Escribe: Johanna Cura

Fotografia: Ludmila Szsuazszwerg

 

Sin autonomía, los derechos quedan mancos. Una definición certera de Dora Barrancos. Se exilió en Brasil durante la dictadura y allí se encontró con el feminismo. Estudió sociología en la Universidad de Buenos Aires, realizó una maestría en educación y se doctoró en historia en Brasil. Desde 1986, es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y actualmente integra el Directorio del organismo. Con una sonrisa amplia, nos abrió la puerta dispuesta a brindarnos una mirada agudamente feminista.

La autonomía femenina

¿Cómo sintetizarías la historia de las luchas feministas?

Si se analizan los comportamientos de los feminismos a lo largo de la historia y del
presente, hay algunos que tienen una evidente convergencia conservadora. Estoy
trabajando en un libro acerca de la historia de los feminismos en América Latina y hay
momentos patéticos. Por ejemplo, el haber apostado una forma política que llevó a un
derrotero autoritario. En los feminismos conservadores del siglo XX de América Latina
faltaban algunas perspectivas que obtuvimos recién en la segunda mitad del siglo. No se
le puede reclamar a las feministas del siglo XX que no hayan tenido una postura a favor
del aborto, porque además si la tenían no iban a ponerla en agenda. En los años 30,
muchos movimientos feministas ya tenían un debate interno. En los 60 no era lo mismo
que hoy pero también había debate. La activista Lisa Power se incomoda mucho con
ciertas ratios conservadoras de los feminismos centrales, por ejemplo, con el hecho de
que algunas feministas norteamericanas se pusieran a bendecir las acciones contra
Afganistán, contra la libertad de las mujeres, eso a nosotras jamás se nos ocurriría.

Si tuvieras que mencionar un momento que marque la historia del feminismo, ¿cuál sería?

Considero que un momento terrible fue en 1914, cuando los feminismos se dividieron
brutalmente de una manera agonística entre las pro-guerra y las pro-paz. No es la primera
vez que teníamos encrucijadas. Hubo muchas feministas importantísimas que se
vincularon a las propuestas bélicas de sus países como las dos grandes líderes
sufragistas inglesas, Millicent Fawcett y Emmeline Pankhurst. Una tiende a pensar que las
pacifistas eran más progresistas. Me parece que hoy este planteo es superador ya que el
99% de las energías feministas están puestas a favor de la autonomía de la mujer. La
autonomía es la plataforma básica de todos los otros derechos. Si no se garantiza la
autonomía, los demás derechos quedan mancos. Si el Estado no garantiza nuestra
capacidad decisoria, la ciudadanía queda achicada.

En relación a la discusión sobre la legalización del aborto, ¿se puede ser feminista
y tener una postura anti-derechos?

Quienes defendemos que el aborto sea legal estamos diciendo que el Estado debe
reconocer nuestra capacidad de decidir, nuestra autonomía, nuestra voluntad en materia
de qué hacer con nuestros cuerpos y su capacidad reproductora. Estoy lejos de andar con
un feminómetro en la mano. Me parece que hay un hiato respecto de ese “feminismo” el
cual se alardea porque en realidad lo que pone en juego es un posicionamiento en el
plano de los derechos personalísimos de las mujeres. Antes de esa postura debe estar la
convicción de la autonomía, luego se incorporan todas las otras cuestiones, todo el
régimen de posibilidad de derecho. En esa auto-formulación feminista hay algo que falta
como primera plataforma de todas las demás dimensiones del feminismo: la autonomía.
Pero claro, no todos los feminismos son iguales, por eso los mencionamos en plural.

¿Por qué considerás que a este gobierno neoliberal le interesó plantear la
legalización del aborto?

