Escribe: Mireya Dávila Brito

Ilustración de portada: Martin Patric

Cuando nos ven con toda nuestra capacidad resolutiva, con nuestra expresión en un campo laboral, siempre es cuestionada más por el género y no tanto por nuestra capacidad y formación, siempre está un estigma, todo un constructo social puesto en este sistema para ser violentas contra nosotras”

Daniela Ruiz. En entrevista para Hamartia

En Hamartia tuvimos la oportunidad de conversar con Daniela Ruiz sobre las identidades de género y las posibilidades del colectivo de travestis, transgéneros y transexuales en la búsqueda de nombrarse y afirmarse como tales, poniendo en discusión la construcción social e histórica del carácter binario del género, al tiempo que, se constituyan en personas travestis/trans con derechos y hacedoras de su propio devenir.

Daniela se dedica al teatro en 7 Colores Diversidad, además es docente y capacitadora en temas de diversidad sexual. Nos cuenta que “en ninguna circunstancia se asume el género. En realidad, la consecuencia siempre es la misma, repensarse y pensarse, cuál era la dicotomía de muchas identidades trans/travestis, las cuales no son contempladas (…) a medida que va construyendo su expresión de género, su construcción en esta sociedad, se va viendo la clara diferencia de los roles que te pone la sociedad hacia un cuerpo que no está en ese constructo heteronormativo/heterosexista y más allá de quién soy, qué soy, qué es lo que hago conmigo, siempre voy a la crítica de que son situaciones de violencia y discriminación que vamos empezando a entender las personas travestis/trans”.

Foto: agenciapresentes.org

Es necesario replantearse los términos en que género y sexo se articulan. El género es un proceso histórico antes que un proceso natural. La genitalidad no determina la identidad de una persona. La transgeneridad demuestra que el género es movible, es la posibilidad de trascender del binarismo hombre/mujer, que es considerado lo “normal”, para ir hacia la construcción de una identidad propia. De ahí, su fuerza transgresora que interpela el encasillamiento del mandato de género y de los roles sexuales. En cuanto a la autopercepción de esa transgeneridad, Daniela cuenta de qué manera fue su experiencia al afirmarse trans: “A medida que voy creciendo, voy viendo que no es lo mismo con mi cuerpo; no es lo mismo que pienso que los otros están pensando; no es lo mismo de cómo yo me veo ante el espejo; no es lo mismo tampoco de cómo me percibo ante mí misma, y voy viendo que hay algo que no está encajando. La identidad de género o la identidad de las travestis, en general, es de los 2 a los 8 años, a medida que una va desarrollándose un poquito más, va dándose cuenta que existe la sexualidad en nuestros cuerpos y también es un proceso de construcción alrededor”.

Cómo se reproduce la exclusión de las personas travestis/trans

En la actual sociedad capitalista y heteropatriarcal, la discusión sobre las condiciones de vida de las personas travestis/trans ha girado en torno a la aplicación de medidas de profilaxis, regulación de la prostitución y controles sanitarios como asuntos de salud pública y responsabilidad estatal. Al respecto, Daniela nos dice, “siempre está la discriminación, la violencia, la genitalidad. Siempre están esas cuestiones que a nosotras nos pone en un lugar de alerta, porque sabemos que dentro de ese parámetro hay un punto en el cual nos podemos manejar pero sabemos bien que nos van a determinar: hasta acá esto no, hasta acá llegaste, hasta acá puedo pensar”. Justamente, esa reducción de la ciudadanía o la negación directa de las personas trans es la que determina el diseño de políticas públicas. La raíz patriarcal constituye al Estado que desampara a personas travestis/trans en situación de pobreza. Más aún, los factores de clase y raza que atraviesan las condiciones económicas, sociales y políticas, dejan al margen de la sociedad y del bien común a travestis/trans y les imposibilita construirse como sujetes desde sus saberes y sus experiencias históricas.

Laura María Bertolini. Foto: cuarto.com.ar

En una economía binaria -masculina/femenina-, donde la asignación de género está vinculada a la división sexual del trabajo, la cifra de personas travestis/trans en una situación laboral precaria y de confinamiento a la prostitución como única opción, es alarmante. En Argentina, a partir del 2012 se dieron a conocer algunos números. Cerca del 90% de personas travestis/trans está o estuvo en situación de prostitución, mientras que, apenas un 18% habían tenido un trabajo formal. La exclusión del ámbito laboral y su reducción al comercio sexual, no solamente afectan la subsistencia de esta comunidad, sino que pone en riesgo su existencia -llegando a rozar un promedio de vida de 35 años- pasando por situaciones de violencia sistemática e institucional, desde discriminación, marginación, detenciones arbitrarias, agresiones sexuales, golpes y violaciones hasta los crímenes de odio o travesticidios.

Desde niñes viven la exclusión de la familia, el desarraigo y la migración. La discriminación en la escuela les impide continuar estudios y capacitación para acceder a un laburo y, además, son víctimas de violencia institucional cuando acuden a los servicios de salud y a trámites civiles. En definitiva, la exclusión es una violación a los derechos humanos.

Al no acceder a la ciudadanía, a la identidad plena y a la formación, sus posibilidades de desarrollo pleno como sujetes y como laburantes queda no sólo reducida sino anulada: “La experiencia en el campo laboral es muy compleja, de cómo se nos mira, cómo se nos determina a un cuerpo entrar al sistema y no ¿Por qué todavía hoy no podemos entrar en el sistema? No es solo una cuestión de que la persona travesti/trans pueda entender sus derechos, sino que el Estado y también la sociedad garanticen los derechos de su identidad”.

Saberes, experiencias y acompañamiento

¿Cómo hacer frente a estas injusticias sociales que menoscaban el derecho a la identidad propia? Encontramos posibilidades de insurgencia y transformaciones políticas y sociales que nos involucran a todes en la experiencia de solidaridades y redes construidas entre la comunidad travestis/trans. El abrigo y la crianza de la infancia trans, de manera corresponsable y participativa, nos corresponde a todes en una sociedad que busque combatir el desarraigo, la discriminación y la explotación sexual. Por tanto, también es importante narrar aquellas historias de solidaridades y de conflictos, de cómo se han organizado para luchar contra las prácticas patriarcales y de qué manera se han acompañado entre elles y han resuelto su cotidianidad. Todas estas experiencias y saberes son útiles para transitar hacia otro mundo es posible.

Foto: Kike Arnal en joiamagazine.com