Escribe: Cora Gamarnik

Portada: Maite Larumbe

Traducción en entrevista: Verónica Perera y Sol Varela Gamarnik

Desgrabación al inglés: Maju Planas

Entrevista realizada a Lou Armour por Cora Gamarnik el 29 de septiembre de 2018

En el año 2015 escribí un texto que reconstruía la historia de varias fotografías tomadas el 2 de abril de 1982 en Malvinas. Allí sostenía que esas imágenes y el uso posterior que distintos medios y actores políticos y militares les dieron formaba parte de las batallas simbólicas alrededor de la guerra entre Argentina y Gran Bretaña. En una de ellas se puede ver a Jacinto Batista, comando anfibio argentino, ordenando a una fila de Royal Marines que caminaran con los brazos en alto. En aquel texto había reconstruido la historia de quien tomó esa fotografía -el reportero gráfico Rafael Wollmann-, porque estaba en las Islas, la historia de la agencia ILA que había armado junto con otros tres reporteros argentinos (Silvio Zucheri, Tito La Pena y Eduardo Bottaro) por la cual viajó a Malvinas, el recorrido posterior que tuvieron esas fotos, como llegaron a la prensa internacional y la repercusión que tuvieron, las distintas interpretaciones que suscitaron entre otros elementos.

No sabía entonces quién era el soldado inglés que encabezaba la fila y mucho menos imaginé que podía alguna vez entrevistarlo. En el año 2016 cuando se estrenó la obra de teatro de Lola Arias “Campo Minado” en Buenos Aires me enteré que uno de los actores era Lou Armour, ex-soldado inglés en Malvinas y quien encabezaba esa fila de soldados que se ve en la fotografía. Una escena de la obra recreaba ese momento. En el año 2018 pude entrevistarlo junto a Verónica Perera y a Sol Varela Gamarnik quienes me ayudaron en la entrevista y oficiaron de traductoras.

Antes de encontrarnos le había enviado a Lou Armour aquel texto del 2015. Esta fue la conversación, que por primera vez se publica en Hamartia. A lo largo de la entrevista Lou Armour habló de Falklands y yo de Malvinas. Decidí respetar la manera en que cada uno denominó a las islas. Es una decisión ética y también política.

Cora Gamarnik (C): Muchas gracias por darme esta entrevista. Quería comenzar preguntándote si vos tenías conocimiento de las cosas que pasaban en Argentina en aquel momento

Lou Armour (L): Oh, sí. Sabía lo de las desapariciones. A mi me interesaron siempre los asuntos de actualidad. En las fuerzas nos daban clases de historia, de política internacional. Eso era parte de nuestro trabajo, Gran Bretaña era parte de la OTAN. Entonces estábamos todos interesados en los asuntos actuales, estaba sucediendo lo de Irlanda del Norte, estaba lo de Chipre. No era inusual para los marinos saber qué es lo que estaba pasando en el mundo. Y de cualquier manera a mi me gustaba leer, así que solía leer muchos libros.

C: ¿Cuál era tu cargo en ese momento?

L: En ese momento yo estaba en el ‘young corps’, tenía 22 años. Y era comandante de una sección. Yo era un comandante de sección joven, en términos militares. Los oficiales eran quienes decidían cuales batallas se irían a pelear y organizaban todo en términos de recursos y logística. Los comandantes de sección éramos los que íbamos a pelear.

C: ¿Vos ya habías estado en Malvinas antes?

L: Estuve allí durante unos días, se suponía que debía estar por un año.

C: ¿Pudiste leer el artículo sobre la foto que te tiene de protagonista? (1)

L: Si lo leí y estoy de acuerdo con tu análisis, en su mayoría. Hay un dato inexacto. El número de infantes de marina que había el 2 de Abril en las islas no es exacto.

C: ¿No? ¿Y cuál era?

L: Tenías razón en que había dos grupos, pero mas o menos 30 de esos marinos zarparon unos días antes hacia South Georgia, por lo que el 2 de abril había 56 en total.

C: Ah! Yo escribí que había ochenta…

L: Del barco que iba hacia South Georgia habían descendido unos treinta hombres antes de seguir, para dejar lugar a otros que iban hacia allá. Entonces cuando nos tomaron prisioneros había algunos hombres de la Royal Navy (Real Armada Británica) que usualmente no estarían pero estaban allí.

Cora Gamarnik y Lou Armour. FOTO: Sol Varela Gamarnik

C: ¿Tenían alguna idea de que podía haber una acción argentina?

L: Si, en el camino, antes de partir de Inglaterra, sabíamos lo que pasaba con los recolectores de chatarra en Georgias, pero nadie pensó que era para tanto. Sabíamos sobre eso y pensamos que simplemente se olvidaría. Leíamos cosas en la prensa donde se señalaba que la Junta estaba en problemas en ese momento, nos habían advertido, pero era algo como: “bueno, harán alguna cosa, molestarán un poquito”. Así que realmente no pensamos mucho en eso, para ser honesto. Al menos esperábamos estar en las Falklands por un año y que podría dedicarme a pintar. Pero a los días atacaron (risas).

