Escribe: Juan Manuel Bassus

Fotografía: Pedro Ignacio Guridi

Describir las credenciales de Susana Murillo superaría con creces los escuetos caracteres dedicados a esta introducción. Doctora en Ciencias Sociales, Magister en Política Científica, Licenciada en Psicología, Profesora en Filosofía, investigadora, escritora, catedrática. Su pensamiento, para nada lineal, invita a ser desgranado en capas, conectadas por diversos vasos comunicantes que muestran que todo tiene que ver con todo. Y para todo hay una respuesta, que expresa con paciencia oriental para asegurarse de que sus interlocutores puedan seguirla. Desde ese lugar, nos invita a pensar juntos la Ciudad de Buenos Aires y, finalmente, a entender por qué aún, en medio de la debacle y el caos, nada puede poner en peligro la hegemonía neoliberal en la reina del Plata.

Susana Murillo

En alguna publicación, vos desarrollaste la idea de la ciudad-empresa ¿Podemos decir que, hoy en día, estamos frente a un Estado nación-empresa?

Sí, estamos frente a un Estado nación, en el cual la función empresa es fundamental en el gobierno de las poblaciones. Y función empresarial, bajo la óptica de los clásicos del neoliberalismo, significa, básicamente, que la sociedad es sinónimo de mercado. Y el mercado es un juego sustentado en una moral de competencia, en el que el núcleo somos los sujetos individuales y el otro es un “medio para mis fines”. Y pienso, fundamentalmente, en Von Mises y Friedrich Hayek, que vinieron a la Argentina y sus llegadas fueron momentos fundacionales del neoliberalismo en nuestro país.

BAJO LA ÓPTICA DE LOS CLÁSICOS DEL NEOLIBERALISMO (…) LA SOCIEDAD ES SINÓNIMO DE MERCADO.

Hayek llegó en 1956 y se entrevistó con Aramburu, al tiempo que se dio nuestra entrada al Fondo Monetario Internacional. Y volvió en 1977, cuando visitó a Martínez de Hoz en Argentina y a Pinochet en Chile. Y Von Mises visitó el país en 1959 e inauguró la Licenciatura de Economía en la Universidad de Buenos Aires. O sea que la llegada del neoliberalismo acá fue muy temprana. Y el neoliberalismo no es una mera teoría ni una técnica, es una tendencia que busca construir un proceso civilizatorio, porque modifica las conductas, los sentimientos y las emociones de las poblaciones. Pero, si la primera vez que llega con el voto es en 2015, entonces entre 1955 y 2015 mediaron casi 60 años de resistencias populares que ellos debieron sortear para finalmente ingresar.

Si bien, como señalás, el primer acceso por voto popular a nivel nacional se dio en 2015, éste gobierno tuvo una irrupción previa a la gestión estatal, que se dio en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Se podría decir que ésta fue la prueba piloto que les permitió después acceder al control de la Nación?

Sin dudas. Y puedo fundamentarlo porque trabajé mucho en la calle en el caso de Alex Blumberg y de República de Cromañón. Y vi, sobre todo en éste último, de qué manera se operaba sobre los familiares y los grupos de damnificados para no sólo derribar a Ibarra, sino para construir una “revolución cultural”, que es una transformación de valores.

El neoliberalismo, como proceso estratégico, trabaja con la articulación de dos elementos: el terror a la muerte, y la interpelación a que seamos sujetos felices completos y autosuficientes.

En el plano de la ciudad, ya en los noventa vino al país Bratton-Giuliani, una empresa estadounidense, para transformar a Buenos Aires en la vidriera de la inseguridad de Latinoamérica, para vender seguridad. En aquella época, “coachearon” a Domingo Cavallo y a otros candidatos opositores, pero las elecciones las ganó Ibarra. De ahí, que el concepto de inseguridad, como el de corrupción, son significantes que cobran una enorme importancia para esta revolución en el campo de los valores de los ciudadanos. Porque todo lo que tiene que ver con la sensación de inseguridad, miedo, pánico e indefensión, inconscientemente resignifica los terrores de la dictadura. El genocidio fue tal porque exterminó seres humanos que se oponían al orden establecido y porque construyó cierto escenario para los que estábamos vivos: el del miedo, el terror, el que hace que la subjetividad vuelva hacia su etapa más primitiva, más primaria, de mayor inermidad e indefensión, y tienda a identificarse con aquellas figuras que le prometen una especie de salvación o de completud. Y este terror se resignifica muy fuerte en la utilización del dolor de Cromañón donde, durante un año, distintos grupos de chicos y chicas marcharon pidiendo justicia. Se fue colonizando ese dolor paulatinamente y difundiéndolo a la sociedad.

