Martes 24 de marzo del 2020

Escribe: Alejandro Delorenzi (*)
Ilustra: Gonzalo Rielo

¿Cómo los animales seleccionamos, de entre todas las experiencias diarias que vivimos, cuáles serán las que formaran memorias persistentes? La capacidad de aprender y recordar es esencial para nuestra supervivencia. Caminamos por nuestros lugares habituales, viajamos, probablemente en colectivo en las grandes ciudades, recibiendo decenas, cientos de estímulos de formas, colores, sonidos, olores. Si nos preguntamos, por ejemplo, como era la cara de quien manejaba ese colectivo al que subimos ayer a la mañana la más probable respuesta es que no la recordemos. Sin embargo, hay imágenes de sucesos que nos acompañan toda la vida; solo para notar una que a quien escribe -y ya tiene unos años- lo acompaña tristemente: diario Clarín, los protagonistas de la sangrienta dictadura 1976-1983, con Videla en el centro, festejando un gol en el mundial 1978. O puedo recordar exactamente y con detalles qué estaba haciendo en el momento del atentado a la mutual AMIA en el barrio de Almagro en CABA, pero nada nada del anterior o posterior día. La naturaleza de esta “selección” de eventos que formaran parte de nuestras memorias, representa un desafío abordado desde muchas escuelas a lo largo de los tiempos y, como intuimos de los ejemplos anteriores, repetidas veces llamó la atención el papel que en esto juegan las emociones.

Cuatro siglos atrás René Descartes ya lo advertía de esta manera: “ Ahora bien, fácil es deducir, de todo lo dicho hasta aquí que la utilidad de todas las pasiones no consiste sino en que fortalecen y conservan en el alma pensamientos que conviene que conserve y que, sin ellas, podrán borrarse fácilmente. Y todo el mal que pueden causar consiste en que fortalezcan y conserven estos pensamientos más de lo necesario, o bien fortalezcan y conserven otros en los que no conviene detenerse”(1). De los distintos modos de acercarse a este problema, la neurobiología de la memoria lo interroga como un sistema adaptativo esencial para la supervivencia, en un mundo cambiante.

La naturaleza de esta “selección” de eventos que formaran parte de nuestras memorias, representa un desafío

Lo explora como el estudio de una propiedad fundamental de los cerebros animales que nos permite alterar futuros compartimientos. La cuestión entonces acerca de los procesos de memoria se centra en la pregunta de cuáles son los procesos neurobiológicos responsables, que permiten los cambios comportamentales que surgirán en función de las experiencias previas. Cuando nos acercamos a tratar de entender cuáles son los mecanismos neurobiológicos que determinan esta selección de experiencias vividas para formar memorias persistentes, un punto resulta relevante: las memorias no son formadas de manera inmediata, diferentes mecanismos neurobiológicos participan durante los primeros minutos y horas en su formación determinando finalmente si estas serán, o no, persistentes en el tiempo. Su naturaleza es ser inicialmente inestable, lábil y, muy probablemente, sean éstos momentos iníciales en la construcción de una memoria, los que proporcionen la oportunidad para que las emociones, las “pasiones”, permeen sus influencias.

Ilustra: Gonzalo Rielo

Si nos emocionamos, suceden cambios internos, se nos paran los pelitos de la piel, aumenta la sudoración, ocurren cambios en la liberación de, por ejemplo, una de las hormonas asociadas al estrés: la adrenalina. Si un evento en particular genera una gran sorpresa, una importante excitación, esta experiencia vivida seguramente formará una memoria muy persistente. Son, precisamente, los cambios hormonales los actores críticos que determinarán la formación de memorias persistentes. Diferentes ensambles neuronales, en distintas aéreas de los cerebros interaccionan durante esta formación de las memorias, donde muchas hormonas inducen cambios específicos en esas complejas interacciones que, muy probablemente, determinaran su persistencia. Así, por ejemplo, experiencias que habitualmente no formarán memorias de largo término pues no disparan una importante excitación, sí lo harán bajo situaciones experimentales donde se imiten farmacológicamente los cambios hormonales del estrés.