C: ¿Cómo que ibas a dedicarte a pintar? ¿En Malvinas?

L: Pensé que iba a ser un destino muy relajado y a mi me gustaba pintar. Me llevé papeles, acuarelas.

C: Yendo a la foto que sacó Rafael Wollmann. ¿Vos recordás el momento en el que te tomó la foto? (2)

L: Tengo un vago recuerdo de alguien tomando una foto y por muchos años pensé que se trataba de alguien del Sunday Times. Cuando recién empezábamos la obra con Lola Arias yo solía decir “un fotógrafo del Times tomó esa foto”. Con el tiempo me di cuenta que era Rafael. He hablado con él la semana pasada.

C: Yo vi la obra así que sé lo que contás allí. Sé que después del desembarco argentino te llevan a Uruguay y que vos pediste volver a Malvinas.

L: Si, muchos de nosotros volvimos. La mayoría. Estábamos molestos, irritados por el hecho de que alguien viniera y tratara de matarnos. Quiero decir, he escuchado los relatos desde el lado argentino donde se supone que no debía haber hechos de sangre en el desembarco. Puedo entender que esa era la estrategia, pero luego recuerda que nosotros vimos como habían sido destruidas nuestras barricadas y que habían usado granadas. Y por supuesto en el campo de batalla podían gatillar sus armas. No atacaban con sus armas directamente, sino que usaban accesorios en las armas. Así, podrían matar al enemigo de una manera más silenciosa, sin hacer ningún ruido en la ciudad. Las armas tenían un supresor de sonido.

C: ¿Se ve en las fotos? ¿Me mostrás?

(Lou Armour explica cuestiones sobre las armas argentinas a partir de las fotos publicadas en la revista Gente).

L: ¿Esta parte de acá ves? Esta pieza de aquí es un supresor para reducir el sonido.

C: Ah, entiendo.

L: Entonces cuando yo veo el ataque a las barricadas imagino que la idea era matar a todos los que pudieran, de forma silenciosa, sin causar mucho ruido.

C: ¿Ustedes sintieron que las fuerzas armadas argentinas entraron agresivamente, dispuestos a matar?

L: Si, yo estaba en combate con ellos. Yo estaba afuera de la casa del gobernador. En esa misma área en Port Stanley. Cuando atacaron las barricadas y se dirigieron hacia la casa del gobernador vinieron también argentinos en vehículos armados.

Portada de The Sun.

C: ¿Entonces el supuesto trato de caballeros hacia ustedes que estaba en los planes de desembarco de las fuerzas armadas argentinas ordenado por la Junta Militar no se cumplió. ¿Ustedes no lo experimentaron así?

L: No, para nada. Ellos atacaron las barricadas primero. Con todo este tipo de armas, y cuando atacan la casa del gobernador ahí los británicos tratan de recuperar el terreno. Yo estaba acá en este punto (señala una fotografía) y pude ver este recorrido y escuchar todas las explosiones. Podía escuchar el fuego de las armas. Luego los argentinos llegaron hasta acá y tuvimos un tiroteo todo el camino hacia la casa de gobierno. En ese punto, nosotros habíamos avanzado y tuvimos que retroceder hasta la casa del gobernador. Estábamos disparando cohetes de 66 y 88 milímetros y estaban estos vehículos armados. Es decir era una batalla.

C: Entonces ese día no hubo muertos ingleses de casualidad.

L: No hubo muertes, pero fue por suerte, pudo haber pasado. Por suerte no hubo víctimas. Fue pura suerte, de verdad. Y de hecho cuando traté de entrar en la casa de gobierno me dispararon británicos y argentinos. Los hombres dentro de la casa de gobierno estaban apuntándome mientras intentaba entrar. En el lado argentino creo que hubo tres muertos ¿no? O un muerto y dos heridos…

C: Un muerto y dos heridos. Murió el capitán de fragata Pedro Edgardo Giachino, que después se supo había sido un torturador que formó parte de grupos de tarea que actuaron en la Base Naval de Mar del Plata y en Campo de Mayo.

L: Si, supe eso. Había un teniente argentino, Diego García Quiroga, que fue herido con él. Escribió un libro sobre eso (3). Yo lo conozco. Intentamos atenderlo dentro de la casa del gobernador. Una vez me encontré con él en Chile y me agradeció por salvarle la vida. Y había alguien más herido también, argentino, creo que hubo dos heridos.

C: ¿Y pensás que pudo haber habido muchas muertes del lado británico?

