Escribe: Daniel Rosso (*)
Fotografía: Pedro Guridi

 

Las políticas gubernamentales producen una agenda diaria de temas críticos: desempleo, exclusión, cierre de empresas, aumento de la pobreza, etc. De algún modo, estos absorben a muchos dirigentes opositores transformándolos en una especie de “cronistas de la crisis”. ¿No te parece que, quizás, ya llegó el momento de comenzar a plantear algún discurso más propositivo? ¿No es necesario volver a regenerar una esperanza o un nuevo entusiasmo?

Yo creo que sí. Pero me parece que también hay que tener en cuenta los tiempos, ¿no? Primero tenemos que trabajar en resolver el tema de la unidad. Luego, debemos ocuparnos de todo el resto, entre otras cosas, la cuestión de las propuestas. Me parece que todavía no estamos en el tiempo de las propuestas porque aún no resolvimos el problema de la unidad.  En el peronismo, y en la oposición más amplia, hay muchas coincidencias sobre el diagnóstico y sobre lo que hay que hacer en general. Pero, después hacen falta otras cosas. Y esa letra fina demanda más tiempo.

Hay como una tensión entre sectores que imaginan propuestas más vinculadas al 2015, a cierto kirchnerismo de ruptura, y otros que se inclinan por una especie de “gobierno de transición”, con propuestas más ubicables en el 2003, 2006 o 2007. ¿Ves esa tensión?

Para mí no es un problema de tensión. Acá lo que debe imperar es la racionalidad. Las políticas que se pudieron hacer en un momento, son difíciles de hacer en otro. El contexto mundial fue muy distinto en 2007, 2013 o  2015. Y, por supuesto, también es distinto hoy. No hay lugar para los estereotipos. Ni siquiera los que levantan la bandera del kirchnerismo tienen un estereotipo. No son rígidos. El kirchnerismo, desde sus orígenes, es un proyecto político de un pragmatismo absoluto a favor de la gente. No es un pragmatismo en contra de la gente como el que proponen los neoliberales, que le causan dolor a las mayorías. Si vos me preguntás por el escenario que se viene, se parece mucho al del 2003. Tal vez deberíamos tomar más elementos de esa época.

Primero tenemos que trabajar en resolver el tema de la unidad. Luego, debemos ocuparnos de todo el resto

Teniendo en cuenta lo que señalaste como insuficiencia de debate interno, o como falta de “racionalidad política” en el kirchnerismo, y que Cambiemos se apropió del discurso liberal- republicano, en defensa de las instituciones y de las libertades individuales, ¿pensás que hay que disputar ese discurso?  Porque el peronismo ya intentó incorporarlo, durante la renovación en los ochenta o en el 2007, cuando Cristina planteaba el ingreso a una etapa “institucionalista”. Y ahora da la impresión de que  Cambiemos lo está perdiendo.

Son cosas diferentes. Por un lado, la cuestión del debate y por otro lado el tema institucional. Yo hablo de que lo peor que tuvo Cristina fue la falta de debate, cierta práctica de intentar instaurar un discurso único, de no dejar lugar a ninguna mirada crítica o mínimamente diferente. Y eso me parece que ha producido un costo enorme. La falta de debate fue tremenda. Una de las discusiones que tiene que darse el peronismo es “qué es”. Porque fue conservador con Luder, neoliberal con Menem, conservador-popular con Duhalde, progresista con Kirchner y sólo fue obediente con Cristina. Y fue esa condición de obediencia que mató al peronismo. Porque la política no es un ejército. No se le obedece a un general. La política es un lugar donde se debate y se confrontan ideas. Al debate hay que recuperarlo.

Y otra cosa es el problema institucional. Yo creo que Cristina tomó un par de medidas en materia institucional que fueron realmente muy controvertidas, como la Ley de Democratización de la Justicia, que fue un error garrafal. Pero a la luz de lo que vino después con Mauricio Macri, todos los cuestionamientos que yo le hacía a Cristina parecen un juego de niños. Lo de Macri ha sido tremendo. En este contexto, recuperar la calidad institucional es una necesidad. Y para eso no hace falta, de ningún modo, modificar la Constitución o sacar nuevas leyes. Tenemos todos los instrumentos legales para hacer lo que tenemos que hacer. Ya tenemos una ley de Defensa de la Competencia, una ley Antimonopolio, una ley de Defensa del Consumidor que nos permitirían actuar. Pero si tenemos al frente del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) a un tipo que fue a declarar en diez causas contra el Estado Argentino y a favor de las empresas eléctricas, es muy difícil que lo que haga sea a favor de los consumidores o usuarios.

el escenario que se viene se parece mucho al del 2003. Tal vez deberíamos tomar más elementos de esa época.