Se ve en la estrategia comunicacional del gobierno una apelación constante hacia la emocionalidad en detrimento del raciocinio

Esto está ya escrito por Walter Lippmann en dos textos que se llaman “El público fantasma” y “La opinión pública”, de 1919 y 1922, respectivamente. El núcleo de la interpelación ideológica, de la propaganda política y comercial, apunta al hecho de que todos tenemos emociones básicas que se vinculan con distintas imágenes mentales. Los discursos deben tener la suficiente vaguedad y ambigüedad como para apelar, no a la racionalidad de los sujetos, sino a sus emociones más profundas. Esto los pone ante situaciones en las que no pueden expresarse más que por sí o por no. La “grieta” es una construcción constante que nos lleva a un lugar en el que los sujetos y los grupos sociales no pueden hacer propuestas. Así, se anula al mismo tiempo la posibilidad de pensar críticamente y la de construir en colectivo.

EL NEOLIBERALISMO NO ES UNA MERA TEORÍA NI UNA TÉCNICA, ES UNA TENDENCIA QUE BUSCA CONSTRUIR UN PROCESO CIVILIZATORIO.

Por ejemplo, en los ruidazos que se dieron el último verano, se observaban consignas muy básicas que rara vez iban más allá de los improperios hacia el Presidente de la República. Y la vacuidad en las consignas de los que se oponen no es algo propio de la ciudad de Buenos Aires, que tiene una historia muy rica de rebeldía. Ésta comenzó a desarmarse a partir del terror en la dictadura del 76’, que se resignificó en otras situaciones de temor —como la hiperinflación, por ejemplo— y se consolidó en lo que fue la operación por detrás de Cromañón. Para instalar el neoliberalismo en Buenos Aires se desplegaron una serie de estrategias que no tienen que ver con nuestros valores tradicionales, porque uno de los objetivos del terror es romper con éstos e implantar valores nuevos.

Con la tragedia de Cromañón se comenzó a implantar en la subjetividad, sobre todo de los jóvenes, una situación ligada al “aquí y ahora”, y al individualismo. Y cito a los jóvenes porque vi cómo se operaba sobre ellos. Por ejemplo, en el último acto en 2005, mientras los pibes cantaban canciones de resistencia en la calle; al escenario se había subido un grupo evangelista que le cantaba a Dios, a las creencias y a la religión, desautorizando la voz de los chicos y las chicas. El tema Cromañón aportó a la despolitización de la sociedad, como una suerte de complementario del “que se vayan todos” del 2001, y a la aparición de alguien que no venía de la política, pero era visto como exitoso en el ámbito del fútbol.

Y dio paso a un gobierno que practicó el darwinismo social y la gentrificación

Exactamente. El Gobierno de la Ciudad, a partir del año 2007, fue un verdadero experimento social para toda la Argentina. El primer elemento de darwinismo social que aplicaron, y el primer decreto que aprobaron, fue la creación de la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP), que se caracterizaba por apalear a pobres en las calles. Ésta desapareció —producto de la resistencia que ejercimos miles de ciudadanos—, pero no  sus miembros, que siguen actuando en los barrios.

Susana Murillo

Ahora, ¿no resulta necesario, desde la óptica de un gobierno como éste, un cierto número de desclasados que opere como amenaza y que aleccione a aquellos que no se quieran prestar a las reglas del juego?

Sí. Ese darwinismo social tiene dos caras: la eliminación del otro, del indeseable, del que el nuevo paradigma productivo considera, ya no como ejército industrial de reserva, sino como un excedente y, por otra parte, ese expulsado se convierte en la cara de la “otredad”, en un cuerpo abyecto donde toda ley se suspende. “Ellos” son la contracara que nos constituye como un “nosotros”. Ésa es su utilidad política fundamental, que es encerrarnos en nosotros mismos. Pero, esta “otredad peligrosa” conforma también la fuerza de trabajo barata del capital ilegal, que es el capital que gobierna. O sea, que ese darwinismo tiende, por un lado a eliminarlos, pero mientras lo hace los utiliza. Tiene, también, una cuarta faceta, porque constantemente la población de la Ciudad de Buenos Aires se levanta todos los días con una mala noticia distinta. Esto, sumado a la situación económica, genera angustia en la población. Y cuando la angustia no se puede elaborar, se vuelve violencia.

