Escriben: Federico Nanzer / Nuria Giniger (1)

Hablo ahora de Córdoba, con demoradas voces de trasmundo y sigilosa conjura, marchitas vírgenes arrepentidas, arañas nocturnas hilando infamias, el cretino importante y las familias venidas a menos, con las fincas hipotecadas y las butacas embargadas”.

Elegía”, Enrique González Tuñón (2)

En la entrega anterior, analizamos el “modelo del cordobecismo” en la trama de relaciones actuales. En esta oportunidad, nos detenemos a pensar estrictamente el escenario electoral y esbozamos algunas premisas de construcción.

A la hora de mirar las elecciones cordobesas en clave de una estrategia política nacional es imprescindible entender el escenario cordobés. Es el segundo distrito del país y ubica su elección como la última grande antes de las PASOS nacionales, y a un mes del cierre de presentación de listas para las mismas. Además, presenta, tal vez a modo de anticipo, un Cambiemos dividido entre la UCR y la Casa Rosada. En este escenario es central no subestimar el rol estatal que las derechas despliegan en la contención evidente del conflicto social (con una devaluación y una inflación que no cesan). Y por otro lado, nos encontramos con un anticipo en el diseño una alianza electoral, que deja afuera al progresismo y a la izquierda: a sus organizaciones, referentes y programas. Este es el formato de Hacemos por Córdoba y que convierte a las elecciones provinciales una jugada nacional para agosto y octubre.

Juan Schiaretti

Eso inevitablemente modifica la lectura y las decisiones sobre como jugar en la elección cordobesa. Un 12 de mayo a la noche, con Schiaretti triunfante, y el espacio ligado a Unidad Ciudadana y a CFK cuarto, con el titular “Cristina perdió en Córdoba”, flaco favor le hubiera hecho a la estrategia nacional de construcción de una Nueva Mayoría Popular hacia octubre. Este elemento siempre estuvo en la discusión, lo atravesó, lo condicionó y finalmente fue determinante. Desconocerlo o solaparlo o mezclarlo con impericias locales que no las hubo o no más que otras veces, sería tergiversar lo sucedido y construir falsas y erróneas conclusiones.

Por el contrario, la opción electoral del sector progresista y de izquierda tuvo resquemores y pereza intelectual para reflexionar sobre una estrategia que permitiera recoger el acumulado de las luchas y resistencias contra el gobierno provincial (Luz y Fuerza y sus luchas en contra de la desnaturalización de la EPEC, las trabajadoras precarizadas del Polo de la Mujer, lxs ambientalistas y los sectores que se opusieron a la Autovía de Montaña, para nombrar solo algunos), contribuyera a la construcción de una Nueva Mayoría Popular a nivel nacional –con CFK a la cabeza-, al tiempo que impidiera la victoria de un sector de Cambiemos en la provincia (porque no se debe soslayar que Mestre y su enfrentamiento a los porteños lo ubica como el defensor del cordobesismo, y por eso lo ponen en el lugar más deseado por lxs votantes cordobeses). Pero para esto, se requiere poner la inteligencia en acción y dejar de lado las especulaciones: lxs candidatxs progresistas se miden, sin ningún registro aparente de la debacle que significa no poder poner la fuerza del pueblo resistente y organizado a luchar en esta elección central para nuestro futuro y el de Nuestra América.

Ramón Mestre

Reflexiones en, desde y sobre la acción

Y aquí vale intentar unas primeras líneas de reflexión sobre las características que adquiere esta situación. Hay que, en primer orden, romper con el dogmatismo que lleva a decir: “son los mismo”, “ el poder y el establishment son un bloque monolítico”, “no hay diferencias, son todos burgueses”. Hacer el esfuerzo por caracterizar la situación concreta no implica bajar ninguna bandera, abandonar ninguna estrategia revolucionaria, ningún camino emancipatorio, sino que las contradicciones realmente existentes deben permitirnos tener iniciativa política eficaz. La burguesía cordobesa tiene autonomía relativa y que por eso juega con Macri, al mismo tiempo arma con espacios “opositores” la alternativa electoral de este año. La historia demuestra que las posibilidades de disciplinamiento futuro vienen de la mano de un gobierno que sea consciente de esto, empujado por un espacio de centro-izquierda e izquierda cohesionado y con proyecto popular propio.