L: Pienso que sí porque lo que sucedió -hasta donde recuerdo- es que todos abandonamos las barricadas. No había nadie cuando las atacaron. Sino habría más víctimas nuestras. Ellos atacaron, pensaron que nosotros estaríamos dormidos, que iba a ser una sorpresa. Pero nosotros ya sabíamos y dejamos las barricadas. Pero no querían tomar la casa del gobernador en sí, fue muy extraño, cuando el escuadrón argentino entró en la casa intentó secuestrar al gobernador. Tres miembros de ese escuadrón secuestrador terminaron en las habitaciones de los sirvientes de la casa.

C: ¿Cómo fue eso?

L: Si, se metieron en las habitaciones de los sirvientes. Y en realidad ellos fueron los primeros prisioneros (risas). Los primeros prisioneros que tomamos fueron esos tres argentinos.

C: ¿En serio?

L: Estaban escondidos en los cuartos de los sirvientes. Fue bizarro eso. Tenías argentinos rodeando la casa y disparando desde afuera. Los argentinos disparando hacia adentro de la casa y un escuadrón que entró para secuestrar al gobernador. Pero después se dieron cuenta que tenían dos hombres heridos aquí y tres más todavía en la casa. Mientras disparaban.

C: Ay dios.

L: Siempre quise preguntarle al comandante en tierra argentino qué pensaba que iba a hacer. Los vehículos que estaban tenían cohetes anti tanques. Se escuchaban principalmente disparos de ametralladoras.

C: Y volviendo a la foto, ¿Cuándo te enteraste que existía esa foto donde se te ve con los brazos en alto?

L: Cuando volví a casa.

C: Ah, ¿en toda la guerra no sabías?

L: Me enteré cuando volví al Reino Unido

C: ¿Y cuándo volviste?

L: A nosotros (después del 2 de abril) nos llevaron hacia Argentina y llegamos a algún lugar donde cambiamos de avión y volamos hacia Uruguay. No puedo recordar por cuánto tiempo estuvimos en Uruguay y luego volvimos a Reino Unido y ahí fue cuando escuché sobre esta fotografía.

C: ¿Y qué sentiste cuándo te enteraste que existía esta foto?

L: Estaba muy molesto. Solo te sentís avergonzado, ¿no?

C: ¿Avergonzado?

L: Si. Avergonzado y molesto. Y es por eso que casi todos nosotros nos ofrecimos a regresar.

En Francia también.

C: ¿Por la vergüenza que les causó esa foto?

L: Si. A nuestros ojos habían venido un montón de matones armados a tratar de matarnos mientras estábamos tranquilos en nuestras camas. Cuando llegué y recorrí esa pequeña isla, llena de niños y mujeres, familias, pescadores… Éramos jóvenes. Y habían venido unos matones a matarnos cuando estábamos durmiendo. No era que odiáramos a los argentinos. Solo pensamos que habían venido a hacer esto y que teníamos que defendernos. Estábamos muy enojados, queríamos ‘golpearles la nariz’.

C: ¿Vos pensás que estas fotografías influyeron de alguna manera en las decisiones que tomó el gobierno británico?

L: Si, quiero decir, estoy de acuerdo con lo que decís en tu artículo. Hay un debate acerca de si la fotografía influyó en la decisión de Margaret Thatcher de enviar fuerzas armadas. Se que Rafael Wollmann dice que no, otros dicen que sí. Es como señalás. Inglaterra estaba llegando al final de su imperio y Margaret Thatcher fue allí para demostrarle al mundo que aún tenía fuerza. Yo creo que hay una mezcla de ambas cosas. Estaba también la amenaza soviética. Detrás de la defensa británica estaba el rol de la Unión Soviética en el mundo. No olvides que nosotros éramos parte de la OTAN. La OTAN en ese momento, en 1980, estaba recién saliendo de uno de los períodos mas difíciles de la guerra fría. Estábamos muy orientados por esa guerra. O sea, estaba la amenaza soviética llegando por Europa y yo creo que eso estaba también en la mente de Margaret Thatcher. Siendo miembros de la OTAN, no podíamos ser vistos por la Unión Soviética como un país que dejaría que esto pase, no podíamos permitirnos que algo así pasara sin responder. Así que hubo un poco de todo eso. Demostrar que Inglaterra todavía tiene dientes y seguía siendo un jugador mundial. El nacionalismo británico estaba en juego. Pero esa foto también generó humillación para nosotros.

C: ¿Vos sentiste que era una foto de la humillación? ¿Lo sentiste así? O mejor: ¿Te sentiste humillado por la fotografía?

L: Por supuesto, sí. Primero, no es tanto por el orgullo inglés, sino que éramos marinos y no nos rendimos. Solo bajamos las armas por órdenes de nuestros superiores. Nosotros no nos rendimos, nos dijeron que depongamos las armas. Estaba en juego nuestro orgullo profesional.

C: Ah, entiendo. Tus propios jefes dieron la orden. Para vos no es entonces una foto de la rendición… ¿Vos estás también entre los que están tirados en el piso?

