Las elecciones en Brasil, a definirse entre los candidatos Haddad y Bolsonaro,  son un momento clave para la región toda. Una campaña de características novedosas, con el político que más votos transformado en un preso político e imposibilitado de participar. Con una guerra sin cuartel de noticias falsas, medios hegemónicos y empresas gigantescas actuando coordinadamente contra el Partido de los Trabajadores. Con un candidato de derecha neo nazi y neo fascista que dice lo que piensa y penetra en las capas más populares del electorado. Análisis en caliente, en la jornada pre electoral, de Pablo Gentili, Secretario Ejecutivo de CLACSO, profesor en la Universidad de Río de Janeiro y Coordinador del Núcleo de Politica Educativa de la UMET.

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Pablo Gentili

Qué puede pasar en Brasil

“Hay una posibilidad muy remota, casi improbable de que se revierta el resultado favorable a Bolsonaro. Para que ocurra, primera una parte de la sociedad brasileña que votó a Bolsonaro deje de hacerlo. Esto no es improbable porque casi siete millones de personas decidieron su voto en el primer turno, en el momento en que fueron a votar. En Brasil se vota en una urna electrónica donde con un teclado, como si fuera el de un celular, ponés un número. Si Bolsonaro tiene el 17, Fernando Haddad tiene el 13. Seis y medio de personas, un poco más, casi siete, decidieron qué número poner en el momento en el que se acercaron al teclado. Esta volatilidad de la decisión del voto hace que seto puedo ocurrir nuevamente y cambiar un poco la tendencia. Por otro lado hay un 30 por ciento de sociedad brasileña que no votó o votó en blanco. Por lo tanto si un 10 por ciento de los que no votaron decidieran votar y lo hicieran a favor de Haddad, podría ganar. Pero bueno, esto es altamente improbable. Y creo que el abismo al que se enfrenta Brasil está cada vez más próximo”.

Fernando Haddad, candidato del PT, votando hoy (AFP).

La campaña

“Nosotros estamos viviendo un campaña que va a marcar la historia de los próximos años en cuanto a la forma de hacer campañas electorales. Porque Brasil es el primer caso en el que ocurre un fenómeno que era desconocido, al menos en democracias de masa como era la brasileña. Y es que antes es pensaba que por ejemplo en Brasil había una ecuación que te permitía saber cuántos ibas a tener en función de los minutos de propaganda gratuita que ibas a tener en la televisión. Geraldo Alckmin tenía 22 minutos. El Partido de los Trabajadores (PT) tenía 12 minutos, y Bolsonaro tenía menos de 15 segundos. Geraldo Alckmin sacó 6 por ciento de los votos, con esos veinte minutos gratuitos a la mañana y 20 a la noche, en horarios pico de audiencia. Por lo tanto la televisión dejó de ser un medio de comunicación efectivo para instalar candidatos. Por otro lado Bolsonaro tampoco usó las redes de comunicación tradicionales. Usó Facebook, Twitter, pero su gran ventaja estuvo en Whatsapp. El PT se confundió y seguramente minimizó, no sé si podría haberlo entendido de otra forma, porque nadie lo previó, ni siquiera las grandes encuestadoras. Estos nuevos protocolos de propaganda funcionan de manera innovadora. Exigen que el gran asalto, y así lo llaman, “el gran asalto final”, se produce en las últimas 24 horas, porque se sabe que mucha gente define el voto en el momento. Por ejemplo, Dilma Rousseff tenía 32 por ciento de intención de voto en todas las encuestas para el Senado. Sacó 14 y medio más o menos, 15. ¿Cómo pudo perder la mitad de su caudal electoral? Porque 24 hs antes de la elección, en todo Minas Gerais, en todos los teléfonos, sobre todo de los más pobres, empezó a circular una noticia que decía que Dilma cuando había sido guerrillera había matado un soldado. Y aparecía una imagen de un soldado muerto con una señora llorando, y la cara de Dilma Rousseff. La señora que lloraba era de una fotografía de las Torres Gemelas, 2001, EEUU. Esto le hizo perder una enorme cantidad de votos en apenas 24 hs. No sabemos qué va a hacer Bolsonaro, pero seguramente algo ocurrirá. ¿El PT no lo previó? Sí, pero cómo te defendés de esto. La única manera de defenderse es haciendo lo mismo, una contracampaña o por lo menos, en los próximos años, que la ciudadanía esté más prevenida de este tipo de manipulación”.

