Escribe: Silvana Jáuregui

Fotos: Ángel Saud

En el Centro Municipal de Arte de Avellaneda en la muestra “Muro móvil”, con los artistas plásticos Analía Romero y Nicolás Boschi

Atravesar el espacio

El proyecto América en Colores es muralismo y más. Estamos en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda, en la muestra “Muro Móvil”, con los artistas plásticos Analía Romero y Nicolás Boschi. El color estalla ante nosotros, pero es el movimiento en cada obra lo que en realidad retiene nuestra mirada. ¿Acaso el movimiento es la idea que subyace al observar sus obras? ¿Serán los cuerpos que en la búsqueda identitaria reproducen cantos, bailes y rituales? ¿O será que las obras encarnan historias, caminos, noticias y pareceres? Todas huelen a tierra y a viento, a lunas y a soles. Todas suben y bajan, todas toman distancia y horizonte, todas rompen quietudes y palabras, todas bailan y contornean. Para que brillen sus diferencias, trazos y pinceladas, contienen el arduo trabajo y la complejidad de la técnica. Son el fresco, el esgrafiado, la pintura al temple y las encáusticas protagonistas de este viaje interminable.

¿Cómo fue el camino que los llevó a vivir con plenitud el arte de pintar?

Nicolás (N):– Mi tío, Eloy Boschi, fue particularmente importante. Es un muralista uruguayo y tiene murales en el puerto. Un día, ya siendo estudiante de Bellas Artes, me llevó a conocer algunos de sus murales. Eso fue impactante para mí. Ahí pensé: “Ah, ¡Yo quiero hacer esto!”. Fue un referente en muchas cosas, sobre todo le consultaba sobre las técnicas del fresco o el esgrafiado. Muchas de estas técnicas las aprendí luego en la Cárcova, una vez terminada la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.

Analía (A):– En mi caso siempre tuve la necesidad de expresarme con el dibujo. Lo hacía en las horas libres, en mis juegos. Así fue que de a poco me fui acercando al imaginario de la imagen. Después, ya en la secundaria, esa necesidad se fue profundizando y cuando tuve que tomar la decisión de qué hacer en mi vida me metí a estudiar en la Pueyrredón. Quería trabajar en un oficio en el que se conjugara la mente, el espíritu y el hacer –vuelve el recuerdo de papá tapicero y esto del oficio–, también la manufactura. El valor de la mano de obra: el hombre haciendo, la mujer haciendo, no de la máquina sino con la manufactura.

¿Considerás entonces que el hacer del artista es un oficio?

A:– ¡Claro! El oficio es el lenguaje que tenés para poder incorporar después el mensaje, lo que es inherente a la obra: la parte espiritual, la ideológica. El oficio no tiene cómo expresarse sin la manufactura. Primero es oficio y luego deviene la creación.

¿Hubo maestros que seguramente dibujaron un mapa de sentido a este primer trayecto?

N:– ¡Por supuesto! Eloy Boschi fue el primero en el ámbito familiar y después Aroldo Lewy, profesor de escultura en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y luego mi maestro. Sólo fueron dos años de esta relación, lamentablemente falleció muy pronto. También me marcaron Liana Delpiero en la Cárvoca, quien nos enseñó las técnicas de los murales; Ary Cardenas y Ricardo Ajler que fueron profesores de pintura en la Escuela Superior de Bellas Artes Regina Pacis. Después de toda esta etapa, en el camino de ir exponiendo y mostrando, apareció Antonio Pujia. Fue una iluminación para nosotros. En ese momento, año 2011, estábamos realizando las primeras muestras de América en Colores y lo invité. Para mi sorpresa, vino a la obra y llamó por teléfono al taller.

A:– Fue una charla entrañable, hermosa. Él nos enseñó la técnica de la encáustica, que consiste en pintura a base de cera virgen de abejas. En 2015 hicimos la primera muestra en nuestro país. Antonio Pujia nos dio una herramienta de trabajo. El modo de enseñarlo es empírico- práctico. Un método de enseñanza que nos transmitió él, que es hermoso y que, por sobre todo, se entrelaza con el hacer.

