Escribe: Jimena Riveros

Foto portada: Mario Peredo

Desde que el presidente Alberto Fernández anuncio la cuarentena obligatoria, en lo personal me fueron pasando diferentes cosas. Vivo con dos de mis tres hijos. Uno de 15 y la más chica de 11. La primer semana no fue tan difícil y me remití a concentrarme en mí hogar y solamente en los anuncios oficiales. Empezando la segunda semana, recién ahí, empecé a observar más a mí entorno barrial. En el medio llegó el 24 de marzo. Nosotres 3 hicimos un pañuelo grande que dice “son 30.000” y ese día al mediodía saqué el parlante al balcón y puse 6 canciones conmemorativas. Me gritaron: “Apaga eso negra tilinga” y otra vecina gritó “callate zurrrrdaaaa”.

24 de marzo, pañuelazo.

Pensé “qué loco que les moleste tanto”, y ya. Me quedó en la cabeza igual. Al día siguiente fui al súpermercado y presencié el maltrato de una jefa de turno hacía el pibe que lleva las cosas y pensé “esto lo veo ahora pero debe ser habitual”. A los pocos días, alrededor de las 19 hs mí hija me dice “viste lo q está pasando en la esquina?”. Salí al balcón y vi a dos tipos retenidos por la policía porteña y a dos pibas que iban y venían. De pronto, ocho patrulleros. Si, ocho.
Miro hacia arriba de mí balcón y me doy cuenta que mis vecinos y vecinas se iban contando que había pasado (de ventana a ventana). Lo mismo pasaba enfrente y en los edificios de los costados. La policía agarra a las pibas y se las lleva. No sé qué pasó ni cómo empezó. Lo que sí sé es que cuándo eso sucedió (que se llevaron a las pibas) un montón de gente, desde sus hogares, a través de sus ventanas y balcones, empezaron a aplaudir. Se escuchaba “llévatelas! No tienen permiso para circular” y aplaudían enérgicamente.

Los criminales con chapa, al servicio del Pro y Horacio Rodríguez Larreta. Aún impunes.

Pasaron los minutos, incluso hora y media y uno de los pibes que estaba “demorado” grita algo. En ese momento vi como la policía le pegaba. Vi la saña con que lo tiraron al piso y le hacían presión. El pibe gritaba “me duele! Basta”. Y nada. Hace años que no me tocaba ver el maltrato de la cana en un contexto fuera de una marcha. Está claro que es algo que sucede pero lo leía, lo escuchaba. No me había tocado verlo y no poder hacer nada. Mientras tanto, los vecinos y vecinas estaban contentos como nunca los había visto.
Me quitó el sueño la situación porque no importa qué hicieron (si es que algo hicieron). La policía no puede hacer ejercicio de la fuerza porque sí. Porque les pinta. La policía debe llevarse a quién esté por fuera de lo establecido legalmente, ¿pero demorarlos así?, ¿pegar?, ¿qué onda?, ¿qué está pasando?, ¿y qué le pasa a la gente que festeja esto?, ¿cómo no hay indignación frente al abuso de la fuerza policial?

Soy porteña de origen. Mí vieja también. Mis hijos e hija también. Pero no logro entender qué carajos pasa por la cabeza de la gente.
Me da la sensación que esto que nos toca a vivir saca lo que tenemos en las entrañas. Vi gestos solidarios, vi pañuelos en muchas casas el 24, pero lo que más veo es la miseria porteña. El egoísmo. El individualismo. El miedo.
¿Pero sabes qué? No somos todos lo mismo. No somos todos ni todas tan miserables y algunos de nosotros nos vamos a resistir a tanta miseria.
Estamos viviendo y padeciendo una pandemia a nivel mundial. Nos tenemos que cuidar y tenemos que respetar las medidas que, acertadamente, está tomando el gobierno nacional. Pero cuidarnos no es sinónimo de convertirnos en policías. No es sinónimo de perder sensibilidad frente a un otro u otra. Hoy más que nunca hay que pensar que la patria es el otro.

Si ves que hay abuso por parte de alguna de las fuerzas no te quedes callado y hace la denuncia en:

DENUNCIAS

Es responsabilidad de todos y todas tener una sociedad mejor.