(Hablamos y señalamos otras fotos publicadas por la revista Gente y la Actualidad, del 8 de abril de 1982)

L: Aquí estaba… estos son todos mis hombres. Este soy yo. Este soy yo cuando era un comandante de sección, esta es mi sección. (Señala una foto) Este es Johnny, quien fue mi artillero y esta es su arma. Bernie Eckels, él estaba casado con una isleña de Malvinas. Gas Clifton…

C: ¿Puedo tomarte fotos mientras me explicás?

L: Si, claro. Está el oficial de la fuerza naval acá. Bueno acá estoy yo, Johnny Olden, Bernie Eckels y Gas Clifton.

Lou Armour muestra en su celular a los soldados de su Sección durante la guerra. FOTO: Sol Varela Gamarnik.

C: ¿Y qué armas tenían ustedes?

L: Acá se ve mi equipamiento. Tenía un rifle como este. Parecidos a los que tenían los argentinos. Probablemente había disparado ya en este momento. Ese día disparé unas diez ráfagas. Pero mi trabajo como comandante de sección no era realmente estar disparando, mi trabajo era coordinar el ataque con el fusilero en la ametralladora. Johnny Olden, acá, cargaría esto que es la ametralladora. Él probablemente habría disparado seiscientas ráfagas esa noche.

C: ¿Seiscientas?

L: Sí, entre cuatrocientas y seiscientas ráfagas, sí. Porque cada vez que nos movíamos en las calles, íbamos a través de Stanley para llegar a la casa de gobierno. El gobierno dispuso ese fuego para cubrirnos.

C: ¿Estas otras fotos las habías visto antes también?

L: Sí, sí. Cuando regresé. Las he visto desde entonces. Están en internet.

C: ¿Y la que están tirados en el piso?

L: Sí, siempre pensé que yo estuve en esta foto, pero Rafael dice que no. Pero ahora definitivamente digo que esta es mi sección, acá esta Johnny, este soy yo, este es Richie, del que hablo en la obra, que tenía 18 años.

C: ¿Y este sos vos? (pregunto señalando una foto)

L: Ese soy yo, sí.

C: ¿Y en lo personal, sentiste algo en particular que me quieras contar? Sobre lo que viviste ese día.

L: Esa noche les pregunté a mis hombres donde estaban los protectores auditivos. Porque los disparos de armas son muy muy ruidosos. Y ensordece tanto que no podés escucharte a vos mismo gritando. Y cuando estábamos dentro de la casa de gobierno era mucho peor, en un edificio cerrado es peor. No podía escucharme a mí mismo y estaba tratando de dar órdenes a mis hombres. Entonces rápido agarre material blando y lo puse en mis oídos para reducir el ruido y ahí pude escuchar voces y ver que sucedía. Y por tener eso en mis oídos que se ven en la foto muchos marinos se rieron de mi. Se burlaban. Yo contestaba “me hice mis propios protectores auditivos”…

C: Mirá, yo nunca me había detenido en ese detalle de lo que tenés en los oídos.

L: Hice que todos mis hombres se pongan sus “protectores” para que me escucharan cuando les diera una orden. Aleja los sonidos fuertes. Rápidamente rasgué un poco del material con el que limpiábamos los rifles y me armé eso.

C: Y por eso te burlaban …

L: Sí… entonces, este soy yo, Richie, Gas, Andy. Yo tenía 22 años, era el mayor. Creo que Andy tenía más o menos 19 años, sí, 19, estábamos todos entre los 18 y los 22 años.

C: ¿Vos recordás haberte acostado en el piso en algún momento?

L: Sí, recuerdo haber estado acostado.

C: ¿Vos supiste que hubo una desinteligencia al respecto? Lo que yo tengo entendido es que Büsser, el comandante de la fuerza de desembarco en Malvinas, mandó a que los levantasen porque la orden era que no los tenían que tirar en el piso, tenía que haber un trato de caballeros…

L: Si, recuerdo que estaba acostado y fuimos levantados. Recuerdo que vino alguien a saludarnos y era Büsser.

C: Ah… ¿los fue a saludar el propio Büsser?

L: Sí, y nos dijo que nos levantemos… Bueno, en mi memoria él le dio una cachetada a uno de los hombres argentinos, físicamente lo abofeteó.

C: ¿Büsser abofeteó a uno de los argentinos? Guauu. No lo sabía… Había una puja muy fuerte entre Büsser y Seineldín, el jefe del operativo y un comando nacionalista que fue a Malvinas…

L: Nosotros no sabíamos sobre eso… En ese momento Büsser nos dijo que nosotros cumplimos con nuestro deber y luego nos saludó.

C: O sea Büsser cumplió efectivamente con ese trato de caballeros…

L: El pensó que estaba mal que estuviéramos tirados en el piso. Nosotros depusimos las armas y ahora estábamos con la cara hacia abajo. Era muy humillante y no era necesario. Entonces él apareció.

C: Büsser también vio en eso una imagen de humillación, vio lo que estaba significando el gesto.

