Por Luiz Inacio Lula da Silva
Fotos Ricardo Stukert

 

Lula es consciente de que su prisión sólo ocurrió para que los derechos de los más vulnerables pudieran, otra vez, ser atropellados.

A continuación, el artículo en su totalidad:

¿Por qué tienen tanto miedo de Lula libre?

Ya alcanzaron el objetivo, que era impedir mi elección

 

Hace un año que estoy injustamente detenido, acusado y condenado por un crimen que nunca existió . Cada día que pasé aquí hizo aumentar mi indignación, pero mantengo la fe en un juicio justo en que la verdad va a prevalecer. Puedo dormir con la conciencia tranquila de mi inocencia. Dudo que tengan el sueño liviano los que me condenan en una farsa judicial.

Lo que más me molesta , sin embargo, es lo que sucede con Brasil y el sufrimiento de nuestro pueblo . Para imponer un juicio de excepción, rompieron los límites de la ley y de la Constitución, debilitando la democracia. Los derechos del pueblo y de la ciudadanía han sido revocados, mientras imponen el ajuste de los salarios, la precarización del empleo y el alza del costo de vida. Entregar la soberanía nacional, nuestra riqueza, nuestras empresas y hasta nuestro territorio para satisfacer los intereses extranjeros.

Sao Bernado do Campo SP 07 04 2018 O ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva no braço do povo depois da missa e discursos em frente ao sindicato dos metalurgicos no ABC Fotos: Ricardo Stuckert

 

Ahora está claro que mi convicción era parte de un movimiento político de la reelección de la presidenta Dilma Rousseff en 2014. Derrotado en las urnas por cuarta vez consecutiva, la oposición optó por el camino del golpe para volver al poder , retomando el vicio autoritario de las clases dominantes brasileñas.

El golpe del impeachment sin crimen de responsabilidad fue en contra del modelo de desarrollo con inclusión social que el país había estado construyendo desde 2003 . En 12 años, creamos 20 millones de empleos, sacamos a 32 millones de personas de la miseria, multiplicamos el PIB por cinco. Abrimos la universidad para millones de excluidos. Vencimos el hambre.

Ese modelo fue y es intolerable para una capa privilegiada y prejuiciosa de la sociedad. Ha herido poderosos intereses económicos fuera del país. Mientras la cuenca del Pre-sal despertó la codicia de las petroleras extranjeras, empresas brasileñas pasaron a disputar mercados con exportadores tradicionales de otros países.

El impeachment vino para traer de vuelta el neoliberalismo, en una versión aún más radical. Por lo tanto, sabotearon los esfuerzos del gobierno de Dilma para hacer frente a la crisis económica y para corregir sus propios errores . Hundieron al país en un colapso fiscal y en una recesión que aún perdura. Prometieron que bastaría con derrocar al PT del gobierno, para que los problemas del país se acabara.

El pueblo luego percibió que había sido engañado. El desempleo ha aumentado, los programas sociales han sido vaciados, escuelas y hospitales pierden dinero . Una política suicida implantada por Petrobras hizo el precio del gas de cocina prohibitivo para los pobres y llevó a la paralización de los camioneros. Ellos quieren poner fin a la jubilación de las personas mayores y los trabajadores rurales.

En las caravanas por el país, vi en los ojos de nuestra gente la esperanza y el deseo de retomar aquel modelo que empezó a corregir las desigualdades y dio oportunidades a quienes nunca las tuvieron. A principios de 2018, las encuestas decían que iba a ganar las elecciones en la primera vuelta. 

Era necesario impedir mi candidatura a toda costa. El Lava Jato, que fue telón de fondo en el golpe del impeachment, atropelló plazos y prerrogativas de la defensa para condenarme antes de las elecciones. Habían “pinchado” ilegalmente mis conversaciones, los teléfonos de mis abogados y hasta la presidenta de la República. He sido objeto de una conducción coercitiva ilegal, un verdadero secuestro. Revolvieron mi casa, voltearon mi colchón, tomaron celulares y hasta tablets de mis nietos.

No encontraron nada para incriminarme : ni conversaciones con delincuentes, ni bolsos de dinero, ni cuentas en el exterior. A pesar de todo, fui condenado en tiempo récord, por Sergio Moro y por el TRF-4, por “actos indeterminados” sin que encontraran ninguna conexión entre el departamento que nunca fue mío y supuestos desvíos de Petrobras. El Supremo me negó una aplicación justa de exhibición personal, bajo la presión de los medios de comunicación, el mercado e incluso las fuerzas armadas, como ha confirmado recientemente Jair Bolsonaro, el mayor beneficiario de esa persecución.

Mi candidatura fue prohibida contrariando a la ley electoral, la jurisprudencia y una determinación del Comité de Derechos Humanos de la ONU para asegurar mis derechos políticos. Y, aún así, nuestro candidato Fernando Haddad tuvo muchos votos y sólo fue derrotado por la industria de mentiras de Bolsonaro en las redes sociales, financiada con dinero no declarado y hasta con dinero extranjero, según la prensa.

Los más renombrados jutistas de Brasil y otros países consideran absurda mi condena y apuntan a la parcialidad de Sergio Moro, confirmado en la práctica cuando aceptó ser el ministro de Justicia del presidente al que ayudó a a triunfar mi condena. Todo lo que quiero es que aporten aunque sea una prueba contra mí.

¿Por qué tienen tanto miedo de Lula libre, si ya alcanzaron el objetivo que era impedir mi elección, si no hay nada que sostenga esa prisión? En realidad, lo que temen es la organización del pueblo que se identifica con nuestro proyecto de país. Temen tener que reconocer las arbitrariedades que cometieron para elegir a un presidente incapaz y que nos llena de vergüenza.

Ellos saben que mi liberación es una parte importante de la recuperación de la democracia en Brasil. Pero son incapaces de convivir con el proceso democrático.

 

Luiz Inacio Lula da Silva. Ex presidente de la República (2003-2010)

 

Publicado en Folha de S. Paulo https://bit.ly/2FV17fr