¿En qué consiste América en Colores?

N:– América en Colores surge con la convicción de que la ética y la estética van juntas. No son cuerpos separados. Lo formal y lo ideológico son el mismo cuerpo indivisible. A partir de esa idea, recuerdo un profesor de Historia del Arte que nos planteó que para él no existía un arte nacional. Cuando le hablábamos de Castagnino, de Berni o de Gomez Cornet nos decía que esos pintores eran imitadores de modelos europeos. Pero al mirar a Berni, vimos que había viajado a Europa y al volver realizó esas pinturas tan despojadas, tan pampeanas. En Berni aparece Juanito Laguna o los monstruos que aparecen en las pesadillas de Ramona. Ahí hay arte nacional y también popular. Por otra parte, en esa época de estudiantes, tratamos de identificarnos con la música nuestra y el proyecto de Gustavo Santaolalla y León Gieco “De Usuhaia a La Quiaca”. Entonces pensamos que también nosotros podíamos emular este proyecto, poniendo el cuerpo, pero para la plástica. Desde la filosofía, apareció Kusch, que plantea que para entender el pensamiento americano hay que ir a los lugares concretos donde la gente vive y cultiva, por eso él va al altiplano. Libros como “América profunda” o “Indios, porteños y dioses” ponen en un lenguaje muy popular todas esas investigaciones. Empezamos por el altiplano en el 2006. Fuimos a Jujuy y nos quedamos un mes allí en los pueblos de la Quebrada de Humauaca. Purmamarca, Uquía, Iruya, Tilcara, Humauaca y Maimará. Pintamos en cada uno de los lugares, armamos un taller portátil. La idea era empezar y terminar la pintura en el lugar.

Pintura de Evocación: “El Milenio del Arte” Temple sobre madera 160 x 90 cm Nicolás Ramón Boschi 2018.

¿Es como si fuera una fotografía del lugar?

N: Sí. Nosotros les decimos, in situ.

A: Lo que nos permite cuando llegamos a cada lugar, es recorrerlo, conocerlo y tratar de desentrañar cuál es el corazón de ese espacio. Entonces quizás una pintura vamos dos o tres días para continuarla. Por eso lo del óleo. Por eso diferenciamos del viaje turístico, lo atravesamos desde la línea de Kusch estando en los lugares. Estar nos permite de pronto participar de festejos propios delos pueblos. Siempre nombro un pueblito paradigmático que es Los Nevados, en Venezuela. Es una calle, la iglesia, la radio en el medio, y la gente viviendo de su siembra, de su cosecha. Y ahí se festeja el día del niño, que se llama la Paradura. Estábamos pintando, nos vinieron a hacer la invitación, y formamos parte de esos festejos. Vas a las casa de los vecinos, te hacen la invitación, después haces otro recorrido. Y empezamos a formar parte y a vivir intensamente lo que era ese pueblo. Entonces, después en la pintura no queda ese registro, sino que se carga de un montón de vivencias. Y ahí es donde surge la necesidad de la evocación al regreso. Evocar es volcar ese sentimiento vivido.

Imagino como esos museos in situ, donde la gente participa y trae lo propio, y esto no tiene nada que ver con una fotografía.

A: Claro. Después el registro fotográfico se suma. Vamos haciendo registros fotográficos que nos quedan como documentación, para después abordar determinada composición. También tenemos un registro escrito y también oral.

N: Tenemos algunas filmaciones. Particularmente el registro oral, muchas veces nos cuentan cosas y vuelvo a la noche y por ahí escribo. Llevamos siempre diarios de viaje que estamos tratando de sintetizarlo en nuestro blog: (http://americaencolores.blogspot.com/). Es un trabajo muy arduo porque uno escribe mucho en el viaje. Y después para el blog hay que tratar de sintetizar un poco.

A: Pero está bueno escribir en el momento porque después hay sensaciones o hechos puntuales que lamentablemente uno olvida cuando pasa el tiempo… Y volvés a ese diario a encontrarte con esa emoción primera. Es importante.

¿Cómo fue el viaje a Cuzco?

