Escribe Julián Andreu

“No creo que estemos en un fracaso económico”, dijo el Jefe de Gabinete Marcos Peña, con el cual estoy totalmente de acuerdo en ese punto.

Hay que desmalezar el discurso que usa el gobierno. El argumento de una mejoría para las mayorías no existe, ni existirá. El éxito es para un minoría, puntualmente la de sus amigos, que son para ellos los más importante.

Para ejemplificar el éxito de este plan económico podemos referirnos a tres puntos que parecen sustanciales para solidificar la idea de Peña:

Exportaciones, éxito de pocos

Si hay una actividad que es oligopólica en nuestro país es el tema de la energía y particularmente el gas.

Desde la asunción de Mauricio Macri a la presidencia se insistió con la frase “La energía es cara y hay que pagarla”. Con esta simple oración y la ayuda insistente de los medios, muchos adeptos a Cambiemos y algunos no tanto, repetían y repiten la bobada de “no pagábamos nada”, desconociendo que las empresas sí recibían, vía subsidios, el precio que correspondía y a la gran mayoría de la población le llegaba por vía de salario indirecto.

En junio de 2018 ya Clarín anunciaba lo que se esperaba por el aumento de la tarifa: una caída del consumo residencial.

Fuente Clarín

Pero la contrapartida de esa disminución en el consumo de los hogares argentinos es un beneficio para Chile.

Anuncian que se volvió a exportar gas a nuestro país vecino y además a un precio más bajo del que se cobra en Argentina. “Según medios chilenos consignados por Reuters, los contratos de importación se habrían realizado a un valor entre 4,2 y 4,3 dólares por millón de BTU, lo que implicaría que el gas argentino competiría con las centrales termoeléctricas a carbón que operan en territorio chileno”. Cuando el millón de BTU para las industrias, por ejemplo, es de 5,1 dólares, ¿quién paga la diferencia? El estado, con subsidios que ya no le brinda a la población en salario indirecto y se lo da en ganancias a sus amigos, productores de gas.

“De carne no somos”

En los años ochenta Guillermo Francella protagonizaba una comedia familiar “De carne Somos”, donde encarnaba, valga la redundancia, a un carnicero de barrio y siempre terminaban en un gran asado familia. Esa escena final es difícil de ver en la actualidad en los hogares argentinos.

Solo en el primer trimestre de este año el retroceso en el consumo de carne es del 13,4 % y tuvo el peor registro de los últimos nueve años.

Este plan económico es un éxito
Fuente La Nación

El alza en el precio de carne es sólo para el primer trimestre de un 32,5%. Esto tiene también su contraparte. El último informe elaborado por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la Argentina (CICCRA) refleja que durante el 2018 la exportación de carne vacuna -principal proteína consumida en nuestro país- creció un 78%, en comparación con el 2017.

Esto es nuevamente el éxito de una minoría a la que representa este gobierno y a la que refiere el Jefe de Gabinete Marcos Peña.

Maten al salario

Una película con final conocido. El continuo aumento en los precios de alimentos, transporte y energía, frente a las magras paritarias conseguidas por los trabajadores. Ni hablar de una gran cantidad de éstos que se encuentran en la economía informal, que ni siquiera tienen la posibilidad de discutir salario. Con su política económica generaron una caída del salario real sumamente significativa.

Argentina es el país de la región con mayor deterioro del poder adquisitivo del salario mínimo (acumula una caída de 6,1% en los últimos dos años), según un informe de la Universidad de Avellaneda (Undav).

El proceso de deterioro del poder adquisitivo en los últimos dos años tuvo su raíz en el incremento sostenido en el nivel de precios, con un desacople muy marcado respecto de la variación en los ingresos en el año 2017, sostiene el estudio.

Pero este modelo es exitoso, como dice Peña. Pero para el decil más rico que, al cuarto trimestre de 2018, tenía ingresos 20 veces más altos que el decil más pobre de la población.

Esa brecha se amplió 3 puntos respecto del cuarto trimestre de 2017, según el promedio de ingresos per cápita del decil 10 (de $36.261), sobre el 1 ($1.815), que publicó el Indec.

Al considerar los ingresos per cápita entre los hogares más ricos ($43.783) y los hogares más pobres ($2.371), la brecha se amplió de 15,8 a 18,5 veces retornando a los niveles de 2012-2013. Esto es una ampliación obsena de la desigualdad.

Las consecuencias de esa brecha se agravan al considerar que en los hogares más pobres viven, en promedio, entre cuatro y seis personas (un 15% de la población total) y en lo más ricos sólo 1,9 (el 6% de la población).

Gobiernan para ellos. A esto vinieron y están haciendo bien las cosas. No hay errores ni improvisaciones. No es un fracaso económico. Sólo nos queda agradecerles su sinceridad.