El gobierno no es estrictamente neoliberal, es “neo” pero liberal muy poco. Hay una cierta
caducidad de los liberales, probablemente por eso se les plantea una gran contradicción
en el caso del aborto. La enorme contradicción liberal es: ¿estás a favor de la soberanía
de los individuos o no? El plasma liberal tiene que ver con la soberanía individual,
después podemos hablar de los atributos de la economía en el liberalismo. He aquí por
qué en nuestro país no fragua bien la teoría del liberalismo, históricamente en Argentina el
componente liberal es neoconservador. Esto prefigura grandes cimbronazos dentro del
bloque. Lipovetzky sé que tiene muchos problemas. No son enteramente liberales, por
eso creo que dentro de Cambiemos hay un terremoto. Doy otro ejemplo: fui diputada de la
Ciudad de Buenos Aires por el Frepaso y para mí fue vertebral la posición del Frepaso de
indicar como penalizable la prostitución en la vía pública. La fisura del Frepaso se dio por
muchas razones, pero yo he roto vínculo completamente con esa gente por esa posición.
Puedo negociar mis convicciones en otros puntos, qué se yo, si la calle debe estar más o
menos limpia, más o menos adoquinada, pero esa medida no era negociable para mí. Se
proponía penalizar a las travestis. Para mí fue un límite claro. Para muchas mentalidades de Cambiemos, se pusieron en discusión cuestiones que son estructurales. De hecho, es
la mayor fisura que van a tener en el bloque.

 

¿Macri subestimó al feminismo?

Absolutamente, pero con la salvedad de que a Macri no le importa absolutamente nada.
No es vertebral para él esta cuestión. Me llamó mucho la atención que dijera que no es un problema de salud pública, sino de libertad. Creo que es como el Groucho Marx, que te dice “tengo estos principios, si no te gustan tengo estos otros”. Si son liberales tienen que ir a fondo con esta cuestión. Macri no es un hombre sensible. Para nada. ¡Es un pescado! No tiene sensibilidad, es tan tacaño que veinte años atrás tenía dos heladeras
trancadas con candado, no tiene cariño por nadie… Es una persona sórdida.

¿Cuál es tu sensación al respecto?

Me produce indignación en doble sentido. En primer lugar, porque se afectan nuestros
derechos; y en segundo lugar, porque no se da cuenta de que está alimentando a
Frankestein. Es el fracaso de la ratio gubernamental. Nos expone a circunstancias
gravísimas a toda la sociedad civil y se exponen a una circunstancia de alta labilidad, de
la que no se dan cuenta. A menos que lo quieran así. Todavía confían en que van a
levantar la puntería en el segundo semestre del próximo año [Risas]. Sobre lo que hoy
tengo una preocupación muy grande es que finalmente la pelota está de nuestro lado.
Hay que ocuparse de cómo nos aglutinamos y cómo hacemos para encontrar la diagonal
que nos junte en el 2019. Hay que ocuparse de eso, de cómo armamos la fuerza del
campo nacional y popular. La pelota está acá. Hay que evitar la reelección o las
elecciones sustitutas. Hay que ver cómo está el craquelex de las almas naïve que votaron
a éstos. La discusión del aborto tiene que ver con el deshilachado de la opinión favorable
a Macri. Yo creo que hay un craquelex deshilachado. Después de la sanción de la ley
previsional que fue terrible, después de las movilizaciones tremendas en las que no hubo
muertos de casualidad, se produjo una baja de la imagen positiva del gobierno, que los
aterró. Al mismo tiempo, hubo una suba muy estimativa, afirmativa y confirmativa de la
violencia sexual contra las mujeres. La estructura económica familiar se volvió más frágil y
eso, como ha sucedido históricamente, ha generado más violencia doméstica. La
conjetura es: a mayor crisis económica, mayor pobreza del país y mayor violencia
doméstica. En ese momento, la autoestima del macho se va al diablo: el hombre con el
mandato patriarcal va a recrudecer la violencia. La pérdida de empleo, de ingresos,
genera la pérdida de la autoestima y siempre el resultado es que crece la violencia.

Prostitución y abolicionismo

¿Cuál es tu postura en relación a la prostitución?

