Escribe: Pedro Saborido

Fuente: Centro Cultural Kirchner

De eso se trata este emprendimiento de Graciela Lobertone. Ella lo cuenta así.

—Mi marido tiene la concesión del buffet de la Asociación de Existencialistas. Me cuenta que hay billar, metegol y flippers, y que siempre le compran fichas pero los partidos de metegol terminan sin goles. Dejan caer las pelotitas en ese coso en donde caen después de tirar de la cosa esa, y enseguida uno dice “¿para qué un gol?”, y se van. Entonces, al escuchar esto, yo me di cuenta de algo que hacía falta. Algo necesario para mucha gente. Pensé en un producto y armé esta empresa familiar. ¡Y nos va rebien!

Graciela habla con orgullo de “Sobala, Nada Eterna!”, un emprendimiento de fabricación de kits para ignorar la muerte.

—Es muy bonito. Trae juegos, planes de vida, principios morales y éticos, mandatos sociales, familiares, de especie, sitios para buscar memes, resúmenes de religiones para creer, fanatismos artísticos, vocaciones laborales y todo lo necesario para meterle pila, salir adelante y no andar arruinando cumpleaños y festejos de fin de año.

Graciela nos muestra estadísticas según las que la gente asume preferir invitar a sus reuniones a personas que “son un cago de risa” antes que otras que eligen la ausencia de Dios como tema para arrancar una conversación.

—¡Y, obvio que así nadie la pone, juá!— agrega el marido, que, para el Festival Bimensual de Angustia que se festeja en la asociación, prepara distintos postres.

—Camousse de chocolate, Camousse de dulce de leche, Camousse de limón… ¡Ja!— se festeja él mismo su ingenio.

Graciela se ríe de compromiso y sigue.

—Nosotros conocemos muchos de estos tipos, que se hicieron amigos de mi marido en el buffet. Y siempre los invitamos a los asados. Y por supuesto, compensamos con gente chistosa, frívola, hasta estúpida. El cálculo es: por cada existencialista, seis pelotudos efusivos. De esos bien expresivos. Porque la pelotudez te hace olvidar de la muerte. De ahí su éxito. Entonces las reuniones se equilibran. Al revés, la proporción sería insoportable.

El kit trae abundantes ejercicios para entrenar el mantener distancia con el pensamiento sobre lo inevitable.

—Todos podemos pasar por un momento de angustia al pensar en la muerte. Una vez por día, o por mes o por año. Y el mundo sigue como si nada. Pero el tema es cuando pensamos en la muerte todos al mismo tiempo. Como está pasando ahora. Entonces, todos se detienen y se ocupan de una sola cosa: no morir. Bueno, en realidad eso hacemos todo el tiempo durante la normalidad. Pero no nos damos cuenta. Es como caminar: nos olvidamos de lo difícil que es porque lo hacemos cotidianamente. O ignoramos que tenemos un páncreas. Lo descubrimos el día que no te funciona. La verdad emerge con la tragedia— dice Graciela mientras se despide regalándonos un kit.

—Usenlón, no les queda otra— asegura mientras nos muestra el poster que viene de regalo, que dice “A la muerte matala con la indiferencia” y tiene una foto de Lacan comiéndose una molleja con un vaso de Fanta naranja en la mano para rempujar.

Nota de la revista ATF! (A Todo Buffet!), de la Cámara de Concesionarios de Buffets