Escribe: Carli Bianco *

Ilustra: Matías Chenzo

A partir de 2008, los llamados “PIGS” (Portugal, Irlanda, Grecia y España, por sus iniciales en inglés) fueron los países que más sufrieron el impacto de la crisis mundial con epicentro en los Estados Unidos. La mayoría de ellos ingresaron en programas de rescate y austeridad (ajuste) promovidos por la “Troika”, compuesta por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sus resultados fueron disímiles para cada uno de los países. El caso portugués fue definido como “milagroso”; por su crecimiento económico y las mejoras en las condiciones de vida de supoblación en los últimos años. Pero, ¿qué tan milagroso fue este modelo y qué implicancias puede tener para la Argentina que viene?

El contagio de la crisis mundial y el “rescate” de la Troika

La crisis de las subprime que tuvo lugar desde 2007 en Estados Unidos se expandió a nivel global y se amplió hacia todos los sectores productivos. Se trató de una crisis “nómade”, cuyo contagio comenzó por Europa, a través de dos grandes canales: el comercial y el financiero. En cuanto al canal comercial o de la “economía real”, la merma de la demanda estadounidense en 2009 condujo a una brusca reducción de las exportaciones europeas hacia este destino. Esto generó fuertes impactos en los niveles de producción y multiplicó los sobre-stocks. Dentro del canal financiero se registraron dos comportamientos distintos. Por un lado, gran parte de los créditos incobrables de las hipotecas subprime formaban parte de los activos de los bancos europeos, por lo que la masiva depreciación en los EE.UU. generó también fuertes pérdidas en Europa y condujo a mercados que pasaron a operar con niveles más elevados de riesgo. Como resultado, el costo de financiar la deuda de la periferia europea pasó a ser cada vez mayor. Por el otro, el mercado crediticio de hipotecas europeo, que venía creciendo sostenidamente, entró rápidamente en bancarrota, reproduciendo muchas de las características de lo que había ocurrido en los Estados Unidos. Como consecuencia de esto, en el año 2011 Portugal se vio imposibilitada de financiarse a través de bonos soberanos de deuda, a causa de los altos intereses que debía afrontar ante las nuevas condiciones de mercado. De modo de hacer frente a los pagos de capital e intereses de su deuda, en mayo de 2011 Portugal cerró un programa de asistencia financiera con la Troika, que ascendió a un total de 78.000 millones de euros durante un período de tres años. Luego se estiraría hasta los 82.000 millones, junto con una extensión de siete años en los plazos de devolución de los préstamos.

Pedro Passos Coelho

A cambio de la asistencia financiera de la Troika, el gobierno conservador de Pedro Passos Coelho, del Partido Social Demócrata (PSD), se comprometió a llevar adelante un programa de ajuste económico sin precedentes para la historia portuguesa, en donde se destacaron, entre otras, las siguientes medidas: recorte de los salarios de empleados públicos y funcionarios, reducción en los montos indemnizatorios, alargamiento de la jornada laboral, despidos masivos de empleados públicos, congelamiento de las jubilaciones, extensión de la edad jubilatoria, fuertes subas de impuestos, brutales recortes sobre el gasto y los servicios públicos, privatizaciones de bienes del Estado y de sus participaciones accionarias en grandes empresas portuguesas y abandono del proyecto de tren de alta velocidad (AVE) para unir a Portugal con España.

A cambio de la asistencia financiera de la Troika, el gobierno conservador de Pedro
Passos Coelho se comprometió a llevar adelante un programa de ajuste económico
sin precedentes para la historia portuguesa.

Durante 2011 y 2015, las medidas económicas y sus resultados mostraron un círculo vicioso en donde a los sucesivos desembolsos del rescate de la Troika les sucedían nuevas emisiones de deuda del mercado, mayores déficit fiscales por caídas en la recaudación a pesar de los sucesivos ajustes, caídas en la calificación de la deuda portuguesa, un empeoramiento constante y permanente de los indicadores de actividad y empleo hasta el año 2014 y la multiplicación de las medidas de protesta por parte de los sindicatos y de la población en su conjunto. Finalmente, en mayo de 2014, Portugal se convirtió en el segundo país europeo —después de Irlanda— en salir del plan de rescate de la Troika, recuperando su autonomía en materia de implementación de políticas públicas.

