Escribe: Julia Narcy

FOTOS: Indymedia (Nicolás Parodi), AFP y Emergentes

Cien Evitas. Una canción. Cien vestuarios. Todos los tonos de piel, de cabello, de voz. Cuerdas vocales entrenadas a los gritos pelados del Deseo. Un comando. El comando Evita capitaneado por mujeres, pibas, invocando a la jefa espiritual con la necesidad imperiosa de decir basta de macrismo y aquí estamos. La cita es en el obelisco. A medida que me voy acercando, la madeja de Evitas se empieza a distinguir. Están las Evas actrices, con vestido celeste y lunares blancos, las montoneras con su cabellera rebelde, las traperas, como ella misma se autoburlaba de sus pilchas, y la Evita de trajecito, la de la Fundación.
Las Evitas están formadas, maquilladas y peinadas con la tensión del rodete grupal. Floridas aúllan y levantan el puño haciendo volar las puntas que escapan al nudo del pañuelo verde. Con su estética brillante se abrazan con amigos, madres, hijas, quienes habitan debajo del Vestuario. Llevan una bolsita llena de secretos.

Un parlante repite

Las muchachas peronistas
Todas unidas triunfaremos
Y por Evita daremos
Un grito de corazón
Eva Perón! Eva Perón!

A la compañera Evita
Queremos reivindicar
Patria justa y soberana
Feminista y popular

Eva Perón, tu corazón
nos acompaña sin cesar
Te prometemos con pasión
No dejaremos de luchar

Las muchachas peronistas
Gritamos ni una menos
Por las que nunca volvieron,
Ponemos el corazón
Eva Perón ! Eva Perón!

Peronismo feminista
nuestra bandera será
Para que reine en el pueblo
Aborto en cualquier lugar

Eva Perón, tu corazón
nos acompaña sin cesar.
Te prometemos con pasión
No dejaremos de luchar

Las muchachas peronistas
Sabemos lo que queremos
Y lucharemos sin miedo
Para ganar la elección
Eva Perón! Eva Perón!

Por esa gran argentina
Que nunca nos traicionó
Peronismo con Cristina
Machirulo sos cagón

Eva Perón tu corazón!
Nos acompaña sin cesar
Te prometemos con pasión
No dejaremos de luchar

“Hay una potencia en este loop remixado de la Evita Capitana abortera”

Hay una potencia en este loop remixado de la Evita Capitana abortera. Es la potencia de la congregación, del escándalo de la pobreza social, de la irrupción del sonido que invoca a la Justicia.
El amor que no se olvida, esa vibración ancestral, eterna, encarnada en otra mujer, está envolviendo y encriptando el mensaje esta tarde. Hace frío afuera, el otoño de mayo se pone agudo a la tarde, el viento levanta las polleras de las pibas, los sacos se inflan llenando de aire el espacio que los separa de la ropa que hay debajo, y sin embargo en esta ceremonia, protegida por un cordón de seguridad de mujeres sindicalistas, actrices, periodistas, poetas, hace calor.
Una camioneta Trafic blanca, con las puertas abiertas deja salir la música y transporta fotógrafos que intentan captarlo todo. Van por partes. Hay viejas, pibas, mujeres que somos madres e hijas, todas hilvanadas por un principio de placer. No resistimos: con lo viejo suturamos algo nuevo, transpolítico, carnal.


Capas infinitas de pieles cubren esa carne deseante, caliente y astuta. Una burla se desliza escurriendo los cuerpos que nos salvamos del naufragio, los que todavía vivimos. La policía arma otro cordón, paralelo al nuestro, amargo y negro, que no dejamos ver. Intentan hacer de nuestro tránsito un camino ridículo e inútil, pero lo resignificamos al instante, con nuestra verdad descarada, que oscila entre llorar lo roto y ganar la elección. Ese desequilibrio fundante, con el que fuimos bautizadas por el poder macho y opresor hoy marca la senda. El camino es una línea recta desde el Obelisco hasta el Ministerio de Desarrollo Social. Un cortejo lento y musical lustrando los símbolos. En un ritual casi religioso pedimos aborto legal en cualquier lugar y que vuelva Cristina. Podría estar acompañado de un emoticón desorientado, pero no. Todo cobra un sentido múltiple y con contradicciones, pero es narrado con la naturalidad de la historia. ¿Cómo no van a estar absortos los canas? ¿Cómo no se van a enfurecer, a empujarnos y gritar, si frente a sus rostros muertos desfilan danzantes los cuerpos liberados, las orejas y narices perforadas, los chabones gay disfrazados de Eva con collares de perlas falsas? Esa invocación disruptiva que a nosotras nos excita y nos hace saltar y abrazarnos al Otro le genera furia. Por la avenida 9 de Julio, que ha visto transitar negros tantas veces ahora caminan cientos de abanderadas que ven como desde los autos los niños se voltean para ver esa indiada elegante. La Eva de hierro del Santoro bueno mira desde lo alto del Ministerio de Desarrollo Social como llega la columna de las Evas diversas, sonríe apagada pero pícara, y desliza una carcajada imperceptible cuando se distrae mirando a una mujer asomada por la ventana del acompañante de un Volkswagen gol con el chasis vencido, sacando las dos manos haciendo fuck you.

Molesta la alegría. Desagrada cuando es pública y colectiva, en un acto revolucionario y eficaz.

El cortejo se detiene en la calle Moreno. Desde el piso veintipico se despliegan dos banderas enormes que cuelgan hasta la calle. Una es azul y blanca y dice UPCN. La otra es verde, triangular y está firmada por ATE y nos recuerda que será ley. Se hace un silencio. De sus bolsitas las Evas sacan un pañuelo blanco que envuelven coreográficamente alrededor de sus cabezas. Del parlante ahora sale la música de Los Dinosaurios y las lágrimas de actrices sin tiempo hacen un charco frío en el asfalto. Después llega la votación, y cada Eva en su sobre porta una carta para Cristina. Así de entretejida está esta tarde. El escrutinio se realiza a viva voz: Pichetto, Lavagna, Urtubey y Macri se han quedado sin votos que han migrado hacia Cristina y todo es celebración.


Es esa frescura acompañada por tres bombos tocados por mujeres sindicalistas, la que no pueden frenar los brazos tensos de los policías, los comentarios vetustos de las viejas que las ven pasar.
-Le piden la candidatura a Cristina, pero por favor- dice una señora de pantalones de jean ajustados y zapatillas con plataforma que está exhausta y paralizada intentando cruzar la 9 de julio.
Una nena le sostiene con una mano la muñeca a su abuela, con la otra levanta a la altura de su rostro una estampita de Eva. Su abuela la mira sonriente. Una fotógrafa camina para atrás como un cangrejo para registrar ese gesto que podría haber sido el mismo del cortejo fúnebre sesentaypico años atrás. Y de algún modo lo son. Esa creatividad rebelde que pensó de manera colectiva esta invocación a la figura política de mayor vigencia local, arrastra el sueño de hombres y mujeres condenados sin tiempo al silencio forzado.
Por eso gritamos, y destinamos las cartas a esa Otra Mujer, que tampoco nunca nos traicionó.