Cómo resistieron los espacios de refugio durante la política neoliberal del macrismo.

Entrevista a Manuela Cartolari, coordinadora del Programa Asistiré entre 2018-2019.

El Programa Asistiré está dirigido estudiantes de nivel secundario que, por diversas razones y problemáticas, presentan interrupciones en su proceso educativo. El Programa interviene a para resolver aquellas situaciones que alteran la trayectoria escolar de adolescentes y jóvenes.
Manuela Cartolari es docente, licenciada en psicología y doctora en educación. Fue becaria del Conicet, miembro de la agrupación de mujeres Mundanas y de la Campaña Yo No Miento organizada por esta revista. Forma parte del GICEOLEM, dirigido por la Dra. Paula Carlino y, en dicha línea de investigación, ha publicado diverso material sobre las barreras que representan la lectura y escritura académicas en el nivel terciario y la formación de docentes noveles.

¿Cómo se gestó el Programa Asistiré y cómo llegaste a coordinarlo?

Por falta de profesionales capacitados en la gestión de “Cambiemos” fui recomendada como cuadro técnico. En ese momento, el Programa se encontraba bajo la coordinación de otra persona cercana a Agustina Cavanagh, directora de la Fundación Cimientos y esposa del juez Carlos Rosenkrantz.
Según supe, Asistiré fue ideado con ese mismo nombre por Esteban Bullrich y uno de sus secretarios, Max Gulmanelli -ex coordinador de la Fundación Felices los Niños del Padre Grassi- quien dejó como único legado el desguace de distintas coordinaciones socioeducativas y decenas de equipos y utensilios que fueron repartidos entre sus propios funcionarios durante la gestión de Finocchiaro. Fue así que el Programa comenzó como una inversión en merchandising, sin que nadie pudiese explicarme otro objetivo que el de reunir al Ministerio de Educación con distintos organismos para ver cómo frenar la “deserción escolar”.
Para enero de 2018 ya se había reclutado el 60% de los 88 Promotores para trabajar en territorio, bajo la coordinación de Magdalena Olmos. Ella me comunicó que renunciaría y que, por disposición de sus superiores, yo ocuparía su lugar para la implementación.
Así ocupé el rol de coordinadora nacional del Programa Asistiré que, junto a compañeras del Ministerio, convertimos en refugio para expresar cotidianamente, al menos, entre nosotras, y relativamente a salvo de la persecución ideológica, como un acto subjetivo que nos ayudaría a procesar tanta angustia en forma colectiva.
Lo más importante fue la resistencia a la meritocracia y a la acusación a docentes y directivos de las escuelas, a quienes además de haberles quitado muchos recursos -como el Plan Mejoras, que financiaba distintas necesidades, entre ellas de apoyo escolar, los Centros de Actividades Juveniles, la desfinanciamiento del Programa Coros y Orquestas- se les exigía matrícula para no cerrar cursos. Tuvimos que trabajar mucho, por lo bajo, para que las escuelas empezaran a mirarnos con menos desconfianza.
Tras la sensación de persecución y riesgo, me di cuenta de que hacía tiempo que nos comunicábamos entre nosotras con eufemismos: hablábamos de derechos, justicia social, amor a la patria, colonialismo, crisis, etc., pero sin usar esas palabras, porque sabíamos que si te tildaban de kirchnerista o peronista, estabas frita.

Coordinadora Nacional del programa Asistiré 2018-2019
Manuela Cartolari

¿Esta persecución era real? ¿Cómo te dabas cuenta?

Las personas que eran “referidas” por Cambiemos no eran idóneas para la tarea. Incluso, rechazamos a varias, amparadas en nuestro criterio técnico. De esa forma, pudimos referenciar a muchas profesionales ampliamente calificadas que habían quedado sin trabajo en estos años, porque habían sido echadas de otros organismos del Estado al comienzo del macrismo. Por temor a ser estigmatizadas, muchas omitían de su CV algunas ocupaciones, como también su militancia cuando era el caso. Ése fue el clima de autocensura y persecución ideológica que se vivió en estos años.

Pero entonces, más allá de estas excepciones, ¿el Programa terminó siendo una especie de reservorio de militantes de Cambiemos en la Provincia de Buenos Aires?