De los distintos modos de acercarse a este problema, la neurobiología de la memoria lo interroga como un sistema adaptativo esencial para la supervivencia, en un mundo cambiante

Más aún, esto solo ocurre mientras las memorias se están formando, cuando son lábiles. Inicialmente, parecía ser que una vez que una memoria se formo ya no es modulable. Pero no, cuando los animales reactivamos una memoria dada (el olor de una flor para una abeja que recoleta néctar, un cangrejo que espera la presencia de un predador en un contexto dado, una rata que se asusta cuando la introducen en caja que donde semanas atrás ha sufrió dolor, un olor que remite a la salsa que hacia mi abuela y de allí a su imagen) es probable que la memoria pueda ser nuevamente inestable, lábil, similar como lo fue durante su formación. Ahora, nuevamente las hormonas deparadas durante la misma experiencia que la reactivó modularan la fuerza de esta memoria, alterando sus futuras capacidades de volverse a expresar comportamentalmente. Así, es probable que antiguas memorias (re)labilizadas se vean modificadas durante las distintas reactivaciones; nada nuevo para otros pensadores: “Mi única explicación es que así como los hechos reales se olvidan, también algunos que nunca fueron pueden estar en los recuerdos como si hubieran sido”. (2)

Si un evento en particular genera una gran sorpresa, una importante excitación, esta experiencia vivida seguramente formará una memoria muy persistente

Si probablemente a quien lee esta nota le llamó la atención, a quien la escribe, aún al día de hoy, le sigue sorprendiendo en la vida cotidiana del laboratorio (3) que las mismas cosas le pasan a las memorias de una abeja, un cangrejo y una rata…y a nosotros como especie. La gran variedad de comportamientos aprendidos, de los diferentes tipos memorias asociativas, de aprendizajes por observación o aún de memorias simulares a episódicas, comparten no solo las mismas dinámicas de los procesos de memoria. Los mismos mecanismos neurobiológicos que participan en cada una de las fases los procesos de memoria, como su formación, su reactivación y el volverse lábil nuevamente, se hallan finamente conservados a lo largo de la evolución (al menos en los animales que somos bilaterales (4)). Por ejemplo, varias de las características del proceso involucrado en la de volver nuevamente lábil a una memorias ya formada, fueron originalmente descriptas en una memoria asociativa de un cangrejo. De hecho, lo que inicialmente describimos en cangrejos (memorias que no podíamos revelar comportamentalmente pues parecían olvidadas, si pueden en realidad reactivarse y volverse lábiles nuevamente) también sucede en nuestra especie (5).

Como éste, existen múltiples ejemplos mostrando de que la dinámica de los procesos de memoria ha sido conservada a lo largo de la evolución; una característica que se fundamenta en la hipótesis de que todos los centros de memoria de alto orden de los animales bilaterales tienen un único y común origen evolutivo (6).
También tengo en la memoria muchas de las formas de referirse a algunos de los tantos hechos trágicos que recuerdo de la última dictadura cívico-militar (ej. “era más bestia que todos los animales”), o de describir las acciones de les hijes de puta cometidas en grupo numeroso como “ataques en manada”; formas que al final quizás nos guían hacia un centro cartesiano donde se nos plantea diseccionarnos cruelmente el “alma” del cuerpo. Probablemente, esta manera de ver “la modulación de los procesos de memoria” también nos interroga acerca de como las formas de vidas no humanas pueden ser también constitutivas de nuestra manera de ser (7).

 

(*)Doctor en Ciencias Biológicas, investigador del CONICET y director del grupo de investigación del Laboratorio de Neurobiología de la Memoria, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Notas

(1) Art. 74. En qué son útiles todas las pasiones, y en que nocivas. (René Descartes, Tratado de las pasiones del alma, 1649)

(2) “Memoria de mis putas tristes”, Gabriel García Márquez.

(3) http://www.ifibyne.fcen.uba.ar/new/temas-de-investigacion/laboratorio-de-neurobiologia-de-la-memoria-lnm/sistemas-adaptativos-e-imaging/dr-alejandro-delorenzi/

(4) Organismos simétricos respecto a un plano; no lo son las estrellas marinas ejemplo.

(5) Pablo Nicolás Fernández Larrosa, Alejandro Ojea, Ignacio Ojea, Victor Alejandro Molina, María Aurelia Zorrilla-Zubilete, Alejandro Delorenzi*. 2017. Retrieval under stress decreases the long-term expression of a human declarative memory via reconsolidation. Neurobiology of Learning and Memory, 2017, 142 (Pt A):135-145. Memory expression is independent of memory labilization/reconsolidation. Barreiro KA, Suarez LD, Lynch VM, Molina VA, Delorenzi A*. 2013, Neurobiol Learn Mem 106C:283-291.

(6) Francisco Javier Maza, Julieta Sztarker, Avishag Shkedy Fernando Locatelli, Natacha Pezzano, Alejandro Delorenzi*. 2016. Context-dependent memory traces in the crab’s mushroom bodies: Functional support for a common origin of high-order memory centers. PNAS. vol. 113 no. 49, E7957–E7965. PNAS. Featured Image: www.pnas.org/site/media/Featured_Image_crab.xhtml

(7) “El fin de la excepción humana” (2009). Jean-Marie Schaeffer.