N:– La obra “Creen los indios” sucede en Cuzco en la Cuesta de Santa Ana, donde Kusch comienza con su libro “América profunda”, comienza con el ascenso a la cuesta de Santa Ana y la sensación que él va teniendo. Como la Paradura de los Andes venezolanos, este es el festejo propio del Cuzco. Por eso se da esta situación de bailes. Está presente Tici Viracocha, el creador del mundo. También la chola bailando con toda esa vestimenta tan típica de la época. Es el día del niño Jesús, el día de los Reyes Magos; en Venezuela el 6 de enero es la Paradura. Es siempre la misma fecha que cada pueblo la va resignificando y se la va apropiando. En nuestras obras volcamos esa imagen sincrética, entrelazando lo europeo con lo americano precolombino. Cuzco hoy día es extremadamente turístico. El turismo para nosotros en realidad es un problema grave porque desfigura los lugares. Allí todo es muy interesante, el lugar en sí mismo, las casas, la arquitectura, las rocas. Dan ganas de pintar y dibujar todo, pero no encontrábamos cómo hacerlo. Entonces anduvimos, y en un determinado momento nos acordamos de Kusch y nos preguntamos: “¿Dónde está la Cuesta de Santa Ana?”. Allí estaba todo el pueblo de fiesta. Era como estar en el libro de Kusch, porque esa parte no fue modificada para el turismo, era el Cuzco de los que trabajan y viven allí.

 

Pintura de Evocación “Creen los Indios”- Nicolás Ramón Boschi- Encáustica sobre madera – 270 x 160 cm 2018

 

¿Por qué Murales y porqué Móvil?

N: Todo viaje nos fue modificando. Incluso si ves las pinturas que hacíamos en el 2006 del altiplano, son muy distintas de las que vas a ver hoy después del viaje a México y Guatemala. A veces inclusive los colegas nos dicen “pero estás cambiando todo el tiempo la manera de pintar”. “Sí, para eso viajo!” Justamente estoy tratando que me atraviese el espacio. Cuando haga algo parecido, quiere decir que el viaje no tiene tanto sentido. Y México en ese sentido es muy importante en cuanto a los murales. Si bien el muralismo siempre nos estuvo atravesando, desde la época de la Cárcova, pensamos que hay varias maneras de mirarlo y de abordarlo. Lo primero que siempre sostuvimos es que no por ser una pintura en la pared y por ser una pared grande o una pintura grande, va a ser un mural. Entonces, ¿qué pasa si vos planteas la posibilidad de que el mural no esté en la pared y pueda ser trasladado? Esto concretamente tiene un arraigo histórico en los mexicanos. En el Rockefeller Center a Diego Rivera le tiraron abajo un muro, por haber pintado a Lenin y a Marx. Fue por una cuestión política. Después de esto, Rivera, Orozco, Siqueiros  comenzaron a hacer todos los murales en bastidores móviles de acero, que se pueden sacar de la arquitectura. Están empotrados. Y eso les viene muy bien para restaurar.  Lo sacan, lo restauran, y si tiene algún problema de arquitectura, de humedad, también lo pueden mover. Berni también tuvo en su época problemas políticos para pintar. Y Siqueiros había venido acá a dar conferencias y no pudo pintar en el espacio público por las mismas razones políticas. Se tuvo que ir al sótano de la quinta de Botana. Ahí  el mural no era móvil pero lo desmontaron con la idea de realizar muestras itinerantes, luego de un litigio y luego de estar muy mal guardado en un depósito durante años finalmente hoy está atrás de la Casa Rosada por las gestiones realizadas durante el Kirchnerismo. Nuestros murales en particular surgen de una arquitectura a nivel proyectual. Podrían estar allí montados. Pero elegimos que puedan ser desmontables y trasladados. Y aquí se suma un aspecto más que nos sucede hoy: las arquitecturas contemporáneas mudan permanentemente, cambian su función. Por ejemplo donde había una pared ahora quieren hacer una puerta porque tiene que salir mucha gente por ahí. Ante esto, el mural móvil te permite  que lo desarmes fácilmente y de esta manera la obra no se destruye.