Al pasar el tiempo, nos dimos cuenta que las personas seleccionadas compartían nuestro mismo posicionamiento ético-político, más allá de cualquier afiliación partidaria. Yo llegué a la conclusión de que resulta imposible trabajar en las escuelas con el compromiso que pedimos desde el Programa y a su vez ser afín al macrismo y a las políticas neoliberales. A menos que seas una persona absolutamente disociada, no tenés forma de conciliar el discurso del individualismo, de la meritocracia y el uso desfachatado de la idea de igualdad de oportunidades con la realidad de cientos de familias que, con la crisis provocada en estos cuatro años, perdieron sus trabajos, no pudieron pagar el alquiler mínimo en un barrio, tuvieron que desmembrarse e ir a vivir cada unx con algún pariente para no quedar en la calle -los que tuvieron esa suerte y no quedaron efectivamente en situación de calle-, y que, por eso, abandonaron la escuela. O con cientos de adolescentes y jóvenes a los que no les queda otra que dejar la escuela para quedarse a cuidar a lxs hermanxs más pequeños mientras las madres y adultxs salen a buscar el peso, y cuando no están desocupados se sobreocupan sumando distintos trabajos precarizados, estando fuera de sus casas por jornadas laborales de hasta dieciocho horas por día.

Hablabas antes de las causas del abandono escolar y, entre ellas, del hecho de que las familias perdieron sus trabajos, ¿es ésa la principal razón de que hoy por hoy los chicos dejen la secundaria?

Pensamos en situaciones complejas y multidimensionales, asociadas al riesgo de interrupción de las trayectorias educativas de lxs estudiantes ¿Por qué? Porque como bien nos enseñó Flavia Terigi, lo que para cualquiera que mira desde afuera, puede ser significado como “abandonar” o “desertar” del secundario, es vivido en forma muy distinta por lxs propios chicos y chicas, y que en realidad no abandonaron ni desertaron de nada, sino que se encuentran en un momento particular de sus vidas y tienen toda la intención de volver a estudiar.
Hoy en su casi totalidad, lxs estudiantes interrumpen sus trayectorias por dos tipos de situaciones: coyunturas de gran adversidad socioeconómica, que impactan en diversos órdenes y recrudecen las problemáticas subjetivas y vinculares, generando mucho trabajo de cuidados y trabajo adolescente no protegido y, por otro lado, por el propio dispositivo escolar y la dificultad para flexibilizar sus propuestas pedagógicas, en un momento en que la realidad pone en riesgo la secundaria tradicional, agravados por el desfinanciamiento sistemático de la educación en la gestión del macrismo.

Manuela Cartolari es coordinadora Nacional del programa Asistiré 2018-2019
Trabajo en territorio, a pesar de todo.

¿Realizaron algún tipo de documentación de esas situaciones?

Armamos con los agentes territoriales, muy artesanalmente, un interesante sistema de recolección y análisis de datos de las situaciones que atraviesan lxs pibes. Del 2018 tenemos registro de las situaciones atravesadas por 4654 chicos y chicas de 44 partidos de la Provincia de Buenos Aires, y hasta el 30 de septiembre, de 8858 estudiantes de las cinco provincias en las que trabajamos.
Hablo del cinismo y de la posición psicotizante del macrismo, porque desde el Programa les mostrábamos a las autoridades los datos concretos, empíricos de las situaciones de abandono escolar, que claramente mostraban el trabajo infantil, las necesidades básicas insatisfechas, el desempleo de las adultas, sostén del hogar, como problemáticas que iban ampliándose en forma precipitada, y nos felicitaban por los datos, como si fuesen un ente vacío, haciendo caso omiso de la responsabilidad que les correspondía. De hecho, no podíamos negarnos cuando nos pedían los datos de estudiantes y familiares para ir a filmarlos con su autorización y hacer spots con “historias”, como las llaman, con claros fines propagandísticos, en los cuales se jactaban de que el Programa ayudaba a aquellxs estudiantes que habían dejado de ir a la escuela, gracias a las articulaciones de los Promotores Asistiré, que buscaban subsidios en los municipios. Pero, ¿quién iba a devolverles el trabajo a esas familias? Esa evidencia del estrago que causaban sus políticas lo pasaban soberanamente por alto.

Esto que mencionás de la posición psicotizante del macrismo, además de verlo en esta contradicción entre la crisis económica y los objetivos del Programa, ¿la veías expresada en algo más?

La veía todo el tiempo, y en lo personal, me hacía vivir una realidad exasperante en el Ministerio. Primeramente, cuando se informó, por ejemplo, que el presupuesto 2019 para todas las líneas de la dirección en la que está alojado el Programa tendría asignado el mismo monto nominal que en 2018, lo que, en palabras del mismo funcionario que lo informaba, implicaba una reducción del 40% por la inflación, teniendo en cuenta, además, que el presupuesto de 2018 también había quedado atrasado en, como mínimo, un 20%. Acto seguido, se comunicó que el año electoral implicaba hacer este gran recorte con el menor costo político posible, y se confiaba en que ello fuese factible, porque había muchísimas cosas que se podían trabajar sin inversión de recursos. A partir de ahí, escuché los más diversos e increíbles disparates. Todavía no logro dar crédito a haber presenciado reuniones en las que se aplaudían a los asesores, jactándose de haber conseguido la donación de un patio blando para la Biblioteca Nacional de Maestros, por parte de una empresa privada, a los fines de organizar un evento. Otros comunicaban el “gran logro” de haber convencido a las Academias Nacionales que tendrían que renunciar a los aportes del Ministerio, sin que nada de ello se denunciara en los medios. La evidencia estaba ahí: la verdadera meta del macrismo, detrás de la mentira de “pobreza cero”, fue la de “presupuesto cero”.