Jair Bolsonaro, ultraderecha sin vueltas (AFP).

Lo que no estamos viendo

“La inocencia a veces es el eufemismo de la estupidez. Uno se da cuenta que es un poco tonto siempre después de hacer el gesto. Evidentemente estas elecciones muestran lo que ya veníamos viendo en Brasil desde antes de la destitución de Dilma Rousseff. Hace dos años yo daba entrevistas en donde me decían cómo puede ser posible que haya un golpe y nadie salga a defender el gobierno que más beneficio le trajo a los trabajadores. Y era una sorpresa, sobre todo todos en Argentina, Uruguay, España. ¿Cómo es posible que nadie salga a defender? Al poco tiempo lo pusieron preso a Lula. ¿Como es posible que nadie salga a defender a quien es un líder histórico? Estaban pasando cosas en la sociedad brasileña y hay que entenderlas. Dos lecciones de esto. Primero, la izquierda, el progresismo, los sectores populares, no pueden dejar de pensar mientras actúan. Tenemos que tener fuerzas políticas no sólo para intervenir en los territorios, si no también fuerzas intelectuales para analizar lo que está pasando, analizar el humor social. Esto la derecha lo hace muy bien. ¿Cómo está viendo la gente todo esto? Porque por ahí está viendo una película y pensamos que está viendo otra. Tenemos muy poco análisis. Esto del “relato”, queremos relatar, pero no nos hemos propuesto interpretar durante estos gobiernos populares. Fueron muy importantes pero tuvieron muy poca capacidad para entenderse a sí mismos, y para ver sus limitaciones. Sin por esto caer en un suicidio autocrítico de decir que todo estuvo mal. ¡No estuvo todo mal!, estuvo todo muy bien. Pero algunas cosas ocurrieron. Cuando Dilma estaba terminando, nos piden hacer una encuesta para ver el grado de reconocimiento que tenía el programa Bolsa Familia, el principal programa es Brasil. Es Asignación Universal por Hijo, pero llevada a la enésima potencia, para ver que opinión tenían las mujeres que recibían este beneficio del programa. Primera pregunta, “¿su vida mejoró gracias al programa Bolsa Familia?”, 90 por ciento dijeron que sí, mejoró mucho y muchísimo. Segunda pregunta, “¿por qué esto ocurrió?”, más del 70 por ciento de las mujeres respondieron: “Gracias a Dios”. Sólo 5 por ciento dijo gracias a la democracia, gracias a la política, y casi ninguna dijo gracias al gobierno”.

Programa Bolsa Familia, que no fue magia.

“O sea, mientras el gobierno del PT hacía políticas socialdemocráticas, atrás estaban los pentecostales diciendo que todo eso ocurría porque estaban orando, y porque le estaba dando un 10, 20 y hasta un 30 por ciento de esa Asignación Universal a la Iglesia. Los pobres les daba la plata del Estado a la Iglesia, porque la Iglesia los convencía de que eso ocurría gracias a Dios. Y nosotros no estábamos viendo a eso. Y el espacio del territorio de los sectores populares lo ocuparon otras instituciones. No hay espacios vacíos en la política, nos vamos del territorio y el espacio lo ocupan otros. Lo ocupan los medios, lo ocupan los mercaderes de la fe, el narcotráfico. Lo ocupa cualquiera, pero alguien lo ocupa, y alguien le habla a los pobres. Cuando la izquierda y el progresismo deja de hablarle a los pobres, bueno, los pobres dejan de confiar también en el progresismo. Hoy Bolsonaro ha conseguido colocar por ejemplo al PT, acorralarlo con al acusación de la corrupción como si la izquierda, o “los rojos”, como el los llama, resucitando casi la Guerra Fría de forma extemporánea, son los que han inventado la corrupción. Y bueno, si están tan lejos, y si nadie conoce a uno de estos “rojos, en definitiva la construcción de un enemigo no es muy difícil en tiempos de crisis. Y eso es lo que hizo Bolsonaro”.

