Estado de golpe

 “(…) un relato mediático que resalta el miedo y la incertidumbre.
Una sucesión de supuestos hechos terroristas justifica
la aparición de grupos civiles.
Identificados con corbatas amarillas se organizan para garantizar la seguridad (…)”

(Contratapa, Río Adentro)

I

La muerte de un fiscal adquirió el perfil de golpe apocalíptico, traumático, en una sociedad que venía acentuando su gusto por la novela policial. Meses después, bajo la lluvia, los paraguas que nunca existieron el 25 de mayo de 1810, remendaban una imagen de república preferida por lxs conservadorxs. Una plaza más o menos llena, les devolvía una euforia paleolítica: había que domar a la yegua.

Un verano después, CFK cumplía el sueño de Roberto Carlos: tener un millón de amigxs. Una plaza histórica, irrepetible, que dejaría una huella imposible de borrar. Cada unx de nosotrxs tenía un dirigente adentro. Y así nos fuimos de la plaza, llorando de cuerpo entero, de tristeza y de orgullo. Gritando que íbamos a volver.

Al otro día, en la Casa Rosada, se inauguraba la discoteca del cinismo. El mismo balcón que los Kirchner jamás usaron para saludar a la multitud porque, era el balcón de Eva y a ellxs les quedaba grande, sería ahora reinaugurado bajo una escena nefasta: Gabriela Michetti cantando a capela una versión espantosa de No me arrepiento de este amor (Gilda, 1994) y el presidente electo, junto a la esclavista Awada, nacionalizando el ula ula PRO.

Se trataba del balcón de Eva y de Juan. Macri bailó allí como si animara a un grupo de púberes en un viaje de egresadxs. Antesala del modus operandi que implementaría el PRO. Terrorismo simbólico. Desaparición forzada del lazo social. Genocidio cultural. Detención ilegal de la palabra.

En las pantallas, el triunfo neoliberal era asfixiante. El noventismo “reloaded” asomaba con supinos avances estéticos: pequineses iracundos con hambre de tobillos, señoras de finas cremas que rescatan gatitos perdidos y piden cárcel para sus dueños irresponsables, lobos veganos que ayudan a los pobres a conseguir carne “for export”. Mucho circo, poco pan.

Estado de Golpe: editorial #34
“El payaso golpista”, Ilustración de Maite Larumbe

II

Nuestrxs hijxs ya no juegan a la pelota, a la soga o a la escondida en las calles. Hay más teléfonos celulares que personas. Ya casi no hay sujeto que no esté sujetado a una prótesis tecnológica. Un bastón mental. Una almohada de paja en donde recostar las manos. Un pedazo de mamá para llevar en el bolsillo. Nos hicieron creer que todo se puede controlar a través de un rectángulo de plástico. Sólo basta ser ligero de pulgar y agachar la cabeza.

La derrota del peronismo en 2015 fue un mazazo ontológico. El mito de la big data nos entró hasta por el ombligo. La campaña publicitaria del macrismo supo conmover ahí donde lo imposible limita con el confort. Una película que muchxs argentinxs querían ver desde la comodidad de sus hogares. Lo que no sabían era que, al terminar de verla, su salario valdría la mitad, su hipoteca el doble y su confort, nada.

Los cambie-mitos irrumpieron cualquier signo y símbolo popular: querían despintar todas las paredes, pisotear las flores, recolocar el parqué, escupir los asados, desenterrar los ritos peronistas desde el bulbo. Venían por el pueblo, a romperle la voz, a quebrarle el alma. Nos tocó conocer la vulnerabilidad de muchxs compañerxs. Nos tocó verlxs callar, achicarse, irse al mazo o meterse adentro de un zapato. Pero también, nos tocó conocer bien de cerca a lxs imprescindibles. A lxs que con sólo decir una palabra encienden la ilusión y los rosales.

III

Rosadita, pura, suave, como la mejor falopa. La imagen de Báez contando billetes en una financiera capturó a lxs espectadorxs y les ofreció un manjar escópico difícil de rechazar. Años después, sabríamos que las declaraciones de Eláskar y Fariña eran falsas. Luego vinieron los bolsos de López. Ambos guiones inspirados en el best-seller de Nisman. Espiar, a través de la cerradura de una cámara, y hacerse la imagen de un hombre desesperado ingresando bolsos de dinero a un convento: el sartenazo más duro que nos pegamos en la pera ¿De dónde venía ese dinero? Hamartia reveló en abril de 2018 que más de la tercera parte de ese capital provenía del Banco Finansur. La ruta nos llevó a Jorge Sánchez Córdova, ex dueño del banco y, hasta 2014, tesorero de Boca Juniors.

Tras las rejas, Milagro Sala, Julio de Vido, Amado Boudou, Luis D´ Ellía, Carlos Zanini, Fernando Esteche, Cristóbal López, Fabián de Sousa, Gerardo Ferreyra, entre otrxs. El sueño cambiemita estaba en marcha. Matar al peronismo. Encarcelar a sus dirigentes, colgar sus cabezas en la horca mediática  y asociar sus vidas a los peores delitos e inmoralidades. Pero todavía faltaba el plato fuerte. A esta altura, CFK había comprendido que su ausencia era la presencia más eficaz. Se infiltraba en el aire como un silbido, a veces como un mosquito que merodea la noche y fabrica un insomnio contagioso o un tambor que retumba en las góndolas de los supermercados. Era un chistido que pasa a toda velocidad entre dos nubes que se mueven rápido, inadvertido como un adolescente que mete su cabeza en un conteiner de basura.

Un sábado por la mañana, de pronto, la yegua misma dio por finalizada la doma. Alberto Fernández sería el candidato a presidente por el Frente de Todos. El sol de la unidad volvía a salir, quemaba como nunca.

El 27 de octubre, el 48% de lxs argentinxs eligió volver a correr el riesgo del populismo. Doscientas ochenta horas después liberaban a Lula. Con setenta y cuatro años, más entero que nunca, dispuesto a luchar por su inocencia, no ya por su libertad. Se intuía el colorario de un clima que se venía gestando en las calles de Chile, Ecuador y Colombia. Con un Bolsonaro cada vez más sólo y menos legitimado. “Neoliberalismo nunca más” dijo alguien por ahí… Y del nunca más, en pocas horas, pasamos al golpe de estado en Bolivia.

Hamartia sobrevivió a la tempestad cambiemita. En estado de golpe, pero de pie. Sin haber perdido una sola de sus convicciones. Siempre mirando hacia la región, recordando a Chávez y a Fidel, siguiendo de cerca a Lula, a Mujica y a Correa, abrazando a Maduro y a López Obrador. Cargándonos a Evo al lomo. En el complejo ejercicio de desenmascarar al enemigo interno y de, por fin, construir una soberanía regional que libere al pueblo de la tortura imperialista. El neoliberalismo no se va morir de viejo. Su entierro dependerá de la organización y creatividad popular. El fantasma de una América unida aterroriza al país del norte porque pone en riesgo su hegemonía mundial. La historia la ganan lxs que escriben y, otra vez, volvimos a escribir.

Estado de Golpe
“Estado de Golpe”, Ilustración de Maite Larumbe