Analía Romero, artista plástica

 En este momento en que las mujeres estamos explotando a la vida nueva, veo estas obras enormes, de mujeres enormes. Contame Analía sobre tu mirada.

A:– Con estas mujeres estoy tratando de visibilizar los cambios sociales que impulsamos en Argentina y en toda América. Tomé como eje temático la reivindicación de las mujeres trabajadoras, las luchas de las mujeres que se vienen desarrollando por la igualdad de derechos y la reivindicación de su rol en la sociedad. Son mujeres anónimas de nuestra tierra que luchan día a día y van tejiendo una estructura social más justa, más equitativa, en sus oficios, en sus paisajes, en sus pueblos, en sus diferentes contextos y realidades. Ellas son vendedoras de Cartagena de India, de Colombia. Están ahí día a día, en su cabeza llevando esas frutas con orgullo porque es el trabajo de ellas, su sustento. En otras obras se las ve rodeadas de sus flores, de sus contextos, con sus oficios que desarrollan diariamente. Están embebidas del colorido del lugar. No sé si me hubiera puesto a pintar con un rosa tan estridente combinado con un azul. Pero eso sucede ahí, entonces lo tomo como paleta, lo apropio y lo plasmo. El viaje también te va invitando a transformar tu lenguaje permanentemente.

Analía Romero,” Vendedoras en Cartagena de Indias” (encáustica sobre madera, 240 x 90 cm)
Analía Romero,” Vendedora con perro” (encaústica sobre madera, 320 x 270 cm)].
Nicolás Boschi, artista plástico

Las obras de la muestra parecen contar historias. ¿Es así? ¿Alguna obra de la muestra que quieran destacar?

N:– Una de las obras centrales cuenta la historia de Beatriz. Beatriz era una religiosa, una escultura que encontramos en un museo de Guatemala. Esto sucede en la Antigua, Guatemala. La ciudad tiene un volcán. Beatriz era la mujer de Pedro de Alvarado, que era el conquistador de la zona. Ella estuvo esperando a su marido mucho tiempo, guardando las costumbres de la Iglesia. De la Iglesia a su aposento, y de su aposento a la Iglesia. Y se entera que tres meses antes había muerto su marido. Ella lo había estado esperando por años. La típica historia de que se le va la juventud esperando. Entonces ese día rompe su luto, sale y dice: “Yo voy a gobernar, ¡yo soy la gobernadora!”. Y se encuentra con un mundo que le era totalmente extraño. Le daba mucho rechazo su pueblo, la gente. Ese día el volcán explota y arrasa con todo. Ella muere. Las mujeres que la servían están con las máscaras de los festejos populares de Guatemala. De Antigua en este caso. Y hay varios símbolos en la pintura: el pájaro que anuncia la muerte, la explosión del volcán; el tiempo que le ha pasado a ella, que es la torre del reloj. Las vendedoras que, aunque el volcán vaya a explotar, no les importa ya que para ellas la vida es parte de la muerte, y la muerte es parte de la vida. Beatriz odia a su pueblo. El día que inauguramos le contamos esta historia al intendente. Cuando se lo estaba relatando le dije espontáneamente: “¡Estoy hablando de Mauricio Macri!”. Estoy hablando de una persona que no quiere a su pueblo, está incómodo gobernando y se quiere ir lo antes posible, ¡es como Beatriz! No me había dado cuenta de tal alegoría hasta ese momento.

Nicolás Boschi, “Pintura de Evocación Antigua, Guatemala” de 2017. Encáustica sobre madera, 320 x 270 cm]

“La ética y la estética van juntas. Lo formal y lo ideológico son el mismo cuerpo indivisible.”

“En nuestras obras volcamos esa imagen sincrética, entrelazando lo europeo con lo americano precolombino.”

“El viaje te va invitando a transformar tu lenguaje permanentemente.”

 

Mega Mural en El Refugio del Arte (Wilde – Avellaneda). La obra, de 60 x 15 metros, gira en torno a la irrupción de la cultura de la conquista sobre la simbología originaria y cómo esa síntesis sigue vigente en la actualidad de toda América.