Por Cinthia Wanschelbaum*

Es sábado a la mañana. El día después de la masacre en el CONICET. Estamos en casa con una amiga y sus dos hijos. Comentamos acerca de un compañero que no entró al CONICET. El hijo menor de mi amiga, que tiene 9 años, se angustia. No le gustó la noticia. Mira para abajo, piensa y dice: “tiene que haber acceso obligatorio al CONICET”.

En medio de la tristeza que nos genera la destrucción del sistema científico y tecnológico de nuestro país, reímos a carcajadas. Me retrotraigo a mis años de trabajo como docente con niñxs y recuerdo lo maravilloso que es escuchar frases que aún no están (tan) contaminadas del sentido común adulto.

También se me viene a la cabeza rápidamente la imagen de una nena, unos pocos días atrás que, cuando salí a comprar pan para desayunar, miraba atónita, sin poder comprender, a un señor en situación de calle durmiendo en una esquina. Lo miró, se paró, lo volvió a observar. Le resultaba incomprensible una situación que debería no existir pero que ante nuestros ojos es habitual.

¿Por qué un niño frente al cientificidio, dice el acceso al CONICET tiene que ser obligatorio?

Una primera respuesta es que él va a la escuela e ir a la escuela es obligatorio. Hermana al CONICET con la escuela. Sabe que ambas son instituciones públicas, y entonces como tales y por lo que hacen, todxs tenemos derecho a estar adentro de ellas.

Su supuesto es -y aquí aparece una segunda respuesta al interrogante-: la ciencia es un derecho humano. Puede ser, no lo descarto, que lo haya escuchado de boca de su mamá o de la mía. Desde que asumió Macri lo venimos repitiendo muchas veces, al infinito y más allá. Estamos convencidas, y él parecería que también, que la ciencia no debe ser para pocxs, tanto en su acceso como en el conocimiento que produce.

Una tercera respuesta podría ser: el niño tiene más clara la política científica que Macri y que un comentario infantil vale más que mil palabras y políticas del gobierno macrista. Puede ser. No lo descartaría! En realidad, la consigna “acceso obligatorio al CONICET” expresada conscientemente por el hijo de mi amiga, corresponde a una concepción del mundo opuesta al proyecto de país macrista, un proyecto en el cual cuantos menos investigadorxs haya en el CONICET, cuánto menos presupuesto para la ciencia, mejor. Un proyecto que restringe, que destruye, que atenta contra el presente y futuro de la ciencia argentina.

Es domingo. Escribo estas líneas y estoy pensando en pintar una bandera con la consigna “acceso obligatorio al CONICET” para salir a las calles, una vez más, por los compañerxs que no entraron. En defensa de la ciencia Argentina, y por un país y un mundo más justo, solidario e igualitario para el hijo de mi amiga y todxs lxs niñxs que en un futuro, si quieren ser cientificxs, puedan serlo y tengan una institución a donde ingresar y ejercer su derecho.

Me voy a pintar la bandera.

* Investigadora Asistente del CONICET en el IICE-UBA y militante de la Corriente Liberación.