Por *Nuria Giniger, Cinthia Wanschelbaum y Rocco Carbone

El lunes 3 de septiembre el gobierno de la Revolución de la Alegría” decidió desmantelar diez ministerios, entre ellos el de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, y convertirlos en Secretarías. Con este desguace selló para siempre su destino junto con los gobiernos golpistas de la Revolución Libertadoray la Revolución Argentina, desmanteladores y revanchistas seriales.

El anuncio de la desaparición de los ministerios nos dejó a las y los trabajadores estatales otra vez más– como el centro del ajuste. Nuestro sindicato ATE llamó al paro y convocó a movilizarnos, por la mañana, al ex Ministerio de Modernización, a canalizar en las calles nuestra bronca en el ritual colectivo que nos esperanza. Y por la tarde, también nos movilizamos al ahora ex Ministerio de Ciencia, donde miles de científicxs nos encontramos en el playón, que en estos últimos años se ha convertido en un espacio de reclamos y luchas.

El diagnóstico es lacrimógeno: la producción de ciencia y tecnología está virtualmente detenida. En estos más de dos años y medio de lucha, repetimos una y otra vez las dificultades que tenemos para producir conocimiento en estas condiciones y para que el financiamiento de investigación nos alcance. Con la estrepitosa devaluación de la semana pasada, imagínense, la mayoría de los insumos se compran en dólares. De los salarios ni hablar: que no llegamos a fin de mes es el comentario en el polo, en los almuerzos, el mate, la cena. Las políticas de desarrollo de investigaciones orientadas a resolver algunos de los problemas más acuciantes de nuestro pueblo, fueron borradas de un plumazo. Y hay compañerxs que se quedan sin trabajo; otrxs que se van al extranjero; otrxs que se buscan un empleo de otra cosa que les permita llegar a fin de mes; otrxs que, por la reducción de trabajadores, intensifican sus tareas al doble o el triple. Y todo esto, en el acto de ayer, se repitió y repitió.

Pero cualquier lector/a atentx se da cuenta de que estamos con lo específico del sectorigual que el resto de la clase trabajadora de este país: sufriendo un ajuste brutal.

Desde que asumió la Alianza Cambiemos decimos que lleva adelante un proyecto político incompatible con la soberanía nacional, con el bienestar de las mayorías, con el desarrollo económico y con la independencia. Alguien dijo por las redes ayer, que el discurso de la mañana lo dio el virrey de ocupación”, y esto no es solo una sensación: vivimos un proceso de recolonización de América latina, que comenzó con los golpes de Estado en Honduras, Paraguay y Haití, que siguió luego por Brasil, y que concluyó (por el momento) en Ecuador. Así, hoy el imperialismo norteamericano tiene un poco más resuelto el problema de su patio trasero que durante algunos años osó en enfrentar su hegemonía y que tiene aún en Cuba, Venezuela y Bolivia países que no ceden a su ofensiva.

Y hablando de la ciencia terminamos analizando al imperialismo. Es que la disolución del MINCyT más que un problema sectorial-corporativo es político. Es necesario que entendamos al conflicto en esta dirección, porque de la forma de entender nuestra realidad dependerá las acciones a realizar.

La militancia del sector de ciencia y tecnología, que en estos años macristas ha crecido en organización y espíritu de lucha, tiene una composición peculiar: una mezcla entre la tradición de los estatales y la de la universidad; somos trabajadores del Estado y al mismo tiempo producimos conocimiento con las reglas (¡y vaya si son reglas!) de la academia. Tenemos nuestro sindicato y una serie de agrupaciones políticas, de distintas identidades y con diferentes experiencias. No obstante el exponencial crecimiento militante, somos pocos, nos conocemos todxs y hasta nos llevamos bien. Tenemos el mismo objetivo: resistir y combatir las políticas de ajuste. Sin embargo, existen diferencias sutiles y no tantoque se escurren por discursos, acciones y recovecos de la historia.

El lunes 3 en el playón éramos miles, porque la unidad es la unidad y cuando se proclama debe ser ejercida. Eso no implica la disolución de la disputa, muy por el contrario. Por eso, cuando hacemos un llamado a la unidad tenemos que poder explicar qué decimos.

Ya no alcanza la unidad sectorial. No es momento de lamentos, clemencias, perdones o vergüenzas por reclamar por nuestros derechos. Aprendimos a golpes que este gobierno nos ametralla políticamente a todxs, sin excepción.

Nos urge articularnos. Nos urge la unidad multisectorial. Pero nos urge una alternativa política: un frente de liberación nacional y social que recoja las demandas y deseos de todos los sectores agredidos por este gobierno; del que participemos sin encasillar al otrx, respetando la diversidad, despojados de meritocracias y sectarismos; que nos una más allá de la acción de calles; que nos permita sacar al macrismo; que se yerga en la historia para instalar un gobierno popular

El Macrismo, la Fusiladora y el Onganiato usan y usaron la idea de Revolución para despojarnos de nuestro sentido más profundo de la lucha popular. En ese despojo, pretenden despolitizarnos y circunscribirnos a la estricta lucha sectorial. Demos uno, dos, tres saltos. Recuperemos nuestro sentido de la Revolución y pongámoslo en acto.

Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender los valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia”.**

 

*Investigadores de CONICET. Militantes de Liberación -Corriente de Universidad, Ciencia y Tecnología.

**Fidel Castro, discurso del 1º de Mayo de 2000.