Entrevista a Franco García Dellavalle, dirigente de “La Dignidad”

A sus treinta y seis años, el abogado y dirigente político del Movimiento Popular La Dignidad, Franco García Dellavalle, reflexiona acerca de su militancia en el campo popular. Problematiza la relación entre la coyuntura y los procesos históricos que llevaron a la conformación de la identidad del/la trabajador/a de la economía popular. Finalmente, se adentra en los debates actuales que se dan al interior del conjunto de los movimientos sociales y cómo estos viven su reciente acceso a cargos en estructuras institucionales.


Franco García Dellavalle, dirigente de M.P. La Dignidad. Foto: Ramón Buccino
Franco García Dellavalle, dirigente de M.P. La Dignidad. Foto: Ramón Buccino

¿En qué momento emerge el trabajador/a de la economía popular como sujeto político?

La emergencia de un sujeto político es el resultado de un proceso social. En ese sentido,

desde el año ’55 en adelante la Argentina vive un proceso de deterioro sistemático de su modelo productivo,

además de un sometimiento como estructura dependiente en el reparto global del trabajo. Algunos compañeros cuestionan la fecha pero yo creo que esa es una fecha trágica y se llega a un quiebre con la dictadura genocida del 76.

La instauración del modelo neoliberal extremo de la década del 90, con la sojización transgénica, la conurbanización de las grandes ciudades, su correlato de desocupación y la crisis financiera de endeudamiento de 2001 hacen el resto. Terminamos en el lugar de país mono-productor de oleaginosas llenas de veneno. Todo ese proceso fue constituyendo nuevos problemas y nuevos sujetos sociales. Nosotros/as, los/as trabajadores y trabajadoras de la economía popular, somos el sujeto derivado de ese proceso de destrucción profunda que vivió la sociedad argentina desde la Revolución Libertadora, como le dicen ellos/as, aunque nosotros/as le llamamos Fusiladora. Nuestro desafío, entonces, es reestructurar estrategias sociales y políticas complejas acordes al momento histórico en que vivimos.

¿Qué factores condujeron al surgimiento de herramientas gremiales de la economía popular?

Nosotros/as decimos que el capitalismo dejó de acumular en el marco de la explotación extensiva de la fuerza de trabajo. Hubo dos grandes fenómenos a nivel internacional que reestructuraron la sociedad que conocimos en el siglo XX: el giro del capital especulativo a la acumulación financiera, por un lado, y la hipertecnificación de la producción fabril, por el otro. En términos prácticos, lo que pasa es que

muchos países tienen cada vez más bolsones estructurales de sujetos que quedan al margen de la producción formal, sin derechos, excluidos y marginalizados.

La CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) es, de algún modo, una respuesta a eso. Nació como una representación sectorial y gremial que se siente parte de los/as trabajadores/as. Dentro de las corrientes que ahora integramos, la UTEP (Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular), la mayoría estamos de acuerdo en que la disputa de esa representación y la identidad del trabajo hay que darla dentro de la CGT (Confederación General del Trabajo de la República Argentina).

¿Cuál debe ser el rol de los movimientos sociales de ahora en más?

los movimientos sociales tienen un papel fundamental, como en algún momento lo tuvo el sindicalismo, en la conquista de derechos.

Las organizaciones sirven en la medida en que puedan hacerse eco de las necesidades que la sociedad les plantea. Por eso, considero que es muy importante que los movimientos sociales reconviertan algunas de sus estructuras hacia la producción primaria de alimentos. Muchos compañeros/as están volcados a la construcción de unidades productivas vinculadas a la producción sana de alimentos; justamente porque ahora existen nuevos debates sobre el modelo agrario argentino, sobre qué es lo que consumimos… Creo que los movimientos sociales tienen ahí un aporte importante que hacer y una tarea que cumplir. Será fundamental profundizar la vinculación de los movimientos populares, incluso de la UTEP como gremio, a la producción primaria de alimentos, a la organización cooperativa, al mutualismo como forma de estructurar un sujeto, de reconstruir un tejido social y de pensar la política. Es una discusión que se está dando al interior de muchas organizaciones y de la UTEP.

En ese sentido, ¿cuál fue el papel de la CTEP en estos últimos años?

La CTEP reordenó la discusión de los movimientos sociales y reconvirtió las identidades piqueteras en una identidad de trabajo, que es este concepto de la economía popular. Nuestra reivindicación gremial nos dio otro marco de vínculos, de diálogos y así, empezó a definirse esta idea de sujeto que es el/la trabajador/a de la economía popular y que constituye para nosotros/as una parte importante de “la clase”. Entonces, empezamos procesos de organización económica del sector a través del cooperativismo y eso le fue dando forma a un sujeto que todavía está en construcción. Ésta es, en parte, nuestra línea de trabajo desde los movimientos populares. Además, ahora logramos unificar a las dos grandes corrientes que tuvo el movimiento de desocupados en sus orígenes: el movimiento social que se integró al kirchnerismo, y el que se quedó afuera. Hoy, la mayoría de esos actores estamos unificados en lo que va a ser la UTEP. Me gusta pensar que este es el barquito de nuestra generación militante: cada generación militante ha tenido su barquito en el cual navegó su experiencia y yo creo que la CTEP y los movimientos sociales son el nuestro.