Con respecto a la prostitución tengo una vieja posición de la cual no me muevo, mi
abolicionismo es radical. Hay muchos académicos a los que quiero mucho y que están en
esta posición de “es un trabajo como cualquier otro”. Yo discuto epistemológicamente y
moralmente que esto no es así. No es lo mismo vender órganos, vender sexo, que vender capacidad de trabajo, fuerza de trabajo. ¿Cuál es el límite de la alienación? Sabemos que el ejercicio de vender la fuerza de trabajo puede comportarse, si no reflexionamos, en una cadena de alienaciones, eso es Marx básico. Hay una cadena de alienaciones que se
rompe por una mentalización psicológica de introspección y acción, para sí y para con
otros, en donde digo: “¡Ah! ¡Me están explotando!”. Pero no es lo mismo vender la fuerza
de trabajo que vender mi trabajo, si es así sería muy rica porque tendría igual plusvalía
que el patrón. Entonces, ahí está la cuestión: no es el mismo el régimen de objeto.
Debería estar prohibida la venta del cuerpo para sobrevivir, como pasa en muchos casos
en donde la gente no puede más y ha vendido riñones, hígados, etc. Es una situación
gravemente insostenible para la condición humana. De la misma manera, creo que hay
que escuchar mucho a las compañeras que han estado en situación de prostitución y se
salieron. Una de ellas es Sonia Sánchez, a la que quiero mucho, ella se pregunta “¿Cómo
vamos a facturar?” Describe las diferentes posiciones y acciones en el intercambio sexual,
cuánto vale, en fin… Esto discurre de la capacidad completamente alienante de la
expresión: “Es un trabajo como cualquier otro”. Es un trabajo de sometimiento total.
Obviamente, no se me escapa que ha habido una metamorfosis importante. Jamás me
voy a poner en la vereda fundamentalista. Entiendo que hay una zona complejísima en
relación a quién ejerce la prostitución, a quien hace mucho tiempo que la ejerce y a lo
mejor tuvo una posibilidad de irse pero no se fue. Ahí hay una zona compleja a la que
debemos atribuirle un sentido bastante razonable de subjetividad. Es una subjetividad
probablemente alienada, pero yo no soy quién para juzgarla, nunca voy hacer cruzada
con esto. Hay que hacer cruzada con la trata. Es la zona más terrible. Entre la trata y las
disponibilidades de muchas mujeres para prostituirse, ninguna es libre. Pero en ese punto
tienen razón, tampoco son muy libres. Hay algunos trabajos que no son tan dignos. En
ese punto, hay que aceptar una cierta razonabilidad, no digo que se justifique
razonabilidad del alegato en torno a “esto es un trabajo como cualquiera”. Es imposible,
porque efectivamente el cliente es mandante, a ver quién se va a insurgir contra el
mandador. En la Argentina hay cafiolos, cafiolas. No me parece que haya institutos libres.
No hay ninguna organización, cooperativa libre. Por otro lado, hay que distinguir
prostitución de trata, que internacionalmente es considerada un crimen para el que no hay
atenuantes. La trata es el comercio que se hace a merced de las mujeres. Las mujeres no
tienen voluntad propia porque además no tienen dónde ir. Qué voluntad van a tener.

¿Qué sucede cuando una mujer es llevada por una amiga a prostituirse? ¿Se
consideraría eso trata?

No, eso no es trata. La trata tiene varias operaciones, en general es un forzamiento más
sublimado pero es un forzamiento al fin, alguien rapta a una mujer directamente o de
manera sublime. Yo conozco varios casos y las condiciones son abrumadoras, ahí no hay
voluntad decisional. “La necesidad tiene cara de hereje”: en el siglo XIX algunos padres
ofrecían a los viajeros a sus propias hijas, era algo común. Digamos que hay cuestiones
muy antiguas. En franjas de escabrosa exclusión no se pueden pedir parámetros
normativos morales de los que tuvimos posibilidades. Es una barbaridad. Entonces en esa
deplorable arquitectura social, cuando una chica dice “Mirá, vení”, hay un forzamiento,
porque no hay otra opción. Ese es un forzamiento más sublime. Hay otros forzamientos que son físicos y brutales: raptar, captarlas, como de hecho ha ocurrido y sigue
ocurriendo. El problema es el circuito de no salida que tiene la trata y ciertos
acostumbramientos. A veces se llega a una situación en que las propias sujetadas niegan
el sujetamiento, porque es terrible la condición, la situación de esclavitud es una situación
de anestesia general. La gente va perdiendo la voluntad, la voluntad no tiene
emancipación posible ahí, hasta que evidentemente por alguna razón empieza un “para
sí”, una conciencia de sí diferente. Un despertar. Como los testimonios de gente que ha
estado en prisión. Muchas mujeres están en la servidumbre de maridos, de matrimonios
que no quieren, y eso es lo que Simone de Beauvoir llamaba “seguir en el estado de
inmanencia” que es el estado más alienado de los estados. Simone decía que si las
mujeres persisten en el modo esclavo, en el modo sometido, es porque el paso de la
libertad está lleno de riesgos.