El voto veleta

“Hay un voto de Lula que se fue a Bolsonaro. Eso fue una cosa que no vimos. La gente de izquierda, progresista, es buena en su concepción acerca de la vida. No cree, no creemos que alguien puede ser tan canalla de haber votado a Lula, ser lulista, y un día volverse bolsonarista. Eso está fuera de nuestro paradigma, es algo imposible. Pero esto ocurre en la realidad, es porque no sabemos cómo funciona la realidad. El liderazgo de Lula, importantísimo y muy bien ganado en función de su enorme capacidad para transformar democráticamente el país, también está basado en un principio de confianza muy semejante al que los sectores populares tenían con Perón al comienzo. Lula es Perón pero sin el peronismo. Cuando Lula va preso, sus votos van en parte a Bolsonaro, pero no todos. La gente, acá en la Argentina, desapareció Perón pero siguió siendo peronista. En Brasil, desaparece Lula y no sigue siendo necesariamente petista. Y esa idea salvadora, redentora de Lula, fue muy bien aprovechada por la derecha, con la figura de Bolsonaro, porque Bolsonaro representa en el imaginario brasileño un tipo de personalidad que en Brasil tiene muy buena fama, por suerte no en la Argentina, que es la idea del militar. El militar en Brasil tiene la idea de ser el tipo honesto, que defiende los intereses nacionales, que hizo una dictadura pero “todo bien”, que transformó la economía brasileña en una de las más poderosas del mundo, y que tiene capacidad de dirección frente a políticos que se dejan guiar por sus impulsos cleptocráticos. La gente lo que busca es un líder. Le sacaron a Lula, y ese sector más despolitizado de la sociedad brasileña que puede confundir el gobierno del PT con el gobierno de Dios, se fue. Se fue del campo de la izquierda al cual nunca perteneció ideológicamente, y encontró en el de Bolsonaro el sustituto al liderazgo de Lula. Si en la izquierda no vemos esto, va a ser muy dramático superar esta crisis, porque vamos a seguir pensando que el voto de Bolsonaro es solamente un voto neo fascista y neo nazi. Bolsonaro es neo fascista y neo nazi, pero el voto no necesariamente lo es, porque es el voto que en algún momento confió en la izquierda y en lo movimientos progresistas”.

Lula da Silva, el político con más votos en toda la región. Hoy preso político del gobierno ilegítimo de Temer.

Lula

“Es muy difícil responder si estuvo bien que Lula se entregue. Si te tengo que decir lo que me hubiese gustado, a mi me parece un error. Pero desde el punto de vista de Lula, y lo he conocido y viajado y charlado con él. El que conoce a Lula sabe que era imposible que hiciera esto. Porque alguna ves tuve oportunidad de decirle presidente, vaya a una embajada porque lo van a meter preso y no va a salir en la puta vida de la prisión. Y esto es lo que va a ocurrir. El decía “no me importa, yo no me escapo”. Un persona que está siendo perseguida de una forma totalmente injusta, y peregrinó del nordeste, con una familia… Su mamá le salvó la vida a ocho hijos. Que pasó por todas las situaciones posibles, que llegó a ser presidente de la República, que tenía más del 40 por ciento de los votos, y que no cometió ningún delito y está yendo preso, para irse tiene primero que reconocer que su vida es más importante que su ejemplo”.