Franco García Dellavalle, dirigente de M.P. La Dignidad. Foto: Ramón Buccino
Franco García Dellavalle, dirigente de M.P. La Dignidad. Foto: Ramón Buccino

Si en algún momento Argentina fue un país avanzado a nivel industrial, ¿por qué volver hacia el desarrollo de la producción primaria de alimentos?

Yo jamás afirmaría que nuestra tarea sea la reprimarización de la producción en la Argentina, pero eso fue algo que sucedió. Una de las grandes crisis que tiene la Argentina hoy es la alimentaria.

Nosotros/as pasamos de ser un país semi-industrializado, que rompió los moldes de la industria mediana, a no poder dar de comer a nuestros 40 millones de habitantes. Esto es una calamidad y, en este contexto estatal, no se ve un plan serio para la reindustrialización.

El capital reprimarizó la Argentina en beneficio de un sector concentrado de la oligarquía y se hizo del control de su comercio exterior. Nada de lo que produce el campo está pensado en función de las necesidades de nuestro pueblo. Por eso, creo que los movimientos populares tenemos la obligación de construir una “identidad de campo” que sí se ocupe de las necesidades de su pueblo. Es aberrante que tengamos que consumir cerdos provenientes de Brasil o importemos aves de otro país.

¿Cuál es tu posición sobre la reciente vinculación de los movimientos sociales a estructuras estatales?

Es una experiencia nueva por completo, no para los compañeros/as que vienen del movimiento social que integró el peronismo, pero sí para los que venimos de la izquierda. Me parece importante plantearlo a la militancia que ingresa al Estado. Es necesario tener claridad acerca de para qué estamos ahí. La pregunta sobre qué vamos a hacer del Estado es profunda. El peronismo cree que la estatalidad es una palanca desde donde transformar las cosas. Pero tengo mis serias dudas en relación a si desde este estado liberal puede transformar profundamente la realidad.

Entonces, ¿qué rol deberían cumplir los militantes que ingresan al Estado?

Muchos creemos que la tarea de un cuadro del Frente Patria Grande o de los movimientos sociales en el Estado hoy no es militar al Estado como un fin en sí mismo, sino empoderar a los sectores que nos llevaron a ese lugar, como un objetivo estratégico de mediano plazo.

¿Cuál es la estrategia?

La respuesta a esa pregunta conlleva una discusión en sí misma muy compleja: ¿es mejor tener compañeros/as en el Estado que no tenerlos? Yo creo que sí. Ahora, ¿es esa la estrategia profunda de cambio que necesita la Argentina para darle de comer a todos sus habitantes, para llevar una vida digna, para que todos/as tengan salud, educación y trabajo? No sé si con eso alcanza. Creo que hemos conquistado algo muy importante y hay que saber jugar en una estrategia más completa y diversa que solamente la mera penetración estatal.

Si hay algo que no podemos abandonar, son las experiencias de organización que nos permitieron llegar hasta acá.

Desde el conjunto de los movimientos sociales nos hacemos cargo de muchas necesidades básicas que el Estado y esta sociedad deteriorada no resuelven. Nuestra razón de ser es seguir sosteniendo esos debates y esas estructuras, que le cambian la vida a miles de personas.

¿Qué opinás de la vieja discusión sobre si hacer reformas o hacer revoluciones?

Tenemos bastante saldada esa discusión y decimos que hay que hacer reformas y revoluciones: cuando podamos hacer reformas, haremos reformas; cuando podamos hacer revoluciones, haremos revoluciones. Los movimientos sociales viven en esa tensión: entre querer cambiarlo todo y tener la obligación ética de tener un vínculo con el sujeto que nosotros/as creemos destinatario de un proceso de revolución. Algunos/as compañeros/as piensan que ése no es un planteo político, pero ¿con quién vas a hacer la revolución en la Argentina? ¿Quién va a llevar adelante el cambio social en la Argentina? ¿Los obreros fabriles? Seguramente algunos/as sean parte de ese proceso, pero la clase trabajadora, el sujeto estructurante del cambio en la Argentina no es lo que era hace 50 años. Entonces, aparecen esos debates en nuestras estrategias y espacios.

¿Cuál es el lugar de los movimientos sociales en la disputa de poder?

Creemos que el sistema político es una casta cerrada de relaciones personales y familiares, y lo que venimos a exigir con los movimientos sociales es una representación lineal de nuestro sector.

La política tiene cada vez menos representación directa y los movimientos sociales se han ganado un lugar en la discusión del poder. De hecho, nuestro diputado nacional, Federico Fagioli, es un compañero que viene de los sectores populares, que vive en un asentamiento no integrado con muchas falencias. En ese sentido, creo que

los movimientos sociales hacemos un esfuerzo para que aquellos/as que obtienen los espacios de representación sean genuinos sujetos del sector.

Las organizaciones sociales maduran al calor de sus desarrollos, será cuestión de darle pie a estas experiencias sin abandonar la acumulación de poder popular. Nuestra tarea es seguir transitando este camino de dignidad y organización que nos hemos trazado.

Entrevista por Candela Saiegh Fernandez

Fotografía: Ramón Buccino