Escribe Alejandro Marshall*

¿Casualidades del destino?

Dos nombres, el mismo, pero en distinto idioma. Dos fotos, la misma bandera, pero distintos mensajes. Dos momentos de un mismo país.

Fernández de Kirchner y Lagarde comparten algunas peculiaridades. Pioneras y líderes en sus respectivos ámbitos, y determinantes en su gestión para la Argentina. Aquí una lectura simbólica de estos hechos.

La primera foto es del 2014, cuando la entonces presidenta Cristina hacía anuncios en salud y en educación. Tras entregar la computadora número 4.700.000 del Plan Conectar Igualdad, anunciaba que, según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), Argentina era el mayor inversor y el país más igualitario en materia de acceso a la educación de toda América latina. A su vez, en ese acto, se lanzaba el Programa Nacional Argentina Sonríe, destinado a la atención odontológica mediante unidades móviles sanitarias que visitarían zonas carenciadas del país.

La segunda foto, es de octubre de 2018, cuando Christine, en representación del FMI y junto al Ministro de Hacienda Dujovne, anunciaba un acuerdo con el gobierno argentino. El endeudamiento del país con el FMI sumaba otro capítulo y se definía el adelanto del desembolso de dólares.

Según Lagarde, dicho acuerdo estaba “respaldado por un presupuesto adecuado y sustentable”, que implicaba para Argentina un ajuste fiscal y monetario y el recorte de recursos en áreas como salud y educación.

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Para monitorear que dichos requerimientos se cumplieran, el FMI pondría luego una oficina de técnicos en el Banco Central argentino. Y así fue.

Pero esas cosas no importan. Nos hemos afrancesado. Nos dejó de gustar Cristina y ahora bancamos a Christine. Preferimos lo foráneo a lo autóctono, una vez más. Eternos retornos en la historia argentina.

La Psicología arquetípica ofrece algunas direcciones de investigación. Las palabras, las fechas, la secuencia de hechos, los contextos, pueden ser revisados desde una lectura simbólica, que considera otras capas de sentido bajo lo evidente y cotidiano. Lo singular y lo azaroso, que escapa al análisis estadístico, permite trazar líneas de conexión entre partes aparentemente desconectadas. El propio nombre tiene una carga histórica, afectiva y vincular, y muchos apellidos provienen de profesiones que realizaban las familias. Ya que toda palabra es un símbolo, y todos los nombres y apellidos son palabras, se sugiere aquí un análisis simbólico de los dos nombres en cuestión.

Cristina, o Christine en francés, es un nombre de origen latino, y proviene de christianus, que significa “fiel seguidora de Cristo”. Cristo quiere decir ungido, “elegido para tomar una posición notable”, y si bien está asociada a Jesús de Nazaret, la palabra “Cristo” no es exclusiva del Cristianismo, ya que refiere a un estado de conciencia, o un status espiritual. Proviene del griego Chrestos, que era quien explicaba los oráculos durante el paganismo, y a su vez tiene raíz en el hebreo Mashiaj, de donde proviene “mesías”.

El nombre Cristina se popularizó durante la Edad Media, en la época de las Cruzadas. Estas campañas militares, llevadas a cabo con el argumento de liberar la Tierra Santa de los musulmanes y otros herejes, aseguraron la expansión de la nobleza feudal mediante el control comercial con Asia. Una vez ocupado el territorio, se imponía la ley del imperio. En este caso, el Sacro Imperio Romano y sus herederos. Esta “liberación” fue evangelización y conquista. Curiosamente, el origen de la palabra “cruzada” se remonta a la insignia usada en la ropa y en la bandera de los cruzados, que se parece a la bandera de Inglaterra. Este histórico país imperialista y colonizador ha asegurado, mediante invasiones, esclavitud, guerras o acuerdos comerciales y políticos, que la riqueza mundial esté en pocas manos desde hace siglos.

En el caso de la Cristina francesa, su apellido Lagarde viene de la garde, es decir, “la guardia”. Alude a quien brindaba seguridad y custodia a la riqueza de este mundo, material. Fiel a la tradición cruzada, su nombre y apellido indican a quien cuida la seguridad imperial, quien sigue al Cristo del Imperio, aquel cubierto del oro robado de las colonias.

En el caso de la Cristina argentina, al ser “de Kirchner”, ella sería, por elección propia, la seguidora del Cristo de la iglesia, ya que Kirchner deriva de la palabra alemana Kirche: iglesia. El apellido alude a quien cuidaba de la iglesia, al sacristán. Ahora, la palabra “iglesia” tampoco es exclusiva del cristianismo, viene del griego ekklesia, que en Atenas era la asamblea de ciudadanos reunidos para discutir asuntos políticos. Era la “llamada afuera” (ek: afuera; klessis: llamada), con el motivo de reunir a la gente de una comunidad.

Los símbolos indican que ambas Cristinas son fieles seguidoras de Cristos opuestos. Una Cristina responde a la guardia imperial (Lagarde), y la otra, a la iglesia, es decir, a la comunidad (Fernández de Kirchner).

¿Los hechos concuerdan?

Hay coincidencias que invitan a reflexionar. Jung acuñó el término sincronicidad para referirse a aquellas casualidades simbólicamente significativas. Es decir, dos eventos unidos en tiempo y espacio, que sin tener una relación de causa y efecto, guardan una relación de significado. El problema: ¿qué nos quiere decir esta sincronicidad? ¿Hay algún sentido, o simplemente alguien se ríe de nosotros?

La verdad, es que parece una broma de mal gusto. Si existiera un titiritero, sin duda lo hemos alimentado y obedecido, o tal vez enojado. Como sociedad, somos todos responsables de este destino.

Hoy Argentina no sonríe ni se educa: el Ministerio de Salud reducido a Secretaría, hospitales públicos desguazados, pensiones por discapacidad y planes como Argentina Sonríe cancelados; el Ministerio de Educación devenido agencia de Recursos Humanos para beneficio del sector privado, docentes en huelga por cancelación de paritarias, cientos de programas educativos inclusivos, becas y proyectos en ciencia cancelados o sub-ejecutados. Mientras el país profundiza su recesión, la desocupación y la pobreza aumentan. Somos aceptados por el FMI, pero el tejido social se deshilacha en sus zonas más vulnerables. Para contener la protesta social creciente, la creación del enemigo interno (RAM, trotskokirchneristas, sindicochoriplaneros, etc.), y para esta nueva reorganización nacional, las armas y tecnología compradas a Israel y a Estados Unidos.

cruzadas

Es llamativo que, mientras una Cristina mostraba un estado presente en el país con la imagen de Evita en el billete de cien pesos detrás, como ícono de la justicia social, hoy sea otra Cristina la que anuncie el cambio al país que se viene: el del endeudamiento, pérdida de soberanía, pobreza y hambre. Mientras convierten en chivo expiatorio a la principal líder opositora argentina, nos llaman a enamorarnos de la francesa.

El diablo se viste de Dios, dicen las escrituras. Así tienta, desorienta y confunde. Diabólico, que significa “disociado”, en términos psíquicos implica la separación de uno mismo, el estar fuera de sí. Vaya grieta… No es casualidad que, en tiempos de egoísmo exacerbado, la solución propuesta por los dueños del mundo sea la guerra del humano contra el humano, es decir, contra sí mismo. La foto deja ver una mueca demoníaca que nos sonríe a través de su artificialmente bronceada versión, Christine. No Cristina. No nos confundimos

*Licenciado en Psicología