L: Sí. Parecía que sabía exactamente porque como te dije le pegó un cachetazo al otro y después nos dijo que nos pusiéramos de pie. A mi me estrechó la mano para saludarme y básicamente nos dijo que habíamos cumplido nuestro deber. Pero lo de un desembarco sin sangre… vos pensá que ellos atacaron las barricadas con armas de fuego y disparando cuando nosotros supuestamente estábamos dormidos.

Malvinas. Ilustración de Maite Larumbe

C: Entiendo perfectamente. ¿Y ustedes tenían la orden o la indicación al final de la guerra de contrarrestar esa imagen de humillación de la rendición del 2 de abril?

L: Si, eso es cierto. Hay una foto tomada el 14 de Junio a todos nosotros, afuera de la casa de gobierno, no sé si has visto esa foto.

C: No la recuerdo

L: Bien, yo le dije a Lola (Arias), ponelo en la obra también Lola (risas).

C: Yo pensé todo el tiempo que iban a querer armar la misma foto al revés. Contrarrestar con otra imagen esa fotografía inicial…

L: Querían una foto de nosotros ahí levantando la bandera. Pero tenés que entender algo de la mentalidad inglesa: no nos importan las banderas.

C: ¿No les importan?

L: Cuando ellos trataron de hacer una gran cosa de ello, como si fuera una especie de “Iwo Jima”. Cuando trataron de agrandarlo: “mirá esos hombres levantando la bandera, parados alrededor del asta”… Nosotros básicamente estábamos parados ahí, mojados, sin afeitar, habíamos estado en el campo de batalla por casi un mes, golpeados, cansados. Por el amor de dios, solo queríamos irnos, entrar algún refugio con algo de calor, no nos importaba una mierda la bandera. Ellos querían la oportunidad perfecta para tomar la foto pero no sucedió. Recuerdo que querían ese tipo de silla grande, lo que me recordó cuando se juntan hombres en una boda o un funeral y el cura se para delante a dar el sermón y al final todos cantan. Pero los hombres están simplemente parados ahí, es un poco así. Querían un montón de aplausos cuando la bandera se levante, pero no lo consiguieron. Querían una sesión de fotos, pero no pasó de la manera que querían, porque nosotros estábamos así. La mayoría de nosotros en realidad, creo que tal vez alguno habrá querido…para el resto era sólo una bandera. Capaz que un par de tontos gritó, pero nosotros no. Lo nuestro no era un fervor nacionalista.

C: ¿Era más una noción de honor profesional?

L: Sí, sí, definitivamente. Ser marinos. Nosotros sabemos y entendemos perfectamente que esa foto hubiera sido muy útil, si yo fuera político podría haberla utilizado y veo porque los argentinos la utilizaron. Puedo ver cómo la prensa británica publicó en The Sun: “mirá somos como vos, estamos del lado de Inglaterra y vamos a demostrar bla bla”. Pero no creo que el inglés promedio fuera así. Nosotros estábamos pensando más en el matón del patio del recreo. No era nacionalismo, era pararse frente al matón. Parar al que te estaba jodiendo, rompiendo las pelotas. Nosotros no respetamos a los políticos. En el Reino Unido somos muy cínicos, así vemos a los políticos.

C: ¿Y vos fuiste consciente de la dimensión internacional que tuvo la fotografía de ese momento de la rendición? ¿Que se había publicado en primeras planas de diarios y revistas del mundo?

L: Si, lo imaginaba. Quiero decir, era lo suficientemente inteligente como para saber que si eso estaba en la prensa británica los franceses amarían esa foto, ya sabes (risas). Los italianos la amarían (risas). Y por supuesto también pensé que los soviéticos amarían esto.

C: Nunca vi prensa soviética que se haya publicado durante el conflicto

L: De cualquier manera yo sabía que sería utilizada. Y pensé “Oh dios, los franceses van a amar mucho esto” (risas).

C: Te quería preguntar tu opinión sobre otra cosa que digo en el artículo. Sobre las distintas interpretaciones que esas imágenes tuvieron en Inglaterra y en Argentina. Desde Margaret Thatcher usándola como argumento para ir a la guerra hasta sectores nacionalistas argentinos mostrándolas con orgullo.

L: Yo no pienso que Margaret Thatcher usó la foto para la guerra. Creo que alguna parte de la prensa pudo haberlo hecho, como The Sun. Margaret Thatcher sabía que a los ingleses no les iba a gustar esta foto pero no iba a lastimar… Era parte de la narrativa. Pero no te podés imaginar a un político inglés levantando una foto y diciendo “por esto vamos a la guerra”. No, no es lo suficientemente sofisticado. Pero seguramente ayudó a conseguir más apoyo público para sus propios intereses.

C: Claro, coincido plenamente. ¿Y más apoyos políticos también?

