Río Adentro: Autores que escriben, narradores que relatan, personajes que descubren.

Como aquel cadáver exquisito nacido del surrealismo en los años ’20, Río adentro surge en la polifonía y es polifonía absoluta. No hay modo de adentrarse en la historia sin iniciar un camino que nos sumerge en todas aquellas voces que hacen al entramado literario. Y es que cuatro son sus autorxs, Damián Cots, Ignacio Ibáñez, Mariel Iglesias y Julián Saud, que habrán de construir aquel perfil de autor colectivo para dar paso a las voces narrativas y personajes que habitan el relato. En este sentido, es curioso pensar cómo lo dialógico se constituye desde ambos lados de la frontera que separa lo real de lo ficcional, cómo todas esas voces hacen de Río adentro un texto propiamente dicho, un tejido.

Estamos frente a una novela de fronteras, de potestad sobre el territorio ajeno, sobre los cuerpos y las identidades. En ella, somos capaces de presenciar cómo se dibujan o desdibujan los límites, las voces narrativas que cambian, las historias que se suceden de manera independiente o necesariamente dependientes unas de otras.
Un conjunto de hechos vandálicos está cobrando protagonismo en la Ciudad de Buenos Aires. “Escraches terroristas” siembran temor en la sociedad ¿Quiénes son los responsables?
Un grupo de civiles, identificado por las corbatas amarillas que visten, replica sus operativos hechos en el Municipio de Tigre para devolver el orden. Tapa de Río Adentro

Una serie de hectáreas vírgenes son territorio de disputa en el Delta. Los hermanos Dozcabecerro, en alianza con Ángel Machado y el juez Prieto, se preparan para avanzar sobre muchas familias que han restituido, ya hace tiempo, su derecho a la tierra en esa isla.
Entre estas historias surgirán las otras: caminos que habrán de trazar los personajes o destinos inevitables; puesto que cuando el surco se vuelve profundo, se define una pendiente provista de una inercia imposible de parar.

Sergio será, de las tres voces, la única narración en primera persona que encarnará con los lectores la responsabilidad que atañe descubrir la verdad. Por muchos años, habrá sido parte de la familia Machado: el protegido de Ángel, su cómplice, el hijo que nunca tuvo, su yerno. Pero el tiempo cambiará las cosas. El desalojo de las tierras del Delta lo pondrá frente a los límites de lo moral, pero, sobre todo, de cara a lo verdadero. Se encontrará con Jorge Dassano, ex dirigente del Partido Comunista y ahora líder de las familias que resisten en los lindes de La Antequera. Dassano conoció al padre de Sergio. Machado también. La disyuntiva será, entonces, saber qué decisión tomar al momento de superponer y querer hacer coincidir las historias del pasado. La identidad, la lealtad, la justicia social, la familia…

Entre tanto, dos narradores en tercera persona relatarán las peripecias de Verónica y Julia, las hijas de Machado. Dos mujeres exiliadas de su origen y presas de su realidad.
Julia vive en Sol de Irak, un caserón situado en Almagro que en principio fue ganado y ocupado por Sergio y sus compañeros de militancia. En el presente de la historia, solo quedará el recuerdo de aquella época del deseo utópico de cambiar el mundo. Julia se refugiará allí y, de las puertas hacia afuera, enarbolará el discurso de una vida perfecta. La estudiante, la trabajadora, la artista. Un discurso tan perfecto como sea posible para alejarse de la familia Machado. Sin embargo, de puertas hacia dentro, quedarán los recuerdos de su relación con Sergio, su adicción a la cocaína, sus problemas con el narcotráfico. La soledad, el amor, la ilegalidad…

Río Adentro: una novela colectiva
“La Familia”: Ilustración de Maite Larumbe para Río Adentro

Verónica habita en un neuropsiquiátrico dirigido por su tío Ernesto Ford. Al olvido de su familia, pero aún bajo el sometimiento de Ford, revivirá el pasado que la atormenta. El abuso intrafamiliar, la maternidad deseada/no deseada, la locura…
Personajes que se entrecruzan y que, al igual que sus autorxs, conforman una sola voz. Los tópicos universales de la literatura fluyen en Río adentro, filtran historias que nos devuelven la mirada sobre un mundo posible, tan ficcional como realista. Una novela que, como todo texto literario digno de apreciarse, les ofrece a sus lectores el espacio de la ficción como cuarto propio. Como oportunidad para otorgarle voz a la experiencia real en la que somos, parafraseando al personaje de Sergio, una pieza más en el engranaje, una rueda aceitada que no falla, que hace lo que tiene que hacer. Girando en un mundo que gira y que, a lxs que frenan, lxs tira a la basura (p. 35).

Río adentro deviene de a poco. Deviene de a poco y nunca más dejará de devenir. Puesto que cuando cruzamos el límite, cuando la frontera es abandonada nunca más se puede volver atrás. Como lectores nos adentraremos en su propio vértigo, seremos testigos de la velocidad que se adquiere al caer, de la densidad que hay que tomar para levantarse o de la fuerza para resignar aquello que siempre fue conocido, pero que, a la vez, siempre nos fue extraño.

 

Escribe: Ayelén Reyes

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