La campaña del miedo

“Aquí la pregunta del millón. Con información que tengo de la campaña, el papel de Lula piensan que ya ha logrado el máximo. Lula no suma más votos. Los votos aquí, y esto es otra cosa que la izquierda tiene que aprender porque somos angelitos que creemos en lo que nosotros mismos criticamos… ¿Qué es lo que más benefició a Bolsonaro? El miedo. ¿Cuando la gente tiene miedo qué es? Es un sentimiento, no un razonamiento. Este principio que en la política es fundamental, es anticartesiano: no es pienso luego existo, es siento luego existo. La gente siente miedo, y cuando siente miedo se ve acorralada, y cuando se ve acorralada toma decisiones desesperadas en su vida. Bueno, está bien, y si esto es así, ¿por qué no conseguimos generarle miedo a Bolsonaro? Porque nosotros tendríamos que haber aprovechado el miedo. Ya que hay miedo, tengámosle miedo al monstruo. De esto se dio cuenta el PT muy tarde. Pensó que podía convencer a la gente de que era fascista, y a la gente no le interesa lo que es el fascismo. A la gente le interesa y le preocupa, y estas fueron dos buenas propagandas del PT, cuando a un chico… Poné un niño diciendo lo que dice Bolsonaro, e imaginate que lo puede decir tu hijo. y se te pone la piel de gallina. O dale un arma. Hay una propaganda del PT donde llega una persona, toca el timbre y le dicen “señora, venimos a traerle la solución a los problemas de inseguridad en el barrio”. “Ah, qué suerte”, dice. “Bueno, aquí tiene”, y empiezan a darle armas: “este es el arma para su hija, este es el arma para su hijo, este es el arma para su empleada doméstica, este es su arma”. ¿Pero entonces es eso, yo voy a llenar mi casa de armas? Lo único que va a cambiar este voto no es que la gente le tenga miedo al fascismo, sino a las consecuencias de una política que ya se vio. Ayer la policía invadió diecisiete universidades públicas. A la búsqueda de “comunistas”, que estaban supuestamente haciendo campaña. Con una disposición de un fiscal apocalíptico que dice que en la universidad no se hace política. Por lo tanto había que arrancar de todas las universidades del país todos los carteles que hablaran de política. Esto en un período electoral. Entró la policía a la clase de un profesor a partir de la denuncia de un alumno bolsonarista que dijo que el profesor estaba hablando mal de Bolsonaro, y la policía interrumpió la clase. Y se lo querían llevar preso al profesor”.

El gobierno de Macri fue el primer en reconocer al golpista Temer. Hoy la situación podría ser diferente.

Consecuencias para la Argentina

“Yo creo que el macrismo, ganando Bolsonaro se gana un problema más. Con el PT al contrario, lo que el PT hizo le convendría significativamente a la Argentina, porque siempre priorizó sus alianzas estratégicas en el Mercosur, a sus intereses comerciales. Por lo tanto Brasil ayudaría a superar la crisis económica argentina. Si alguien en el gobierno de Mauricio Macri piensa que el PT es peor que Bolsonaro, es un idiota. Porque todo lo que ocurrió durante los años del gobierno del PT muestran que hoy en la situación económica de nuestro país, tener un aliado comercial con un gobierno de izquierda y progresista como lo son los gobiernos del PT es positivo desde el punto de vista empresarial. Comercial. Brasil ayudó a Paraguay, a Bolivia, a Argentina. Lo que dice Bolsonaro es exactamente lo contrario. No le va a interesar el Mercosur si tiene otra oportunidad comercial mejor. Por lo tanto esto desde el punto de vista de Mauricio Macri va a ser pésimo, porque va a ser otro frente en el cual Macri va a perder oportunidades de negocios. Esta “lluvia de inversiones” que decía que iba a llegar, no va a llegar nunca más de la mano de Bolsonaro. Porque nadie va a invertir en Argentina a no ser que le convenga. ¿Y quién le va a convenir hoy? Por otro lado Bolsonaro ya lo dijo: “Quiero tener en Argentina y en Chile un socio estratégico fundamental”. Es un milico, cuando dice eso lo que quiere es una alianza militar. Tiene dos objetivos claros: el enemigo interno (los “rojos” y el narcotráfico), y le enemigo externo, Venezuela. ¿Le va a convenir a Macri lanzarse a una aventura militar contra Venezuela, por ejemplo? Lo único que le faltaría al gobierno este para cometer más torpezas es meterse en una guerra contra una nación latinoamericana. O militarizar las fronteras. Lo que le va a proponer Bolsonaro a Macri es aumentar el gasto militar. Ya Macri no tiene bastantes problemas con el Presupuesto, como para ahora decir que va a disminuir los gastos en todas las otras áreas para gastar más en armas. No veo por qué Macri tendría que estar feliz por el eventual triunfo de Bolsonaro. Sólo por una concepción macartista, gorila de al política, que pueda hacerle pensar que si pierde la izquierda es mejor porque no se beneficia Cristina. Esto es una visión mezquina y muy autodestructiva de la política, porque en definitiva lo que va a mostrar Bolsonaro a los argentinos es que puede haber algo peor que Macri. Y que por lo tanto hay que sacarse a Macri de encima rápidamente, para que lo que viene después no sea mucho peor”.