Escribe: Natalia Seoane

Ilustración: @LaNotadeTucuman

El 18 de diciembre en la Comisión Provincial por la Memoria de La Plata, Marta Ramallo, familiares y diferentes organizaciones de derechos humanos despidieron a Johana Ramallo. Los restos fueron encontrados en la ciudad bonaerense de Berisso. Actualmente, se investiga el delito como “trata de personas”.
Marta denunció la desaparición de su hija cuando una noche no llegó a dormir a su casa, hace más de dos años. La causa, inicialmente se caratuló “búsqueda de paradero” y durante los primeros meses, no se movió. La investigación estuvo mal embarcada y la justicia desaprovechó el tiempo, clave para investigar la causa de trata con fines de explotación sexual. Johana, no se fue por su voluntad, la desaparecieron, hay responsables.
A Johana la vieron por última vez el 26 de Julio de 2017, cuando estaba entrando al baño de una estación de servicio en la intersección de 1 y 63, en pleno centro cívico y político de la capital de la provincia de Buenos Aires, allí, donde funciona la zona roja y se encuentran mujeres, travestis y trans en situación de prostitución. Johana, tenía 23 años, una hija de seis años y era titular del Programa Ellas Hacen, devenido en Hacemos Futuro durante el macrismo.
Como menciona el documento publicado por la Junta Interna del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación “se fueron pidiendo diferentes tipos de ayuda para Marta, frente a las cuales, las respuestas de funcionarixs con responsabilidad de la gestión anterior han sido pocas, injustas y parciales”. Lxs responsables políticos del programa Hacemos Futuro –Directorxs y coordinadorxs- no respondieron a las solicitudes de ayuda. “Nosotrxs siempre recibimos la espalda de la justicia y el Estado” dijo Marta Ramallo en una nota publicada en Hamartia a un año de la búsqueda de Johana.

Cuando se solicitó acompañamiento y contención psicosocial especializada, el gobierno saliente miró para otro lado. El programa Hacemos Futuro que percibía Johana y Marta, pertenecía al ex Ministerio de Salud y Desarrollo Social a cargo de Carolina Stanley. Se puso al tanto a las autoridades de la Secretaría de Economía Social, dirigida por Matias Kelly desde donde se ejecutaba dicha política pública, ellxs sabían de la complejidad del caso y de la situación de la familia; sin embargo, se desligaron de la responsabilidad pública, se sumaron al abandono y a la falta de respuesta ejercida desde las distintas esferas del estado.

La institucionalidad del estado tenía que aparecer en forma de recursos materiales y concretos para poder asistir y acompañar esta situación compleja y de alto riesgo. Nuevamente, desoyeron sistemáticamente las solicitudes de la familia y las recomendaciones de trabajadorxs. Administrativamente le dieron de baja el programa social que tenía como derecho y así invisibilizaron su búsqueda sin que se les caiga la cara de vergüenza. El único recurso disponible fue el acompañamiento de las compañeras en territorio, quienes articularon en red con otras organizaciones la contención de Marta y la familia. Dijeron presente, lo único que se podía hacer. Abrazar a Marta durante la búsqueda y muy especialmente, en este momento.
La lucha por la búsqueda de Johana fue un emblema de quienes exigen políticas públicas con perspectiva de género, por programas que tengan presencia territorial y recursos para responder ante situaciones de emergencia. El reclamo de justicia continúa, y no será silenciado. Johana y todas tenemos derecho a vivir, a florecer y a no desaparecer.