Escribe: Francisco Figueroa

“Vengo aquí en defensa de la dignidad humana”. Así despedía Peter Handke al dictador Slobodan Milosevic una mañana de marzo de 2006, en un funeral multitudinario en Belgrado.
Milosevic, ex presidente de Yugoslavia conocido como “el carnicero de los Balcanes”, estaba siendo juzgado por “crímenes de guerra, genocidio y limpieza étnica” en un tribunal en La Haya -fue el mayor responsable de la matanza de miles de civiles durante la guerra en Bosnia- cuando un guardia holandés lo encontró muerto en su celda.
Trece años después, la noticia de que Handke era el nuevo ganador del premio Nobel de literatura despertó la polémica.

Peter Handke hablando de Milosevic

“¿Cómo puede obtener el premio Nobel alguien que defiende criminales?”. Munira Subasic, presidenta de la Asociación Madres de Srebrenica – pueblo dónde milicias serbobosnias asesinaron a 8.000 bosnios de origen musulmán, entre ellos niños, en 1995 – mostró su disgusto y declaró que pedirían a la Academia Sueca que retiraran el premio al escritor. No era la primera controversia generada por las posturas negacionistas de Handke: años atrás, el escritor había tenido que rechazar premios en Noruega y Alemania ante la cantidad de críticas desatadas por su consagración.

Balcanes: La guerra eterna

La región de los Balcanes, una de las más pobres de Europa, donde conviven gran diversidad de etnias y religiones, parece nunca alcanzar la paz. La muerte del Mariscal Tito en 1980 (Josip Broz Tito, político y militar yugoslavo que gobernó dicho país hasta el último día de su vida) fue el desencadenante de una serie de conflictos que alcanzarían su punto máximo en los 90’, cuando países pertenecientes a la antigua Yugoslavia (Eslovenia, Croacia, Bosnia, entre otros) declararon su independencia, dando origen al enfrentamiento entre los defensores de la “Yugoslavia unida”, con el gobierno serbio de Milosevic a la cabeza, y los independentistas. Violaciones masivas, matanzas y desapariciones fueron tan solo algunas de las aberraciones que se cometieron durante la guerra.

La intervención de la OTÁN, que bombardeó Serbia en 1999, no hizo otra cosa que aumentar el número de víctimas civiles y recrudecer la violencia, que se atenuaría recién en 2001 con el fin de la guerra y la división de la antigua Yugoslavia en cinco países: Croacia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Serbia y Macedonia.

“Si los delincuentes de la OTAN bombardean el país, mi lugar está en Serbia”

“Creo que fue una figura trágica. No un héroe, pero sí un ser humano trágico”, agregaba Handke sobre Milosevic. Nacido en Austria, de madre eslovena, el nuevo Nobel es autor de obras reconocidas y traducidas mundialmente como “El miedo del portero al penalty”, “Los avispones” o “Carta breve para un largo adiós”, y su literatura fue llevada al cine por directores de la talla de Wim Wenders, entre otros, quien aplaudió su consagración y declaró que Handke sufría “una campaña de difamación por pensar a contracorriente”.
“Es un autor definitivamente provocador, pero no hay en sus escritos nada que implique un ataque a la sociedad civil” expresaron desde la Academia, agregando también que en un artículo periodístico Handke había calificado a la masacre de Srebrenica como el “mayor crimen contra la humanidad en Europa tras la segunda Guerra Mundial”.

Peter Handke

Después del escándalo Handke anunció enojado que nunca más hablaría con la prensa. Quizás no encontraba las palabras justas para defender su postura, o ya las había gastado todas una mañana de Marzo de 2006, en un funeral multitudinario en Belgrado.