Por Jimena Riveros
Ilustra Luciana Capece

A partir de la denuncia de la actriz Thelma Fardín se suscitaron una serie de situaciones de lo más liberadoras, porque cientos de mujeres empezaron, empezamos, a hablar. Empezamos a contar, por primera vez, que fuimos, también, víctimas de abusos. A partir de ahí me encontré con diferentes historias, análisis y miradas que estimulan aún más el momento histórico que estamos viviendo.

Porque eso es lo que está pasando: está cambiando todo. El tema, me parece, es empezar a generarnos los espacios para poder salir del grito que, sin dudas, es profundo, real, sincero, doloroso y totalmente necesario, pero eso que contamos es lo que nos pasó, lo objetivo. Una situación concreta en la que nos vimos envueltas, sin entender bien qué carajo pasaba. Pero ¿qué es todo lo que nos pasó ahí? Digo, lo subjetivo ¿y, sabes qué? Pienso en el silencio cómplice de otros y otras que sí sabían, pero negaron para no ver, aceptar y reconocer que eso estaba pasando ¿por qué? ¡Porque se desarma la casita sino! Porque exponer este tipo de miserias, que a vos no te pasaron (creés), al negarlo, sentís que no te van a pasar.

Porque LA CASITA es una institución que funcionó por miles años, donde el varón tomó las decisiones y la mujer aceptó. Y esto aplica para todos los órdenes de nuestra vida, tanto pública como privada. Es, para decirlo de otro modo, parte de las bases del Patriarcado. Porque si bien cambiaron las costumbres hay fondos que se sostienen igual que hace mil años. Todavía son muchos los tipos que se acuestan con muchas mujeres y siguen siendo los más “vivos”, y la mujer que se acuesta con muchos tipos, una “puta”.

Seguimos sin poder decidir cuándo abortar y cuándo parir, pero hacia el afuera. Porque hacia adentro decidimos y esa decisión nos cuesta seguir enterrando mujeres. Porque lo que importa, aún hoy, es el afuera. Eso que mostramos, que se ve o se cree ver.

Vuelvo a lo subjetivo. Al tipo que, si bien nunca abusó sexualmente de nadie, hoy también se siente amenazado. Y se siente amenazado porque aunque no hubo un abuso sexual, pero sí hubo psicopateo. Quizás a la mina que tenía al lado, acusándola de loca o de puta (si ella hubiera tenido el tupé de contarle algunas de sus experiencias sexuales previas) o a una amiga, incluso quizás a su hija. Ese tipo hoy está preocupado. Tiene miedo de que te des cuenta que aquello que viviste no está bien ni es sano. Tiene miedo porque su fortaleza sostenida desde lo cultural se empieza a caer.

Lo subjetivo, amiga, qué tremendo que es. Pero este tipo no es el único con miedo, ojo con esto. Hay muchas mujeres asustadas también. Porque si se cae el patriarcado se les desarma la casita. Fuimos siempre lxs adultxs mayores, las mujeres y lxs niños los más vulnerables. Años y años asumiendo ese lugar ¿y por qué? Porque sí. Por el miedo que dimos siempre. Porque somos fuertes. Los más viejos, por el relato de su historia, por la memoria y lxs niñxs, por ese motor de amor sin prejuicios. Tres amenazas potenciales para la sociedad de hombres adultos.
Tenemos que profundizar todo lo que hoy pusimos arriba de la mesa. Tenemos que avanzar sobre este camino pero con enorme cuidado, para poder cuidarnos nosotras y entre nosotras en un sentido integral. Cuidar a nuestras hijas, hijos e hijes y escuchar las diferentes miradas que ellxs nos pueden aportar.

Te invito, amiga mía, a que desarmemos las casitas y construyamos lugares más sanos para todas, todes y todos porque si no se cae, lo tiramos. Ahora que sí nos ven. Ahora que estamos juntas.

#MiraComoNosPonemos