L: Y, bueno, si. Era una consecuencia, ¿no? Una de las consecuencias fue que más sectores le prestaron apoyo a Margaret Thatcher y su gobierno, que estaba débil hasta ese momento. El gobierno no era popular y estaba la posibilidad de que Thatcher quedara fuera del poder en las elecciones. Entonces esta imagen no le hizo ningún daño, para nada, al contrario. Galtieri invadió las ‘Falklands’ y no le hizo ningún daño. Fue bueno para ella, le debe haber ayudado pero no veo que lo haya usado de forma desnudamente instrumental. ¿Sabía el gobierno lo que vendía The Sun? Si querés una teoría conspirativa… El gobierno no le pediría a The Sun que no publique las fotos. The Sun las hubiera publicado de todas formas, porque vendían, porque iban a vender millones de ejemplares.

C: ¿Y qué pasó con la otra tapa que publicó The Sun con el título “Gotcha” cuando hundieron el Belgrano?

L: Cuando el Belgrano se hundió publicaron esa tapa. Y algunas personas podían encontrarla divertida, es como decir “te atrapo” y ese “te atrapo” significa otro tipo de cosas. Pero la mayoría de los británicos pensó que esa tapa es muy poco respetuosa. De mal gusto diría yo, grosera. Los británicos perdieron a muchas personas en la Segunda Guerra Mundial, había muchos barcos hundidos al sur de Océano Atlántic. Con las personas con las que hablé del tema lo encontraban de muy mal gusto. Algo típico en The Sun. Como cuando hablaron sobre los hinchas que fueron asesinados en el estadio Heysel y The Sun dijo algo así como “ah, se lo merecían”. La gente se volvió en contra de The Sun. No nos gusta ese tipo de nacionalismo, en especial cuando hay muertos de por medio. Es como una especie de nacionalismo berreta. Te diría que la foto del 2 de abril no tuvo malas consecuencias pero la del Belgrano sí, se les vino en contra, porque era mucho más grosera. Es decir, es tonto pensar que a Galtieri le sirvió esta foto. Estoy de acuerdo vos. La foto de nosotros tirados en el suelo da la idea de que….

C: Si, la foto terminó dañando la estrategia de Galtieri creo yo.

L: Si, muy dañina para él, por la idea que transmitía.

C: ¿Y vos dónde estabas cuando hundieron el Belgrano?

L: En realidad estaba en el Canberra, que solía ser un crucero. Tenía un lugar encima con una piscina la cual convirtieron en una plataforma de aterrizaje para helicópteros, pero era un crucero. Le pusieron superficie a las piscinas para que los helicópteros pudieran aterrizar.

C: ¿Era un crucero de lujo?

L: Para vacaciones. Luego fue utilizado como buque de guerra para ir a las Falklands. En el camino, sabíamos que tendríamos submarinos cerca nuestro por lo que otros barcos y helicópteros siempre nos proporcionaban como información. Entonces cuando nos enteramos que el Belgrano fue golpeado, una parte de nosotros se sintió aliviada porque era un barco armado. Lo veíamos como un peligro. También sabíamos que Argentina tenía sus propios submarinos. Cuando estábamos en el Canberra dormíamos debajo de la línea del agua y cuando la alerta sonó era una seria amenaza para el área, todo estaba por volar con nosotros incluídos y no podíamos salir. Teníamos eso en mente, seríamos nosotros, estaríamos muertos, nos hubiéramos ahogado. Estábamos muy alegres de descender del barco. Pero no nos alegramos con lo del Belgrano.

Primera plana de The Sun cuando los ingleses hundieron el Belgrano. Guerra de Malvinas.

C: Existen cuatro fotos en las que se ve al Belgrano hundiéndose ¿Las conocés?

L: Si. Sacadas desde un bote salvavidas. He visto muchas fotos del Belgrano hundiéndose, tal vez sean esas. ¿Sabías que conocí a Rafael Wollmann en 2016?

C: Ah, ¿sí?

L: Él parecía nervioso, creía que yo le iba a pegar. (risas)

C: (Risas)

L: En 2016 preguntó si podía conocerme. Me levanté a estrecharle la mano y luego dijo ‘uf’ estaba preocupado porque me golpearas. (risas)

C: Y sí…, Rafael tenía razones para estar nervioso (risas). El otro tema que me interesaría conversar es sobre los días de la rendición argentina. ¿Uds venían con fotógrafos profesionales en los barcos ingleses?

L: Sabíamos que habría algunos..

C: ¿Fotógrafos de prensa o fotógrafos militares?

L: Profesionales de los medios de comunicación, de hecho antes de la Batalla de Goose Green, Julian Thompson, el brigadier, amenazó con demandar a la BBC porque un periodista de la BBC informó que estábamos por atacar Goose Green. Y eso realmente enfureció al brigadier, era algo que no debía saberse. Esto está bien documentado, podés encontrarlo. Las fuerzas británicas estaban listas para atacar Goose Green y la BBC lo dijo antes. El brigadier Thompson habló con un par de reporteros como Max Hasting, que es un conocido corresponsal de guerra, le dijo que estaba furioso con la BBC y que tenía ganas de demandarlos por informar que se iba a realizar el ataque. De hecho después de eso los argentinos reforzaron Goose Green.

