Escribe: Bruno Díaz
Fotos: Julia Vélez

Un río azul que electriza la avenida, rodea como un cauce estático un gigantesco gomero en el centro mismo de la imagen. Donde el obelisco dominaba la metrópoli, se erige ahora corteza, tiempo, tierra, fuerza. Un árbol gigantesco para recordar que eso es tan nuestro también, tan porteño como el frenesí cotidiano de las calles. “Futuro”, titula esa tapa, y es el nuevo disco de El Gnomo y La Filarmónica Cósmica. Quien está por delante de este ensamble siempre mutante es Martín Reznik (guitarra, voz y composición), el gnomo de todas las encarnaciones que ha tenido la Filarmónica. Junto a Alexey Musatov (violín), Manuel Barrios (bandoneón) e invitados, reafirma en siete canciones la invicta calidad compositiva, a la vez que estrena una novedosa instrumentación para sus canciones. Entre medialunas y mates, la entrevista con el Gnomo.

Podés escuchar el disco FUTURO mientras leés la nota:

 

¿Cómo llegó “Futuro”, el último disco de la Filarmónica Cósmica?

Tengo una manera de componer que es bocetear mucho. Siempre que me siento inspirado pongo REC, grabo. Después me dedico a clasificarlo todo. Mientras estaba terminando “Las mil y un canciones”, el último disco solista, ya empezaban a salir nuevas cosas. Esos bocetos fueron a parar a una carpeta en la computadora que se llamaba “Futuro”, porque eran los temas del futuro. Lo primero que apareció durante mucho tiempo en mi computadora era una carpeta que decía “Futuro”. Bocetos tenía trescientos, no canciones terminadas: una melodía, una armonía, un esbozo de la letra. De esos trescientos agarré treinta. Les terminé la letra, las armonías y las grabé todas. Al principio fantaseé con un disco doble. De esas treinta seleccioné diez. Fui a grabar una primera sesión de guitarra y voz en la casa de Ezequiel Borra, que siempre anda ahí. Es un amigo, hermano, colega, compañero de la música. Finalmente no me convenció esa grabación; después iba a producir el disco con Juanito el Cantor. Todavía no me había juntado con Alexey (Musatov), estamos hablando de hace tres años atrás. Habíamos hecho toda una idea de la instrumentación. Cuando armamos el presupuesto estaba lejos de mis posibilidades. Apliqué para subsidios, presenté proyectos al Fondo Nacional de las Artes. No salió nada. Tiempo después me crucé con Alexey y me propuso armar algo con Manu (Barrios), bandoneonista. De las diez canciones, hubo siete que quedaron muy bien con esta formación. Las tocamos durante todo el año pasado junto a las versiones que hacíamos de la Filarmónica en trío.

Martín Reznik, el Gnomo. FOTO: Julia Vélez.

Es un trío inusual. El disco TRES era rockero al palo. Ahora te volviste minimalista pero no suena chico, sigue siendo la Filarmónica.

Hay puntos en común y hay una cuestión que es única, que es que a mí jamás se me habría ocurrido esta formación. Eso es totalmente impensado. La primera formación también era bastante particular, no llegamos a grabar. Era también acústica y con percusión, piano, chelo, trompeta y guitarra. Durante un año tocamos en ese formato. Esto es como volver a esa primera idea pero desde otro lugar. Avancé sin pensar “esto va a ser la nueva Filarmónica”. Dije: “Me encanta tocar con estos pibes, mirá cómo suena”. Para el disco llegamos a un acuerdo. Ellos estaban más firmes en que el disco fuera sólo de trío, como veníamos tocando. Insistí en que para mí era importante que el disco tuviera otros timbres para vestir las canciones un poco más. No es lo mismo escuchar un disco que ver una banda en vivo. Cuando ves una banda en vivo, la presencia de las personas, si están tocando y están ahí presentes, alcanza. No es necesario que haya otros colores. El trío en vivo, así como está, funciona, me gusta. Pero para el disco yo sentía que me faltaban notas: el contrabajo, el bombo legüero.

Martín Reznik, el Gnomo. FOTO: Julia Vélez.

¿Laburaste como productor de otros músicos?

Sí, me encanta. El año pasado salió el disco “No lugar”, de Maxi Diomedi, que es periodista, poeta y músico. Lo grabamos acá arriba, es un disco re artesanal. Eso fue producción técnica y artística. Después hice el segundo disco de Leopo De Sarro, que es un disco de guitarra y voz. Hice el de una banda que se llama Los Árboles. He mezclado algunos discos sin haber grabado. Es una veta que me gusta como cuestión laboral. Laburé mucho tiempo haciendo producción de música para publicidad, grabando, componiendo.

Dame un beso” fue utilizada comercialmente.

Sí. No es algo que me enorgullezca. No fue hecha para una publicidad. Me la pidieron y yo en ese momento no tenía plata para editar el disco. Acepté, pero no fue un buen negocio. No tengo conflicto con componer, producir y grabar si me contratan para eso, hago de cero. Pero sí me genera un conflicto interno usar una canción que había nacido desde otro lugar, para una cuestión publicitaria. Quiero decir, tampoco es que me dio tanta satisfacción económica. Pero sí me sirvió en ese momento terminar el disco. También me llevó a estar peleado con la canción. Mucha gente me la pide en los conciertos y yo no la quiero tocar [Risas]. Creo que si la canción no hubiera estado en esa publicidad, habría tenido otro curso. No lo volvería a hacer. Hay un montón de artistas que se hicieron más masivos a través de canciones de publicidad. Jorge Drexler, Kevin Johansen, Rosal tuvo lo suyo. Eso no afecta en ese caso: las letras, la música de Drexler son bárbaras. Pero bueno, tal vez él no tenga un conflicto con eso. Como dice el Flaco: “Algún acuerdo en tu alma tendrás”.