Esta situación nos obliga a intentar entender la actual coyuntura regional y cómo ésta se vincula con las decisiones nacionales y locales. En este sentido, una primera clave: no hay ninguna salida imaginable y posible del sometimiento neocolonial, sino es con un proyecto de Patria Grande. El reagrupamiento de una estrategia continental es imprescindible para dar la batalla y dejar, de una vez por todas, de tener perspectivas autocentradas, de escala local o nacional, que no se atreven a enfrentar al poder imperialista. Y en esta perspectiva, lo que suceda en las elecciones argentinas de Octubre es determinante de cómo se configure la posibilidad de un nuevo ciclo de gobiernos populares en la región.

El reagrupamiento de una estrategia continental es imprescindible para dar la batalla y dejar, de una vez por todas, de tener perspectivas autocentradas, de escala local o nacional, que no se atreven a enfrentar al poder imperialista.

La segunda clave debiera ser, a partir del análisis que venimos haciendo acerca de la avanzada de la derecha en el continente, trazar una estrategia de largo alcance. El retroceso de las experiencias populares y las condiciones reales del movimiento popular (su disposición a la lucha junto con una incapacidad de construir proyecto propio y organizado de forma unitaria, que se expresa en versiones sectarias y alejadas de la disputa real de poder) indican que aunque triunfamos en octubre con un frente nacional, popular y antineoliberal, la situación económica, social y política nacional e internacional condiciona enormemente el desarrollo de un programa de distribución de la riqueza, soberanía y ampliación de derechos. Para avanzar en esa dirección, requerimos la configuración de una fuerza popular unitaria capaz de pensarse a escala continental, que asuma un próximo gobierno de transición con una estrategia de lucha y acumulación popular de largo plazo.

Por eso es que invitamos a reflexionar, no solo desde aquel viejo adagio, “desde lo general a lo particular”, sino en su integralidad y complejidad, desmenuzando -como aquel Viejo Topo- cada uno de sus componentes y partes, para entender sus dinámicas, sus formas de relacionarse, sus contradicciones. Pensando junto al filósofo cordobés Diego Tatián existe, por un lado, la Córdoba usual, clerical, conservadora; la que dio refugio a Cisneros luego de Mayo; la que expulsó a las maestra norteamericanas con pedagogías de avanzada traídas por Sarmiento en el Siglo XIX; la que dio origen a la Fusiladora en 1955; la del anticipatorio golpe de estado policial conocido como Navarrazo en 1974. Y por otro lado, ante ello aparece una ContraCórdoba, que deviene y se acuna en aquella otra, pero la subvierte y busca superar dialéctica e históricamente. La ContraCórdoba que genero episodios fundantes de una épica revolucionaria entre la Reforma Universitaria, el Programa de Huerta Grande y La Falda; el Cordobazo de mayo del 69, expresión de un ciclo que tuvo su punto más alto en esos días; el gobierno popular de Obregón Cano y Atilio López (1973/74). Imágenes, relatos, epopeyas y memoria que está presente -de modo embrionario- en los entramados que siguen dando batalla y que deben resituarse en programas y propuestas para una ContraCórdoba que se entronque a un nuevo ciclo popular en la Nuestra América. La ContraCórdoba hoy tiene una tarea: mantenernos unidxs, más aún luego del revés de bajar la lista: unidad en la acción que construya programa unificado.

Entender y desmenuzar la situación actual para luego no solo pulverizarla, sino al mismo tiempo construir un nuevo mito, al decir de Mariátegui. Reemplazar y superar, desde la perseverancia de las los combates obreros y populares, con la profunda reflexión de Agustín Tosco, quizás el más lúcido e integral dirigente mediterráneo, cuando repetía una y otra vez: “nada debe distraernos, nada debe dividirnos, nada debe desalentarnos”. Por estos días esas palabras repican y cobran capacidad de futuro.

(1) Miembro del Comité Central del Partido Comunista Argentino. Licenciado en Trabajo Social (UNC), docente e investigador GETAL / Militante de Liberación-Corriente de Universidad, Ciencia y Tecnología. Antropóloga e Investigadora CEIL-CONICET.

(2) Tomado de “Deodoro Roca, El Hereje”, de Néstor Kohan.