Escriben: Martín Burgos y Estanislao Malic *

La crisis abierta tiene varias aristas, siendo la disparada del tipo de cambio y las implicancias para la vida de los argentinos la más evidente. El aumento del dólar de 15 a 42 pesos fue el lógico resultado de la bomba de las Lebac cuya mecha era más corta de la que muchos analistas pensaban. Es de destacar que el problema no fue el instrumento sino la capacidad de compra de los mismos. La violenta transferencia de riquezas realizada por el gobierno de Cambiemos desde su asunción (devaluación, quita de retenciones y aumento de tarifas), generó un excedente dolarizable que fue parcialmente neutralizado con la creación de la “bola de Lebac”. Altas tasas de interés nominales combinadas con un dólar planchado a fuerza de deuda externa, crearon la bomba de tiempo que terminó de estallar.

Banco Central de la República del Fondo Monetario Internacional.

La salida de los agentes no bancarios de esas letras hacia el dólar se dio en varios espasmos que se reflejaron en la evolución del tipo de cambio: primero antes de las PASO 2017 llevaron el dólar a 18, luego en diciembre a 20, terminando de explotar con las devaluaciones en abril/mayo (dólar a 30) y en agosto de este año. Entre cada uno de esos picos el dólar se estabilizó e incluso llegó a disminuir, tomando envión para saltar más alto.

Intentando sostener el tipo de cambio (o financiando la fuga de capitales) el Banco Central ha gastado una enorme cantidad de reservas, abanicando el fuego de la fuga con de venta de dólares de las reservas internacionales. La única vez que el gobierno pensó en echarle agua al incendio fue cuando se les impuso a los bancos restricciones en su compra de divisas. Salvo ese “cepo” a los bancos, las regulaciones a la salida de dólares fueron nulas, lo que invita a pensar que más allá de las teorías económicas, este aspecto es esencial en el modelo económico de Cambiemos: la fuga de capitales no se toca.

Guido Sandleris

Con la llegada de Guido Sandleris al Banco Central se ratifica la política económica del FMI, según la cual se eliminan las Lebacs como herramienta de política y se reemplazan por otros tres instrumentos. Por un lado, el gobierno mantiene la emisión de Letes para los inversores que prefieren la dolarización. Por otro lado, las Lecap buscan captar a parte de los inversores que se inclinan por la renta en pesos. Y finalmente las polémicas Leliq, destinadas exclusivamente para los bancos, que deberían influir en la tasa de plazos fijos y permitir reducir los excedentes de dinero por parte del Banco Central.

Lo que resulta sumamente llamativo, es que mientras las Leliq alcanzaron tasas de interés de 73 por ciento, los plazos fijos solo llegaron a pagar 55,6 por ciento. El aumento de los depósitos a plazo son producto de la migración de los pesos de las Lebacs, pero no de agentes vendiendo dólares para volcarse al peso. ¿Por qué el Banco Central sostiene tasas astronómicas si no sirven para que ingresen dólares al sistema? ¿Si no estimulan la pesificación de depósitos? Muy simple (o no tanto), la diferencia entre la tasa de plazos fijos y la de Leliq permite a los bancos vender sus dólares en el mercado y comprar futuros de cambio (que cotizan según la tasa de plazo fijo), obteniendo más de un 8 por ciento en dólares sin ningún riesgo. El dólar baja a fuerza de bicicleta financiero del mismo estilo que lo hizo con las Lebac, pero esta vez solo para los bancos y de forma garantizada.

Los costos de ese esquema es la emisión monetaria dirigida a garantizar ganancias financieras para los bancos, que representan casi 190 mil millones de pesos anuales si consideramos el stock de plazos fijos y la sobretasa obtenida por colocar los fondos en Leliq. La única forma que este esquema siga vigente es mediante la destrucción de los salarios y las ganancias empresariales de la economía real. Las tasas actuales solo conducen a una ruptura de la cadena de pagos y un Pymicidio con consecuencias sociales desastrosas, que anticipan un año electoral conflictivo.

* Investigadores del Departamento de Economía Política del CCC.

FUENTE: Página/12

Las imágenes que ilustran la nota se corresponden son edición de Redacción Hamartia.