Manuela Cartolari es coordinadora Nacional del programa Asistiré 2018-2019

En este contexto de desfinanciamiento progresivo y sistemático de todos los programas de la cartera educativa que señalás, ¿cómo se explica la expansión de Asistiré?

Yo creo que Asistiré estaba destinado a desaparecer en el 2019, y esto ya lo sabía Finocchiaro cuando entró en 2018. De hecho, creo que su gestión habría acabado con el Programa si no hubieran existido los acuerdos políticos previos de Esteban Bullrich con intendentes del conurbano bonaerense, en vista de su candidatura en La Matanza. Por eso, se le dio un alcance y presupuesto acotado en su primer año de existencia. La sorpresa la tuvimos todas en el equipo de coordinación cuando el Banco Mundial ofreció incluirla en su proyecto de financiamiento a cuatro años, pero como política ultra focalizada en un número discreto de provincias y escuelas. Fue así como el Programa continuó este año y se expandió a Chaco, Corrientes, Chubut y San Juan, y sumó escuelas en Provincia de Buenos Aires hasta llegar a un total de 623 instituciones educativas en el territorio. A su vez, seleccionó y formó para el trabajo respectivo a un total de 224 promotores territoriales que, junto a los equipos jurisdiccionales y el nacional, conforman un vasto equipo de 278 profesionales pertenecientes al Programa.

¿Cuáles fueron los resultados de Asistiré en términos de su aceptación en las escuelas?

Para empezar, tuvimos que ir en contra de la propia denominación de Asistiré, como política nombrada en primera persona del singular, en tiempo futuro, casi un imperativo que parece connotar, desde la lógica de la meritocracia, que con sólo proponérselo alcanza para “asistir” a la escuela. Tuvimos que desarmar tal representación. A través de mucho trabajo en la formación de los agentes territoriales que se capacitan una vez por mes con nuestro equipo, pudimos llenar a Asistiré de un significado diametralmente diferente. De hecho, al nombrar a Asistiré siempre aclaramos que no se trata sólo de asistir. Se trata, en realidad, de cómo el Estado garantiza o no, además del estar, el derecho de participar y ser parte de una escuela y comunidad, ejerciendo todos los derechos que corresponden a lxs niñxs, adolescentes y jóvenes.
Otra de las desconfianzas de las escuelas que tuvimos que vencer fue la Toma de Asistencia Digital y a comienzos del 2018, en la provincia de Buenos Aires, la gestión de Vidal cerró cursos y escuelas con la excusa del “reagrupamiento” de secciones. La herramienta digital debía hacer seguimiento de las trayectorias y, de hecho, sostuvimos que, para que haya chicos dentro de la matrícula, debe haber un aula abierta a la que puedan volver. Pero no pudo implementarse exitosamente por los propios incumplimientos del macrismo, que dijo que conectaría a internet a todas las escuelas y no fue así, como también a raíz del desmantelamiento de Conectar Igualdad, que garantizaba la existencia de notebooks en las escuelas y la reposición y/o reparación de las mismas. Desde el Programa se trabajó siempre en alianza con los equipos escolares para el acompañamiento de las trayectorias educativas de lxs estudiantes.
En realidad, creo que uno de los aportes del Programa es haber formado a lxs promotorxs para trabajar en la incomodidad, algo que aprendimos, por ejemplo, gracias al documental de CTERA sobre las escuelas de reingreso. El Programa dio visibilidad a situaciones que son problemáticas para las escuelas, para las que hoy el Estado no ofrece una respuesta de fondo. ¿Qué se hace cuando –“te traen” un pibe en octubre, un pibe que no comenzó a cursar en todo el año? ¿Qué le ofrecemos? ¿Con quiénes lo “ponemos”? Esas eran algunas de las preguntas de directivos y docentes con el mayor compromiso del mundo. Lxs chicxs deben volver siempre a la escuela, y la escuela debe hacerles sentir bienvenidxs, y ofrecerles una propuesta que tenga sentido para ellxs, que les empodere y les permita avanzar en su escolaridad, apropiándose de ese espacio educativo que por derecho les pertenece.