C: O sea que en Inglaterra hubo un sector de la prensa que se mantuvo independiente del gobierno.

L: Si, había muchos de esos. Puedes ver periodistas de la BBC u otro medios cuando los Harriers atacan los objetivos y uno de los reporteros decía cuando los Harriers despegaban y cuando volvían lo que es entendible, pero a veces la BBC iba muy lejos exponiendo nuestros planes.

C: ¿Y el gobierno inglés dejaba que viniesen a Malvinas periodistas independientes?

L: Llegaron con la task force. Había periodistas del Times, Thelegraph, The Guardian, hasta artistas de guerra.

C: ¿De la BBC también?

L: Vi periodistas a bordo cuando estaba en el Canberra, nosotros sabíamos que estaban al tanto de mucha información, pero después de lo de Goose Green se les restringió información. Porque había miedo y en realidad no se podía confiar, aunque Max Hastings y algunos mas fueron advertidos después que atacamos Two Sisters, Harriet y Longdon.

En Longdon, Harriet y Two Sisters había periodistas y podían ver, había videos de ellos reportando las batallas. Recuerdo que había banderas blancas en Port Stanley y alguien diciendo: “menos mal, genial” y eso quedó filmado. Eso fue una ventaja para Max Hasting. Estoy seguro que estaban Max Hasting y alguien más, no puedo recordar su nombre. Fue el final de un día de batalla en Two Sisters, él filmaba a los marinos que estaban tratando de calentar la comida, agotados después de terminar la batalla. Y ellos estaban ahí con las tropas, no es que se mantenían separados para filmar. Estaban ahí en la batalla, entonces cuando terminó decían cosas como “bueno acá están los marines, que están agotados no sé qué y acá está la artillería, estas son las armas” e iban haciendo paneos.

C: ¿Te molestaban estos periodistas?

L: No, no molestaban. Pero cuando pasó lo Goose Green y la BBC eso nos enfureció. Pero solamente lo hizo un hombre, que tomó la decisión de hacerlo para la BBC. Él estaba seguro en Londres, no era un periodista en peligro.…

C: Y el Canberra se transformó luego en el barco que más argentinos trajo al continente. Trajo más de 4000 soldados.

L: Si es cierto. Cuando vine a Argentina por primera vez, un 2 de Abril fui a San Andrés de Giles con Marcelo (Marcelo Vallejo es un ex combatiente argentino que también actúa en la obra de Lola Arias). Hacían una vigilia super nacionalista. Había unas seiscientas personas quemando antorchas, hablando, caminando, algunos con medallas. Me invitaron a unas tiendas como de batalla que habían armado en las afueras y conocí a los muchachos del comando 601 y 602.

C: ¿Vos te presentaste como un veterano inglés?

L: Sí, sí. Fui identificado así y por eso me llevaron ahí y pensé “ok, no se que va a pasar”. Pero cuando llegué y empecé a hablar con ellos mencioné lo de Top Malo House, donde ellos habían estado, justo después de llegar a San Carlos. En realidad recordé que yo había sido enviado por mi compañía para encontrar a esos hombres y matarlos porque nosotros pensamos que ellos le habían disparado a una tripulación de helicóptero mientras trataban de nadar para ponerse a salvo. Ellos habían estado en la batalla de Top Malo House, uno de mis amigos estuvo en esa batalla, Stevie Gross y cuando mencioné su nombre; dije “mi amigo Stevie Gross recibió dos disparos en el pecho” y alguien dijo “Stevie Gross, sí, nosotros lo conocimos”, sabían los nombres de los hombres con los que habían estado luchando. Luego uno de ellos sacó sus propios registros médicos, tenía placas de rayos X y viejas placas de su cuerpo que mostraban donde estaban los impactos que había recibido. Me contaron sobre sus piernas rotas, uno tenía el hombro partido. Y estaban muy orgullosos del Canberra. En el barco había doctores británicos que los habían atendido y estaban agradecidos por eso. A bordo del Canberra a los prisioneros los revisaron, les sacaron rayos X, los atendieron muy bien y ellos guardaron todo ese material y lo mostraban en la vigilia del 2 de Abril.

C: Para muchos ex combatientes esa fue la primer atención médica que recibieron.

L: Sí. Primero en el campo de batalla por nosotros y después en el Canberra.

C: Acá la prensa argentina había publicado que habían hundido el Canberra.

L: (Risas) Bueno, también dijeron que hundieron al Invencible ¿no? Y el piloto estuvo en las noticias. Hace un año o dos me enteré que militares argentinos le ordenaron inventar esa historia. Y también está el caso de Rick Jolly, médico cirujano, que fue condecorado por británicos y argentinos. Era comandante en el campo a cargo del hospital. Murió el año pasado. Es la única persona premiada en la guerra por las fuerzas británicas y argentinas. Los argentinos le dieron una medalla como reconocimiento porque salvó muchas vidas y los ingleses también.

