Por Redacción Hamartia

El equipo de No Nos Queda Otra entrevistó a Nora Merlín, psicoanalista, docente y magister en Ciencias Políticas, sobre su reciente nota “El odio, un flagelo neoliberal”, publicada en Página/12. Escuchá el audio completo haciendo click acá:

 

Subjetividad, odio y razón

La realidad económica ofrece un horizonte desolador. Día a día aumenta el desempleo, suben los servicios, crece la inflación, pero caen los salarios y las expectativas. Aún así, pareciera ser que el oficialismo todavía tiene oportunidades electorales ¿Cómo explicar esto?

Nora Merlín señala directo hacia el modo en que la derecha trabaja sobre los afectos: el miedo, el odio, la angustia… “Tenemos que empezar a pensar el par neoliberalismo-odio / totalitarismo-odio”. Pero, de acuerdo con la psiconalista, “no hay que pensar en malos que inoculan odio, más bien hay que entender que los totalitarismos son incapaces de sobrevivir sin apelar al odio”.

“Vivimos una emergencia de totalitarismos donde no importa tanto la verdad sino el impacto que producen unas imágenes-símbolos que circulan, inoculando odio”. Según esta línea, “totalitarismos son modos de producción de subjetividad social y de segregación” que, valiéndose de los medios concentrados de comunicación, logran reproducir una cultura de masas.

Nora Merlín.

El giro afectivo

En la época de la posverdad, Merlín entiende que resulta fundamental ponderar el modo en que el neoliberalismo pretende un goce absoluto sin distribución y al servicio de minorías privilegiadas. “Cualquier forma de goce que sea distinta a la racional y verdadera, es insoportable”. De ahí que se haga un “uso instrumental del odio”, casi como un nuevo Plan Cóndor, capaz de debilitar democracias, destituir gobiernos o demonizar y encarcerlar sin ningún tipo de pruebas.

Por todo esto, asegura Merlín, el campo popular debe “decidirse hacia el giro afectivo, el eros. Sin caer en hippismo o New Age, verdaderamente es el amor lo único que nos puede salvar, lo único que puede actuar en contra del odio. Eros es el afecto político por excelencia, es ligadura, discurso. Hay que poder decirse a incluir los afectos a la política, porque el paradigma de la razón ha caído. Las madres y abuelas de plaza de mayo pueden funcionar como modelo.”

Leé la nota de Página/12 haciendo CLICK AQUÍ