Y esto se exacerba con la legitimación de la violencia, presente en el discurso gubernamental

Sí, absolutamente. Porque si volvemos a la idea de la función empresarial de la ciudad y del Estado, para los que la sociedad es un juego de pura competencia; lo que se rompe es el lazo social, porque el otro se vuelve un medio para mis intereses, gustos y placeres. Desaparece cualquier forma de moral universal o colectiva. Aquel que aparece como peligroso puede ser linchado o apedreado porque es visto como la causa de tu infelicidad y de tu falta de éxito. Aquí entran en juego una cantidad de mecanismos de carácter inconsciente que el neoliberalismo toma, no ya del psicoanálisis tradicional, sino de las neurociencias y la psicología cognitiva o la inteligencia emocional.

La imposición de nuevos valores y la destrucción del espacio público, ¿tienen que ver con vencer esa resistencia innata del porteño de la que hablabas antes?

Exactamente. Uno de los núcleos de la estrategia neoliberal es la eliminación de la memoria histórica, porque ésta contiene ciertos valores vinculados a lo colectivo, al respeto al otro como fin en sí mismo y no como medio para mí. Valores que eran muy fuertes en la Argentina y en Buenos Aires en particular. Y se traducían en la importancia de los espacios públicos como garantes de la integración social. Un lugar donde los desiguales económicos podían sentirse iguales en lo político. El espacio público era nuestro. Por eso, desde la educación, el entretenimiento, la construcción de los transportes, el trazado de las calles, etc. se borra el concepto de espacio público que tenemos y la memoria social. Impulsan el concepto de accountability social, algo que uno puede creer inadvertidamente que es “lo colectivo”. Algo así como el derecho a la exigencia de la rendición de cuentas a la autoridad, pero ejercida por grupos sectoriales con reclamos particulares y sin carácter político. Algo que viene de EE.UU., como todo lo demás, por- que el neoliberalismo es una forma de neocolonialismo.

El tema Cromañón aportó a la despolitización de la sociedad,
como una suerte de complementario del “que se vayan todos” del 2001

Por lo que decís, no se trata de una receta nueva, ya que citás autores de muy larga data ¿Qué creés que permitió, a diferencia de otros momentos históricos, el acceso de un discurso como éste al poder? Y por otro lado, ¿por qué prendió tan fuerte al interior de Buenos Aires? Porque si las elecciones fuesen hoy perderían la nación y la provincia, pero seguirían al frente de la gestión de la ciudad.

Hablamos de una ciudad de clase media que nació con un fuerte componente inmigratorio que, en la medida en que se fue asentando, comenzó a tratar de diferenciarse. A mí me impresionan mucho las casas más viejas de Buenos Aires, porque tienen frentes muy lindos y adentro no suelen ser tan cómodas. Eso siempre me habló mucho de esas clases inmigrantes, que fueron clases medias en ascenso con toda una ideología autoemprendedora. Que tuvieron un hijo doctor y que, paulatinamente, intentaron diferenciarse de sus orígenes. Es una ciudad en la que hubo una clase media que creció con mucho dolor y sacrificio y que tiene esos dos aspectos, donde hay esa ambivalencia entre el derecho a lo colectivo y, al mismo tiempo, el deseo del ascenso social. El espacio también es un factor. Ésta es una megalópolis que favorece mucho a la ruptura de las relaciones sociales. Y hay también cosas nuevas en el presente. Algunas de ellas son el
racismo y el aislamiento manifiestos. Y, por supuesto, la dictadura militar tuvo también un papel preponderante en esto, por ejemplo, en la desindustrialización de Buenos Aires. Porque la fábrica concitaba solidaridades entre los trabajadores. O el desplazamiento de las villas, que estaban integradas a la ciudad y en las que hubo mucho movimiento represivo. La dictadura tuvo en Buenos Aires unos efectos terribles de los cuales no hay memoria. Porque sólo hay memoria, construida en parte, de los desaparecidos y de los campos clandestinos de detención, que estaban en medio de la ciudad ¿Vos creés que no se sabía que eso pasaba? Era imposible que pasase desapercibido. Pero se callaba o se denegaba. Y denegar es negar la existencia. Esto es tan horroroso que yo no lo veo. No existe para mí. Ahora, que vos no lo registres conscientemente no quiere decir que eso no se inscriba en el cuerpo y que no se pase a las generaciones siguientes. Esto es fundamental. Y acá, lo que no se ha investigado es qué pasó con los que no desaparecimos.

Publicada en Revista Hamartia #33