El gobierno está perdiendo ese discurso liberal- republicano que le acercó Carrió, entre otros, y sobre el que armó el andamiaje discursivo de la lucha anticorrupción. Además, su discurso de la pobreza cero y del desarrollo económico ya no tiene ninguna verosimilitud. ¿Al oficialismo sólo le queda el discurso de la “seguridad”?

Lo de Carrió en materia institucional es una fantochada. Carrió soportó cosas que ocurrieron en el Consejo de la Magistratura que nadie que se sienta mínimamente republicano puede  tolerar. Por lo tanto, Carrió no es abanderada de ninguna República. Carrió es una farsante. Respecto al discurso de la pobreza cero y del desarrollo económico, lo único que hicieron es demostrar, una vez más, qué pasa con la economía argentina cuando la dejás en manos de tipos que insisten con la Teoría del Derrame. Pero Macri, tuvo además el mérito de haber unido en el escenario electoral a toda la fuerza antiperonista. Y todo su discurso tiende a decir: “Si no estamos nosotros, vuelven todos sus problemas” o “El peronismo, esos ‘setenta años’, son la causa de todos sus males”. Ése es el único discurso que le queda a Macri. Porque el discurso punitivista me parece que tampoco lo tiene. ¿Dónde están los protocolos anti piquetes, por ejemplo? ¿Dónde funcionaron? ¿Qué hicieron? Si ahora el índice de delito es mayor que antes. ¿Qué fue lo que hicieron bien en materia de enfrentamiento del delito? Absolutamente nada, es todo un juego de discursos e imágenes, pero nada más.

todos los cuestionamientos que yo le hacía a Cristina parecen un juego de niños. Lo de Macri ha sido tremendo. En este contexto, recuperar la calidad

institucional es una necesidad.

 

Alberto Fernández. Foto Pedro Guridi
Alberto Fernández. Foto Pedro Guridi

Esto último que decís, ¿te parece que es un discurso visible o que sólo lo vemos nosotros?

Yo creo que es visible. Lo que pasa es que hay cierta idea, arraigada en la gente, de que nosotros somos los garantistas, que estamos a favor de los delincuentes y que ellos, por el contrario, están a favor de la gente que quiere a los delincuentes presos. Pero ellos no han metido presos a los delincuentes. La seguridad no ha mejorado para nada. Pero, tal vez tenés razón, me dejás reflexionando.

Por ejemplo, alrededor de Vidal han construido un relato de que vive en un lugar protegido porque es atacada por las mafias…

Lo que tiene Vidal es que piensa lo mismo que Macri, vota lo mismo que Macri, cree lo mismo que Macri, tiene su misma política. Pero es una mujer de clase media que no proviene de una familia que se hizo rica robándole al Estado. Y aunque, de algún modo, aligera su imagen negativa, a la hora de votar la gente se da cuenta. Hoy Vidal no es lo que era. Vidal acompañó y justificó todos los errores de Macri.

El lugar donde se hicieron fuertes, con el amparo de los grandes medios, fue en el tema de la corrupción. Y si bien ellos tienen casos de sobra, parecería que los corruptos son los opositores, ¿no?

Esos son relatos que supieron afianzar y que algunos de los nuestros  han dado elementos para que los crean. Pero la verdad es que Macri no está combatiendo la corrupción, la está legitimando. La familia del presidente blanqueó 600 millones de pesos y es plata que le robaron al Estado. Nosotros tenemos que asumir un compromiso y mostrarle a la gente que somos y vamos a ser mejores que ellos. Y asumir un segundo compromiso que diga que vamos a ser mejores de lo que fuimos.

¿Y en qué te parece que tenemos que ser mejores de lo que fuimos?

Tenemos que ser más osados en algunos temas económicos que en los últimos años de Cristina no se manejaron bien. Por ejemplo, hacer un gran acto de promoción de inversiones, dar muchas ventajas para generar empleo, para levantar la economía, para incentivar el consumo. Hay que terminar con vicios que tuvimos, como el de querer manejar la Justicia.

Macri no está combatiendo la corrupción, la está legitimando.

La foto de Cristina con Felipe Solá, que obviamente es una señal más del proceso de unidad, ¿cómo la viste?

Muy bien. Felipe me planteó hacer esa reunión. Yo solamente organicé el encuentro. No tengo nada más que ver con eso. Él quiso dar el mensaje de que la discusión sobre quién es el mejor candidato de la oposición hay que darla en ese espacio, en el espacio que lidera Cristina, porque es la que más volumen electoral tiene. Él no piensa igual que Cristina, tiene diferencias con ella. Por eso, a mí me parece muy valioso lo que hizo. Es mi amigo, con lo cual solo  puedo decir de él cosas buenas. Pero también fue una señal para los peronistas que se están quedando afuera. Les dice: “Vengan y discutan acá, porque éste es el espacio”.

