativo .Esta serie es bastante caótica, pero, además, tiene unas líneas que ponen un color por allí y me lo colocan por otro lado y así todo tiene una estructura visual interesante. El orden no tiene por qué ser una meta. La meta podría ser el caos. Todo podría ser balanceado de alguna manera. El universo, el hombre, la vida es a consecuencia de un desorden. Es inquietante el título de la obra.

¿En qué proyectos estás trabajando?
Ahora estoy trabajando dibujos como una especie de huevos o semillas que remiten a la posibilidad de que algo surja. Pero esto, que son ideas por nacer, también muestra esta cosa de fragilidad. Son las flores y algunos insectos que aparecen. La fragilidad de todo. Yo creo que lo que más nos puede ayudar a sobrellevar momentos como éste es entender que vivimos en un planeta inestable, que la vida es inestable y que todo es frágil. Tenemos que poder convivir con esto y continuar, porque la fuerza vital puede con todo. También estoy dictando un taller de poesía visual. La poesía visual es un andrógino de poesía e imagen. Se puede trabajar sobre la letra, se puede desarrollar una idea abstracta o hacer un collage. Es más bien una idea poética que puede ser vista. En Argentina, los principales propulsores de esto fueron Edgardo Antonio Vigo y Juan Carlos Romero. Por ejemplo, esa palabra “violencia” que utilizó Romero es una poesía visual. Es una derivación que viene de llibro de artista, luego el arte correo y finalmente la poesía visual. El nombre es relativamente cercano, pero viene de muy lejos. Para que algo sea nombrado tiene que pasar un tiempo.

En estos momentos de crisis, para un artista debe ser doloroso poner la mirada en el otro, sentir y reflejar lo que nos pasa.
¡Hay que hacerse cargo! A pesar de que es verdad lo que decís, creo que lo mejor que nos puede pasar es ver al otro. Ver qué le está pasando al otro, aunque uno no esté en las mismas condiciones. Es lo mismo que pasa hoy con la ley de despenalización del aborto. Poder mirar la realidad de lo que nos pasa a las mujeres, los abortos clandestinos, la falta de protección estatal. Así como el tema de la violencia. A través de una encuesta que llegó a mis manos pude darme cuenta de que aquel hecho que había tomado con naturalidad fue violencia. Me empecé a sentir parte cuando pude conectarme con esos recuerdos y pude traerlos como una consecuencia de una problemática social. En base a esto fui tomando conciencia y cada vez que está el 8M salgo con otras artistas amigas a hacer algún tipo de intervención en la calle.

“Hago mucha obra textil, pero tampoco me considero una artista textil.”

“La realidad política golpeó duramente nuestras vidas, por lo que tuve que recuperar momentos de la infancia.”

“Juan Carlos Romero fue quien me dio la libertad para crear, ese concepto del juego.”

“Cuando hablamos de orden a veces hablamos de prolijidad, de una cosa que está bien terminada. Eso corta un poco lo creativo.”