El gobierno de izquierdas y la salida de la crisis

Como resultado de las elecciones legislativas de 2015, distintas fracciones políticas de izquierda (Bloco de Esquerda, Partido Socialista Portugués y Partido Comunista Portugués) llegaron a un acuerdo por el cual fue nombrado como Primer Ministro el socialista António
Costa. La pesada herencia que recibió Costa, luego de varios años de ajuste económico, fue un déficit fiscal del orden del 4,6% del Producto Interno Bruto (PIB), una nota de su deuda pública en la categoría de “bonos basura”, una caída de la actividad mayor al 6% durante los años de vigencia del acuerdo con la Troika, un desempleo que alcanzó un pico histórico del 16% durante 2013 y un nivel de endeudamiento público récord del orden del 130% del PIB.
Las primeras medidas anunciadas por Costa, bajo el mote del “fin dela austeridad”, fueron el aumento del salario mínimo (congelado durante el programa de la Troika), la suba de las pensiones mínimas, la reducción del IVA, la eliminación de ciertos impuestos extraordinarios instaurados durante la crisis, la finalización del programa de privatizaciones impuesto por la Troika y una amplia moratoria fiscal para familias y empresas hacia fines de 2016. No obstante, durante los primeros años de gobierno, se mantuvo el gasto público congelado.

Antonio Costa y Alberto Fernández.

El aumento de la actividad se sostuvo, en parte, por el aumento de las variables domésticas, fundamentalmente el consumo privado vinculado a la relativa mejora de los ingresos de la población. Sin embargo, los principales motores del despegue portugués tuvieron que ver con variables externas, tales como el boom turístico, la inversión inmobiliaria extranjera y una importante mejora de las exportaciones. Respecto del turismo, en el año 2017 llegaron a Portugal doce millones de turistas, en un país con una población apenas encima de los diez millones de habitantes. El aumento de la afluencia turística estuvo vinculado con varias causas: i) La”Primavera árabe”, que llevó a que gran parte de los turistas europeos de bajo costo que buscan el buen clima del Mediterráneo se dirigiera hacia Portugal; ii) la entrega de los “Visados Gold” (aseguran la residencia a todo ciudadano extracomunitario que compre una casa por un monto superior a los 500.000 euros, que transfiera un millón de euros al país o que cree diez puestos de trabajo); y iii) las ventajas fiscales para los jubilados de la Unión Europea (UE), que condujeron a la llegada en masa de pasivos comunitarios a radicarse en el país.

Si bien se estabilizó el coeficiente de deuda pública respecto del PIB, se mantiene aún en niveles muy elevados, del orden del 120%.

Asimismo, se produjo un boom de inversión inmobiliaria extranjera para rentas altas, que si bien por un lado ha permitido el ingreso de divisas, por el otro, ha hecho casi imposible para un portugués promedio acceder a una vivienda propia como consecuencia de la burbuja inmobiliaria con epicentro en Lisboa y otras grandes ciudades. El resultado de este fenómeno fue la generación de procesos de “gentrificación” (elitización residencial) y “turistificación (proliferación de viviendas de alquiler para turistas), que expulsó a los trabajadores y sectores populares de las grandes ciudades. En cuanto a las ventas externas, entre 2005 y 2017, Portugal ha incrementado su coeficiente de exportación de bienes en relación a su PIB desde menos del 20% a casi el 30%. En el caso de las exportaciones totales (bienes más servicios, incluido turismo), este coeficiente pasó del 26% al 40%. Lo que se dice un verdadero boom exportador, que ha jugado un rol muy importante en la salida de la crisis desde 2011 en adelante, con un muy buen desempeño de las autopartes, alimentos, bebidas, textiles, calzado y servicios tradicionales e intensivos en conocimiento.

¿Milagro portugués?

Como resultado de las políticas defortalecimiento relativo del mercado interno y del boom turístico, de exportaciones y de inversiones extranjeras hacia el sector de la construcción, la economía portuguesa ha experimentado un proceso de crecimiento moderado por un lustro, lo que la diferencia de otros países europeos fuertemente endeudados. Este proceso permitió recuperar la riqueza per cápita a niveles anteriores a la crisis y redujo el desempleo en 10 puntos porcentuales, desde su pico en 2013 (16,2%) hasta la actualidad (6,3%). Sin embargo, los salarios se mantienen aún en niveles reducidos, mientras que la caída del desempleo responde fundamentalmente a empleos temporales, precarizados y mal pagos en el sector de servicios (turismo y construcción). Por otra parte, la comparación entre las horas trabajadas y los puestos de trabajo en épocas anteriores a la crisis, muestra una dura realidad para los portugueses: en 2017 la cantidad total de horas trabajadas fue un 7% menor y el número de empleos un 5% menor que en 2007. La respuesta es fácil: se produjo una importante emigración de portugueses desempleados, del orden de los 340.000 entre 2008 y 2016, fundamentalmente, hacia Alemania y Reino Unido. En este sentido, si bien se estabilizó el coeficiente de deuda pública respecto del PIB, se mantiene aún en niveles muy elevados, del orden del 120%. Lo que lo posiciona entre los más altos de Europa y, por tanto, genera preocupaciones futuras sobre la sostenibilidad de su modelo macroeconómico.