La unidad se va a producir por convicción o por resignación. Los que aún no vinieron van a venir porque están, como yo, convencidos de que el camino es que nos unamos. O van a venir porque se van a dar cuenta de que solos no pueden. Aquella frase que dije en febrero de 2018: “Con Cristina no alcanza y sin Cristina no se puede”, es una gran síntesis de lo que pasa.

¿Pensás que cristina va a ser candidata?

Si la elección fuera hoy, es muy difícil prescindir de ella. Porque es la candidata más votada de la Argentina. Tiene más votos que Macri. Lo que pasa es que los presidentes o los ex presidentes, los ministros o los ex ministros, los que vivimos en el mundo de la política somos seres humanos. Y, por lo tanto, también tenemos reacciones humanas. Yo no sé ella cuántas ganas tiene de asumir en un país que va a ser un desastre.

Y el rol de Lavagna en el proceso de unidad, ¿cómo lo ves?

No lo veo. Lavagna es un ser ajeno a la política. Hace 12 años que no sabemos nada de él. Es un hombre muy valioso, yo tengo mucho respeto por él. Pero es un hombre del cual el 65% de la gente no sabe quién es. Me parece que es como un manotazo de ahogado de los que quieren construir una oposición sin Cristina: buscan en él una figura que, de algún modo, equilibre a Cristina. Pero una vez ya lo probamos. Y Cristina sacó 45 puntos y él 17. Lavagna es un hombre muy valioso. Pero hay mucha gente valiosa a quien la gente no ve como candidata. Yo siempre pongo dos ejemplos: Facundo Manes y Juan Carr. ¿Hay alguien socialmente más reconocido que Juan Carr? No debe haber nadie. Pero para ser presidente hacen falta otras cosas. Cosas que no tiene. Yo he conocido a todos los presidentes de la democracia. Y ser presidente es otra cosa. No cualquiera puede serlo.

La unidad se va a producir por convicción o por resignación. Los que aún no vinieron van a venir porque están, como yo, convencidos de que el camino es que nos unamos.

¿Qué ves en común entre esos presidentes? ¿Cuáles son los atributos?

Tienen, en muchos casos, un atributo imprescindible: la capacidad de conducción de la gente. El carisma que tienen muchos presidentes, que hace que la gente los siga. El que tuvo Alfonsín, el que tuvo Menem, el que tuvo – a su modo- Néstor, el carisma de Cristina, que es muy grande.

¿Por qué decís “a su modo” en el caso de Néstor?

Porque Néstor fue convenciendo con actos más que con otra cosa. Aunque cuando convenció con actos, tuvo mucho carisma. Pero hay otros que tienen carisma en sí mismos. Cristina tiene carisma. Yo, por ejemplo, tengo un defecto en la política: el de intelectualizarla mucho. El que quiera ser presidente, no puede intelectualizar. Sería un tipo que tiene una “locurita”, en el mejor sentido, que cree que representa a todos: al empresario y al que trabaja, a sectores con intereses totalmente enfrentados. Y él lo cree. Pero si vos no lo crees, no podes ser presidente. Esa condición la tiene muy poca gente. Son tipos que sienten que están en condiciones de hacerse cargo de tus problemas y que son capaces de resolverlos. Muchos de los que estoy nombrando no tienen esa condición. Lavagna, por ejemplo, me parece un hombre enormemente racional que le  costaría mucho ser presidente. Porque la racionalidad choca muchas veces con esta “locura” del presidente.

¿Y Massa?

Massa es, en su generación, el más preparado que yo conocí. Creo que ha cometido muchos errores políticos del 2003 en adelante, demasiados para mi gusto.

Vos recuperás mucho, en el último tiempo, la figura de Axel Kicillof

Yo no lo conocía a Kicillof. Y la verdad es que me cae bien porque es un tipo muy preparado. Es un tipo que tuvo la gentileza, después de escuchar mis críticas, de decirme: “Escuché tus críticas, vení, nos sentamos a almorzar” y durante dos horas me explicó por qué tomó cada una de las decisiones por las que lo criticaron. No necesariamente me convenció, pero debo reconocer que sus decisiones eran una posibilidad dentro de la realidad que se vivía. Es un fenómeno raro de la política argentina. Avisa por las redes: “Mañana voy a estar en Pinamar a las tres de la tarde”. Se va con una tarima y un micrófono a hablar y junta a cinco mil personas. Yo eso no lo vi nunca.

*Sociólogo. Periodista. Especialista en Comunicación. Ex Secretario de Comunicación de la Ciudad de Buenos Aires. Ex Subsecretario de Medios de la Nación. Docente en las Facultades de Ciencias Sociales y de Ciencias Económicas de la UBA, Universidad Nacional de José C. Paz y Universidad Nacional de Tres de Febrero. Autor de “Máquinas de Captura. Los medios concentrados en tiempos del kirchnerismo.”