Martín Reznik, el Gnomo. FOTO: Julia Vélez.

¿Escuchás bandas nuevas, música nueva?

Hay un montonazo de música nueva alucinante. Si me pongo a escuchar, elijo siempre música clásica, algún disco de Coltrane o cantos mongoles. Trato de no escuchar canciones. No es lo que más me gusta escuchar.

Sin embargo sos compositor de canciones.

Lo hice durante tanto tiempo que, bueno, no es lo que elijo para escuchar. Sí me interesa
investigar qué es lo que están haciendo los amigos contemporáneos. Está buenísimo el disco solista que sacó ahora Santi Adano, me encantó. Escuché un poquito estas bandas nuevas de pibes mendocinos Usted Señalemelo, me rompió la cabeza. Me gustó mucho el disco de Santi Grandone, por ejemplo. Siempre estoy atento a lo que hacen todos los colegas de mi generación: Lucio Mantel, Botis Cromático, Eze (Borra), Faca (Flores), Tomi Lebrero. Trato de parar la oreja a cosas nuevas, a otros tipos de música. Bueno, ahora está un poco de moda esta chica rapera, Nathy Peluso. No la había escuchado y me pareció bárbara.

Martín Reznik, el Gnomo. FOTO: Julia Vélez.

En la resistencia, ¿el rock reverdece? ¿Lo ves en las bandas de ahora?

Yo creo que Usted Señalemelo son más jóvenes, pero no diría que son “los de ahora”. No creo que por ser más jóvenes tengan que ser los de ahora. Los de ahora seguimos siendo nosotros, capaz no masivos. Pero me parece incluso que, por lo poco que escuché, noté que por ahí las letras no están hablando de las cosas que pasan ahora. Son letras más para otro tipo de público. Pero a ver si todavía por decir esto entro en algún tipo de polémica. Me parecen bandas bárbaras. Y yo a esa edad también hacía lo mismo pero no compararía. Compararnos con Charly y con Spinetta no tiene sentido. Un tipo que sí me parece que es masivo y que sí está hablando de lo que pasa –a su forma– es Prietto, por ejemplo, que tiene toda mi admiración. Para mí es un referente. El último disco de Los Espíritus tiene letras que hacen referencia concreta a lo que está pasando ahora. Es excelente: “El subte aumentó y nadie dice nada. El hombre mira al hombre”.

Sin ponerte en analista político, los músicos tienen un radar también.

Creo que la situación es muy crítica. Poder hacer un disco con cierto mensaje en esta época es una contribución. No sé qué va a pasar. Yo siempre trato de imaginarme, pensar que después de los momentos de crisis la gente puede unirse de alguna forma y construir algo nuevo. Me parece que este es un país muy bueno en el sentido de la cantidad de respuesta que tiene la gente, de movilización. Están quedando a la vista las mentiras de este gobierno. Mucha gente que lo votó se está arrepintiendo. No sé, la verdad es muy complejo el tema. No sé si realmente hay una alternativa política. ¿Desde qué lugar vamos a construir el futuro? Si supiera qué hacer no me dedicaría a la música y sí más a la política. Lo que yo puedo hacer, desde mi lugar, es evocar a través del arte un futuro posible.

Martín Reznik, el Gnomo. FOTO: Julia Vélez.
Martín Reznik, el Gnomo. FOTO: Julia Vélez.

¿Tenés una visión utópica?

Pero esa utopía es necesaria. La utopía es utopía, perfecto. Pero cuando la traés a través de un disco, de un libro, de algo, traés parte de ese deseo, de esa ilusión. Transformás, de alguna forma, ese deseo. Das un pequeño paso hacia la construcción real. A través de las ilusiones que uno tiene, uno va creciendo. Son como los horizontes que uno mira lo que nos hace avanzar. La música es vital, es ese alimento para movernos, para seguir creyendo. Desde lo social realmente no me imagino cómo va a ser la cosa, cómo vamos a hacer después de que todo esté devastado. Pero quién sabe, también hay sorpresas. Somos uno de los países con mayor conciencia social y poder de movilización, eso no es poca cosa. Tenemos en el pasado todo lo que pasó en el 2001. Cuando fue la crisis, que devastó los bolsillos de la gente, surgió el club del trueque. Era pendejo pero recuerdo mucha solidaridad. Después están los ciclos de la política: vienen estos gobiernos, hacen mierda y después diez años más de reconstruir todo. Cuando la olla estalle que sea para
quedarse destapada. Toda esta movilización que se ve en el campo de lo femenino es una
revolución muy importante, no sólo por las movilizaciones y por todo lo que se pueda lograr a nivel de las leyes, sino porque me parece que están generando cambios muy importantes a nivel humano, no sólo en las relaciones entre hombres y mujeres sino en lo que significa ver la unión de todo un campo de la sociedad. Todas las mujeres unidas: ya cuando se junta gente y se une, eso ya es potencia. A los hombres nos interpela desde un montón de lugares.

Esta nota fue publicada originalmente en la edición papel n° 30 de Revista Hamartia.