Portugal se convirtió en el segundo país europeo —después de Irlanda— en salir del plan de rescate de la Troika, recuperando su autonomía en materia de implementación de políticas públicas.

Pero quizás aún más preocupante para el futuro de Portugal sea su bajo nivel de inversión productiva. En el país luso se observa una ratio entre formación bruta de capital y PIB del orden del 16%, entre los más bajos de la UE, sólo por encima de Grecia y Chipre, lo que atenta contra la mejora de la productividad promedio de la economía y el crecimiento de mediano y largo plazo. Por último, la coyuntura de la UE tampoco se vislumbra muy favorable para Portugal. Como se ha visto, dos de los motores principales del “milagro portugués” han sido el incremento del turismo y las exportaciones. Aproximadamente, una cuarta parte de los turistas que llegan masivamente a Portugal son ingleses, fundamentalmente a la Isla de Madeira y al Algarve. Además, Reino Unido es el cuarto destino de las exportaciones de bienes portugueses (básicamente alimentos) y el primer destino de sus ventas externas de 5 servicios transables. Por consiguiente, de suceder el Brexit, afectaría muy fuertemente los pilares del crecimiento de la economía portuguesa de los últimos años.

Ilustraciòn: Matìas Chenzo

Argentina no es Portugal (pero tampoco el Infierno)

Desde múltiples sectores progresistas de la Argentina, se ha señalado a Portugal como el “modelo a seguir” para la salida de la crisis infligida por las medidas de política económica del gobierno de Mauricio Macri. Desde esos sectores, se señala que las políticas aplicadas por la coalición de izquierdas en el marco del “fin de la austeridad” —aumento de salarios y jubilaciones mínimas— fueron las responsables del pretendido “milagro portugués”. Sin embargo, como hemos visto aquí, ni el “milagro portugués” es tan milagroso, ni sus causas principales fueron el aumento de la demanda doméstica. Básicamente, se trató de una coyuntura favorable de exportaciones, turismo receptivo e inversiones extranjeras vinculadas alsector inmobiliario, coadyuvadas en menor medida por una mejora relativa en el consumo interno. Argentina no es Portugal. Difícilmente nuestro país pueda gozar en los años venideros de un boom de exportaciones en un escenario internacional crecientemente proteccionista y sin perspectivas de una mejora sustantiva en el precio de las commodities. Tampoco es factible una “lluvia de inversiones” extranjeras hacia el sector productivo, máxime teniendo en cuenta los bajos niveles de utilización de la capacidad instalada del aparato productivo argentino (del orden del 55%) y en un marco de caída de las corrientes de inversión extranjera directa a nivel mundial. Y mucho menos una afluencia masiva de turistas extranjeros que funcione como motor de crecimiento en un país con una población cuatro veces mayor a la portuguesa. Sin embargo, y a pesar del escandaloso proceso de endeudamiento llevado adelante por el gobierno de Mauricio Macri, el nivel de deuda pública sobre PIB en Argentina todavía se encuentra un 20% por debajo de los valores todavía “manejables” de Portugal. Como primera condición, para avanzar en un proceso de recuperación, un futuro gobierno popular deberá retomar el control de la política económica (cambiaria, monetaria, fiscal, comercial, de ingresos), hoy en manos de la tecnocracia del FMI. En segundo lugar, y dado que de manera estructural el consumo interno (público y privado) representa aproximadamente dos tercios de la demanda agregada total, con una recomposición de los ingresos de las familias y una mejora en la inversión pública, se puede fácilmente revertir la tendencia a la caída de la actividad económica y de empeoramiento de las condiciones de vida de los argentinos que se viene produciendo desde fines de 2015. Dado el bajo grado de comparación entre dos economías harto distintas como la argentina y la portuguesa, quizás sea ésta la única lección a aprender del llamado “milagro portugués”.

*Docente-investigador de la UNQ.
Asesor de la CTA de los Trabajadores.