Escribe Jimena Riveros

Desde hace un par de semanas, para este #8M, hay diferentes charlas, talleres y actividades propuestas por diferentes organizaciones que buscan visibilizar las  temáticas que envuelven al feminismo y a la cuestión específica de género. Este año, el paro internacional de las mujeres trabajadoras tuvo una mayor adhesión por parte de otras organizaciones. Parece ser que la dirigencia -muy mayormente masculina, y todavía tremendamente machista- empieza a reaccionar frente a este aluvión de mujeres que ya no esperan más. El tiempo es ahora.

En este contexto, el área de géneros de la organización villera La Poderosa, realizó del 6 al 8 de marzo un acampe feminista frente al Congreso, que contó con charlas en rondas, actividades deportivas y musicales.

Dina Choquetarqui tiene 19 años. Se presenta como migrante e integrante del Espacio de Comunicación y de Género del Barrio Fátima. Dice: “No solíamos juntarnos entre mujeres. El machismo en el barrio está muy encima aún y es muy distinto un feminismo de clase media que un feminismo villero, porque los varones salen a trabajar y las mujeres se quedan cuidando a los hijos o sobrinos o nietos y, obvio, a limpiar. Nosotras vivimos en la villa y sufrimos violencia institucional, se nos complica conseguir trabajo cuando decimos que vivimos en la villa. Hay una tendencia a estar en las casas. En mi familia, por ejemplo, soy la primera que está yendo a la universidad y es algo zarpado. Mi familia me apoya pero también me exige que cumpla el rol tradicional de mujer: que cuide a mis hermanos. Les cuesta un poco entender que mi hermano varón puede tener otros roles y que yo como mujer también”.

Dina llegó a los seis años a la Argentina y vive en carne propia el racismo y la xenofobia que aún hoy existen, incluso en la villa. Pero, a medida que fue creciendo, concluyó que eso sucede porque “es algo que generaron por décadas el propio Estado y los medios”.

Una villa es plurinacional y no nos dejan ver la belleza que hay entre tanta diversidad.

Respecto al acampe para Dina es algo “muy zarpado” porque sus voces siempre fueron silenciadas: “Hicimos un acampe porque con marchar el 8 no nos bastaba. Exigimos recursos que nos tiene que dar el Estado porque hay un montón de situaciones que atravesamos y estamos desamparadas. Tenemos vecinas que trabajan todo el día en los barrios y no son reconocidas como trabajadoras”.

Yamila Aquino es comunicadora en su asamblea y fotógrafa de la revista La Garganta Poderosa. También es referente del Espacio de Género Adolescente y es parte del Espacio de Fútbol Femenino. Yamila cuenta cómo fue el proceso que fueron atravesando hasta lograr lo que define como una lucha ganada. “Nosotras nos organizamos en el barrio. Un día dijimos: queremos jugar a la pelota y nos costó un montón lograr que nos acepten como opción”. Fue una lucha pero reivindicamos eso porque armamos un equipo de pibas del barrio.

Generalmente organizamos amistosos con otros barrios de La Poderosa y también torneos. Tuvimos que pasar por comentarios super machistas, producto de nuestra sociedad, pero es lindo poder cambiar las cabezas también”.

es una lucha ganada porque, de no poder jugar en las canchas, pasamos a que los chicos vengan a vernos jugar. Tenemos equipos de varones, de mujeres y también mixtos. De Fátima, por ejemplo, salieron dos equipos mixtos (risas).

Para Yamila el acampe es otra oportunidad para que las vean y las escuchen porque, muchas veces, al ser villeras se vuelven invisibles para el Estado.

Daniela Mérida tiene 27 años y es referente del área de salud. “Sucede que, cuando hablamos de salud, de enfermedades, de cuidados, de atención urgente, de seguimientos médicos y de ambulancias, todo es distinto si vivís en una villa. Y es diferente porque los pasillos son tan angostos que ni una camilla pasa, porque las ambulancias no entran, porque los profesionales de la salud tienen miedo. Entonces, los, las y les villeros muchas veces mueren en situaciones totalmente evitables”.

Revista Hamartia

Daniela explica que, respecto a la salud, con este gobierno empeoró bastante porque “que un Ministerio sea una Secretaría ya explica mucho y queda claro que las políticas públicas de salud no les importan nada”. Desde la organización que integra decidieron trabajar en la formación de promotoras de salud en los barrios que, van de punta a punta, haciendo postas. “Ellas promueven la salud e informan de las enfermedades. Muchas vecinas estamos al pie de cañón con todo esto”. Realizan charlas, capacitaciones y muchas veces trabajan con la salita del barrio para que se den talleres de ESI, por ejemplo. “Imaginate que en el barrio el tema del aborto fue complicado porque llegaba otro tipo de información. Las mujeres de nuestro barrio lo toman como un tema tabú, aunque hoy por suerte se está hablando”. “Mis vecinas abortan con yuyos, por ejemplo. Cuando empezamos a hablar del tema empezaron a salir historias”.

Revista Hamartia

“El Espacio de Género ayudó a que muchas vecinas empezaran a hablar y a contar qué les había pasado. Se empieza a visibilizar y es algo zarpado cuando empiezan a hablar, empiezan a soltar y cuentan que lo hicieron con un yuyo. En el barrio esto sigue existiendo y es por la falta de información y porque el aborto es ilegal. La información que llega es ‘provida’, es terrible”.

En las villas, el patriarcado es muy fuerte, hay muchísimo machismo, explica Daniela, y cuenta parte de su propia historia: “Mi viejo, por ejemplo, quiere que yo esté en mi casa, cocinándole a mi hermano. El no entiende lo importante de la militancia y de querer transformar la realidad, aunque él de joven lo hizo pero claro, él era varón”.
“Nosotras venimos exigiendo reivindicaciones básicas: salarios para las compañeras jefas de comedores y merenderos, que son las que trabajan todos los días para que los pibes y las pibas de los barrios coman; lo mismo para las promotoras de salud. Este acampe es otra estrategia para mostrar todo esto. Aunque sabemos que violencia de género sufren mujeres de todas las clases sociales, en nuestro caso se suma la violencia institucional, la represión del Estado que sufrimos en los barrios y que muchas veces no se visibiliza”.

Queremos mostrar nuestra realidad porque nosotras somos feministas.

“Lo que cambió en los últimos años fueron las palabras, porque ahora las villeras nos vemos feministas, pero lo somos desde hace muchísimo tiempo. Porque las compañeras que fueron referentes de ollas populares en los noventa también lo eran. La palabra sororidad, por ejemplo, esa hermandad que se genera en el barrio entre nosotras, porque vos tenes un morrón, yo tengo arroz, otra tiene de cebolla y hacemos algo todas juntas con eso. O sea, ya existía la sororidad, pero ahora tiene una palabra”.

Dina, Yamila y Daniela son tres voces que representan a miles de mujeres villeras que sufren la misma violencia que sufrimos todas por el sólo hecho de ser -o sentirnos- mujeres, pero cargan encima con la mirada estigmatizante de la clase: padecen un Estado que las niega por villeras, por pobres, por no haber nacido en un barrio ‘bien’. Y ellas patean al tablero, la pelota, te arman unas charlas de prevención, te organizan la olla popular, te recorren las casillas para escribir la historia de otras y otros. A estas pibas ya no las calla nadie y por eso se plantaron frente al Congreso. Porque porque vivas nos queremos. Porque exigimos nuestros derechos. Porque si a ellas les faltan derechos, nos faltan a todas.