Escribe: Julián Andreu

El 21 de febrero de 2018 fue el punto de partida de una nueva etapa sindical en Argentina. Un acto tan fuerte que quedó formada la mesa sindical que lleva como nombre, simplemente, 21F.

Ese día volvió a verse algo similar al acto multitudinario del 30 de abril de 2011. Debo recordar que este fue uno de los últimos, sino el último, en el que convergieron las organizaciones sindicales y todo el arco político que supo acompañar al gobierno de Cristina. Es sabida la ruptura que se dio luego entre los dirigentes sindicales y el gobierno nacional y popular. El precio pagado fue alto. Errores de ambos lados y algunas mezquindades alejaron las partes y los principales afectados fueron los trabajadores.

Muchos confundidos apoyaron el cambio. MUCHOS OTROS, con más claridad, alertaban: “De discutir ganancias vamos a discutir despidos”.

Transcurridos dos años y medio de gobierno, la realidad efectiva no se hizo esperar y mostró el lado más duro: el de la aplicación de este modelo oligárquico (no lo enmarco en neoliberal, es aun peor). Hay que desterrar la idea de “errores” o “mala praxis”. Vinieron a reducir el salario de los trabajadores en dólares. Lo lograron por demás y se seguirá achicando, hasta el final del proceso, que no se si será el final de este gobierno o su posible reelección o recambio.

Hay algo que venimos remarcando: este aniquilamiento del salario y el feroz endeudamiento que lleva adelante este gobierno es superior al de la dictadura, con la sustancial diferencia de que el proceso genocida, para lograrlo, se llevó a 30.000 compañeros. La resistencia a este nuevo proceso oligárquico fue casi nula. Solo atisbos de protestas, como la de la reforma previsional en diciembre. Pero no alcanza. Siguen avanzando de manera constante.

Además, la idea de simplemente esperar el deterioro de los índices para lograr la resistencia es, en principio, un poco egoísta de parte de una dirigencia que, cómodamente, ve la escena como si estuviese en el teatro o en el cine.

Hay 2019

La resistencia se debe construir, debe ser un proceso y debe cuajar durante el año electoral, no sólo por contraposición verbal se construye oposición y mucho menos se construye si hacemos análisis que, en definitiva, siguen beneficiando al gobierno.

Hay detalles sustanciales a tener en cuenta. Hace un poco menos de dos meses escribí “Fraude Macriótico” , una referencia al proceso electoral que va a llevarse a cabo el año que viene, donde expresé que hay una gran chance de que este gobierno se renueve y sin escatimar en recursos, tanto los económicos como los no convencionales o ilegales, medidos con parámetros “republicanos – democráticos”, si entendiésemos que estos axiomas existen.

No voy a usar eufemismos: van a meter fraude. Lo repite insistentemente Macri: “somos la única opción” .

El problema radica en que no hay un llamado de alerta a esta oposición. Seguimos analizando procesos “normales”. Me hago una pregunta y se las hago: Con todo lo que pusieron e hicieron para llegar a se gobierno ¿lo van a entregar tan fácil? Y esta pregunta se puede extender a Brasil: ¿Tan fácil el poder va a entregar lo que recuperaron de manera ilegal?

La primera vuelta mostró una amplia diferencia a favor de Bolsonaro. La ventaja parecería irremontable para el balotaje, con una estrategia de campaña muy agresiva, con un discurso xenófobo y racista logró imponerse, sin dejar pasar el detalle del candidato que mejor medía en las encuestas, Lula, preso y proscripto; sin tiempo para imponer un candidato y con una mordaza absoluta para expresarse, confiando en entregarse a la justicia, la que claramente de justicia, valga la redundancia, no tiene nada. Ese poder judicial sólo es un instrumento utilizado por un poder que no escatima en asirse de todo lo que esté a su alcance. Si es legal bien y si no lo es, también está bien.

Esa frase que dice Macri “somos la última opción”, también la repite el candidato fascista Bolsonaro: “Yo no hablo por los comandantes (del Ejército), los respeto. Yo, por lo que veo en las calles, no acepto un resultado de las elecciones diferente de mi elección” (sic) ¿Alguien puede creer que esta definición y la de Macri son verbas improvisadas?

Si me equivocara sería muy bueno, pero lo que no podemos hacer es estar distraídos. Nosotros y máxime los dirigentes que puedan llegar a ocupar la casa de Perón -no creo que tenga que aclarar cuál es- debemos y deben estar atentos.

En tiempos políticos, el 2019 parece cercano, pero está lejos si lo medimos con parámetros económicos. Estos 15 meses, hasta la renovación del gobierno, serán muy duros: se ahondará al crisis y habrá un deterioro de todos los índices sociales. Debemos como medio de comunicación remarcar de manera insistente que éste, “el mejor equipo de los últimos 50 años” vino a esto: a generar una “masacre” social.

Resistencia Sindical

Quiero traer de nuevo esa fecha: 21 de febrero. Ahí se inauguró una nueva etapa en materia de actos públicos masivos, algo que parecía patrimonio exclusivo de una fuerza política se sumó a otro universo más grande y se fundió en algo mucho más importante. Este nuevo proceso sindical de resistencia tiene un factor nuevo en el tipo de organización: los movimientos sociales organizados como la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), muestran organicidad y desde ahí pueden sumar. Y suman.

Es lo sindical, estúpido

El movimiento obrero organizado fue columna vertebral de la resistencia en todos los procesos, tanto en dictaduras como en gobiernos democráticos que le dieron la espalda al pueblo. Este nuevo proceso no va a ser la excepción a la regla y ya se está viendo esa resistencia, incipiente claro, pero ya tomó vida propia.

Faltan dos meses para la reunión del G20, es ahí donde habrá que mostrar el descontento, ahí cuando cientos de medios internacionales aterricen en el país, ahí habrá que demostrar de lo que son (o somos) capaces. La historia lo demanda y la realidad efectiva lo necesita. No nos defraudemos.