Escribe: Ayelén Reyes
 5/5/2019

Una biblioteca es un conjunto de territorios con oportunidad de ser habitados, una suerte de prisma a través del cual podríamos refractar, reflejar y descomponer nuestros pensamientos y emociones. Una biblioteca es una constelación de historias, una propuesta de camino, un portal de acceso (como ya se ha dicho tantas veces) hacia nuevos mundos y espacios posibles. ¿Quiénes tendrán la dicha de asirse de ellos, de recorrerlos, resignificarlos?  

Las bibliotecas son islas que persisten, sueños que se erigen en una realidad de característica hostil, en relación a lo que sería hacerse del tiempo para la lectura, para disfrutar el presente ficcional y corporizar ese espacio alterno que detiene el devenir diario. Habitarlas, portar sus libros no debería ser un privilegio de pocos sino un derecho adquirido. En este sentido, las bibliotecas populares de nuestro país cumplen un papel fundamental para la construcción del camino lector que, tal como diría Laura Devetach, “necesita contar con espacios internos, con disponibilidades abiertas” (2016).

Allá, por el año 1986, la Ley 23.351 estableció los objetivos para el accionar de lo que hoy es la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) y que tiene sus orígenes en el año 1870 gracias al impulso de Domingo. F. Sarmiento. Como podemos imaginar, CONABIP depende del ex Minisiterio, actual Secretaría de Educación, Ciencia y Tecnología, por lo que sus fondos son suministrados de acuerdo con las políticas y decisiones que tome el gobierno de turno. Esta entidad provee recursos y capacitaciones a todas las bibliotecas populares argentinas a fin de que puedan enriquecer sus estrategias para mediar e impulsar la lectura en las distintas comunidades. Dicho organismo alberga una gran oportunidad para el sustento y crecimiento de la bibliotecas. Una de las más importantes es el subsidio que les otorga una vez al año para la incorporación de material nuevo en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y que se desarrolló este fin de semana. Así es como bibliotecas de todo el país iniciaron su viaje hacia la Ciudad de Buenos Aires con el objetivo de generar nuevos puentes entre lecturas y lectores; con la aspiración de poder facilitar aquellos títulos que les fueron pedidos y quieren brindar.

Ser mediador de lecturas es una tarea que requiere de reinvención, puesto que la producción editorial se reedita de manera constante y quienes frecuentan las bibliotecas buscan llegar a aquellos títulos a los que no tienen acceso cotidianamente. ¿Y esto por qué? Pensemos en los factores económicos, pero también en la ubicación geográfica de aquellas bibliotecas. Posiblemente, el evento que enmarca la CONABIP sea la única oportunidad para ampliar los materiales de lectura, si es que puede llegar a serlo. La realidad actual demuestra lo contrario.

Leandro de Sagastizábal, presidente de CONABIP

El acto de apertura fue encabezado por Leandro de Sagastizábal, presidente del organismo, quien hizo referencia al auditorio más reducido en comparación con el año pasado. Es decir: una menor cantidad de bibliotecas populares lograron concurrir al evento. El presidente de la CONABIP hizo alusión a la importancia de la resistencia de las bibliotecas populares en los tiempos que corren. Una palabra significativa si nos adentramos en su anclaje etimológico porque resistir es combatir una fuerza que se nos viene en contra y es curioso pensar que exista una que arremeta contra la cultura.

Este año, el subsidio otorgado fue de similar valor al del año pasado. Hablamos de un estimativo de 25.000 pesos (15.000 para libros y el resto para pasajes y movilidad del bibliotecario) que debería condensar y simbolizar una compra anual. Si bien una de las cualidades más significativas del evento es la posibilidad de acceder a libros al 50 por ciento de su valor original, la realidad sigue siendo compleja. Es necesario destinar parte del dinero a manuales de texto y diccionarios ya que, en la actualidad, no continúan las políticas de generación de material de estudio y lectura por parte del Estado. Es verdad que podríamos hablar de la era de las tecnologías y al acceso en red. Pero, ¿realmente todas las bibliotecas contarán con computadoras suficientes para satisfacer las necesidades de sus usuarios? ¿Todas ellas tienen conexión a Internet?

Otro dato a relevar es que, hasta el año pasado, el subsidio contemplaba los gastos de dos referentes por biblioteca para poder concurrir a la Ciudad de Buenos Aires, permanecer allí y hacer las compras bibliográficas. Lógico, recorrer tantos kilómetros no es gratis. Menos lo es saldar la estadía de tres días en tiempos de inflación. Pero en esta oportunidad, los gastos fueron cubiertos para una sola persona. Es decir que del monto total del subsidio se debieron suministrar los gastos para la otra. Imaginemos que una persona sola no puede hacerse cargo de una compra de semejante magnitud. Y es aquí donde la resistencia de las bibliotecas se puso en juego. Muchos bibliotecarios y voluntarios de estos espacios hicieron uso de su propia economía familiar para construir el deseado puente lector y lograr hacer rendir el dinero del subsidio que, de todos modos, significó un 40 por ciento menos de libros en relación al año pasado.

Jornadas de la CONABIP en la Feria del Libro

De más está decir que el acto inauguracional no contó con la presencia de ningún referente del área de cultura como en otras oportunidades. Ni el ministro de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación, Alejandro Finnocchiaro, ni el secretario de Cultura, Pablo Avelluto habrán querido emitir opinión sobre la importancia de la resistencia de las bibliotecas populares hoy o, mejor dicho, sobre por qué deberían hacerlo.

Finalmente, la formalidad del evento contó con el reconocimiento, por parte de las bibliotecas populares, para con el ilustrador Pablo Bernasconi quien, con tono emotivo, se refirió al papel crucial que éstas cumplen y a lo agradecido que les estaba por haberle otorgado a él también la posibilidad de formar su camino lector. Bernasconi compartió con el auditorio su visión sobre el valor de las bibliotecas para la comunidad. Reflexionó sobre esa cualidad que sólo ellas poseen de volver tangible lo intangible, de modificar el entorno, de transformar la realidad.

Así, se dio inicio a una oportunidad que equivale a tres jornadas de construcción de puentes. Bibliotecarias y bibliotecarios de todo el país hicieron el mejor esfuerzo para poder maximizar sus recursos y generar esperanzas de futuro. Ser bibliotecario, seguramente, es sentirse bajo la responsabilidad de devolverle a los lectores todas esas lecturas que, en su momento, a ellos les fueron regaladas. Lecturas que habrán sido refugio, sostén, invención o caricia. Y es por ello que, tal como dijo Pablo Bernasconi, habrá que “sostener lo que nos queda para armar lo que nos falta”.