Por Paula Rojo
Foto Télam

Al mismo tiempo que actrices argentinas se organizaban para dar el comunicado, nosotras, las periodistas feministas independientes que no estamos en los medios, que no nos contratan, pero que hoy nos llaman para “opinar” -no somos opinólogas, somos periodistas- corríamos para llegar al teatro, para cubrir la noticia.

Nosotras, que fabricamos nuestros propios lugares porque no hay espacios, estuvimos ahí apoyando. Porque sabemos la importancia del caso, porque somos las que hablamos con las víctimas constantemente, porque leemos todo el tiempo para poder informar correctamente. Llegamos y comenzó la conferencia. Leyeron un escrito entre todas. La emoción corría como si fuera una catarata. Después de ver el video de Thelma con su relato, nos era muy complejo preguntar, ordenar las ideas, un poco para no revictimizar, otro para respetar. Lo hicimos con cuidado, porque por sobretodo tenemos esa premisa: cuidarnos.

Desde que Juan Darthés (55) abuso sexualmente y violó a Thelma Fardín (26) pasaron 10 años, y no es un dato menor que ella tuviera 16. En esos años, estoy segura de que por la cabeza de ella pasaban infinitas voces, voces que taladraban. Donde pasó de dudar de ella misma, culparse, a preguntarse por qué y por qué hasta llorar en silencio. Es un diálogo que no calla. Pero un día Thelma encontró a otra “Thelma” que le había pasado lo mismo. Y ahí empezó otro recorrido, reconocerse por fuera de ser “la que está mal”, “la loca”, “mentirosa”, “exagerada”, etc.

Es entonces donde comienza a salir apenas una pequeña voz. Y como hoy, Thelma se anima y habla. En ese hablar encuentra compañeras que la escuchan y acompañan. Así es como la fuerza empieza a ser más visible y potente. Porque cuando una mujer se une a otra y a otra y a otra, se siente tal poder que dan ganas de gritar. Porque sabe que no está sola y eso es fundamental para afrontar lo que se venga. Eso es el feminismo: la unión de muchas mujeres gritando en pos de una, pero de todas.

Mientras que esas voces estaban en la cabeza de ella, el abusador trabajaba y hasta hacía campañas contra el abuso para el gobierno. Caminaba con toda su impunidad y derechos a cuestas, bien liviano. Y Thelma, con la mochila de un recuerdo espantoso en su espalda.

Es indescriptible el valor que una mujer tiene que tener para hacer lo que Thelma hizo, para hacer lo que tantas otras hacen, que se enfrentan a juzgados todos los días porque sus hijxs son abusadxs sexualmente. Y aún la justicia sigue sin escucharlas y pone por delante el SAP (síndrome de alienación parental). Una justicia que es patriarcal y donde encontramos que sigue sosteniendo un sistema abusador y perverso.

Estoy convencida de que esto no podría haber sido posible sin la unión de varios colectivos que, como engranajes, fuimos funcionando para que se realice. Luciana Peker, que se juntó con actrices argentinas para ver cómo encarar el problema, y lograron llevarla a Nicaragua para erradicar la denuncia y sentar un precedente. Actrices argentinas que tuvieron muchas asambleas para acompañar a Thelma y ver de qué forma la cuidaban, las compañeras de la campaña por el aborto seguro, legal y gratuito que apoyaron desde el inicio y abrieron una gran puerta para que esto suceda – desde el debate que no fue ley – y nosotras, las periodistas feministas, que comenzamos a twittear, a hacer notas, entrevistas en radios, etc. que estamos ahí siempre para que no haya más Thelmas, Lucías, y tantas otras.

Esto es lo que nos pasa a las mujeres. BASTA. Ya no nos callan más. Que empiece a estar el miedo del otro lado.