De derecha a izquierda: Cora Gamarnik (la autora), Lou Armour (el entrevistado) y Verónica Perera traductora). FOTO: Sol Varela Gamarnik.

C: Te cambio de tema y voy a la obra de teatro ¿es muy distinta la recepción de la obra en Argentina y en Inglaterra?

L: (Risa) Si, es loca y diferente. Bueno a veces es loca, a veces son las pasiones. Acá sube gente al escenario. Lola Arias nunca lo permitiría, nunca haríamos eso en Inglaterra.

C: ¿No lo permitiría ella?

L: Así es. Anoche había madres, hermanas, familiares de gente que murió en las Falklands. Marcelo las invitó a subir al escenario al final de la obra. Yo me acordaba de Lola Arias diciéndonos “anda, recibe los aplausos, y andate, no hagas eso, eso no es profesional y bla bla”. Pero no dice nada de esto cuando estamos en Argentina porque no se saldría con la suya. Ni a David Jackson ni a mi nos importa que Marcelo Vallejo invite a otras personas, la semana pasada trajo a una enfermera. Una señora mayor y habían estado otras madres y hermanas en el escenario. Ahora, nunca vas a ver que pase algo así en Inglaterra. Nadie lo haría.

C: ¿Vos no lo harías?

L: No, no lo haría. De ninguna forma lo haríamos. Es una cuestión cultural. A Lola no le gusta pero no lo puede detener ¿no? (risas). Aquí la audiencia se prende fuego.

C: Yo me emocioné mucho con la obra. Lloré mucho mientras la veía.

L: La pasión latina. Nosotros no tenemos problema con eso, pero esa es la diferencia entre Gran Bretaña y acá.

C: ¿Pero va gente a ver la obra allá?

L: Hay sala llena en Inglaterra y las personas lloran también, pero no de la misma manera que ustedes. El primer día que nos presentamos acá en 2016 estábamos actuando al nivel del piso y el público estaba justo enfrente nuestro. No era un teatro, era un espacio con gradas y nadie los invitaba al escenario pero la gente bajaba de las gradas e invadía el escenario. Eso jamás lo verías en un teatro británico. Esa es la diferencia.

C: Nosotros somos más proclives al contacto físico.

L: Lo sé (risas).

C: La escena tuya con el muchacho argentino que te habla en inglés, es de lo más impresionante de la obra.

L: Esta escena no iba a estar en la obra.

C: ¿Ah no?

L: No. Y una semana antes de estrenar en Brighton, en Inglaterra en el 2016, Lola la incluyó, con lo cual en una semana tuvimos que ensayarla.

C: ¡Muy bien Lola! ¿Y lograste conocer el nombre de ese muchacho?

L: No, no.

C: Vos me dijiste antes que en Inglaterra no había una respuesta nacionalista, pero acá en Argentina la guerra fue utilizada como forma de unión nacional.

L: Si por supuesto. En Inglaterra, Thatcher y los conservadores la usaron para respaldar al gobierno y a los políticos, porque es un sentimiento ¿no? Y son nuestros hijos los que están en peligro… pienso que esa era la narrativa. Y luego la explotaron. Pero no por los británicos, sino por los hombres concretos. Ellos explotaron el hecho de que humillaron a todos nuestros hijos y ahora hay matones en nuestro lugar. Mujeres y niños están ahora bajo las botas de una dictadura fascista. Esa era la narrativa inglesa. Se buscaba empatía con las personas que estaban allá. Empatía con los isleños.

C: ¿Vos pensás que Argentina tenía alguna posibilidad de ganar la guerra?

L: Bueno, podrían, podrían haber hecho que nuestro aterrizaje sea tan difícil y tan costoso que las negociaciones hubieran empezado antes. Recordá que tres brigadas inglesas descendieron de los barcos y nuestra expectativa era que seríamos fuertemente golpeados mientras tratábamos de llegar a la costa, que íbamos a tener muchas bajas. Nuestro único trabajo era llegar a tierra y sostenerla para que pueda llegar la brigada de pelea detrás nuestro y combatir. Así de mal pensábamos que iba a ser. Cuando yo digo en la obra que nosotros pensábamos que uno de cada tres iban a morir, es verdad, eso era lo que nos dijeron: uno de tres sería asesinado solo para llegar a tierra y asegurar el área.

C: ¿El problema fue la estrategia del lado argentino?

L: Sí, definitivamente. Y mala logística que no cuidaba a sus hombres y mal liderazgo desde la cúpula. Deberían habernos atacado muy fuerte con artillería antes de que nosotros lleguemos a la costa. Porque nuestra artillería llegaba solo a 12 kilómetros y la suya a unos 25 kilómetros.

C: ¿Qué pensás del equipamiento que tenían las fuerzas armadas argentinas?

L: Ellos tenían mejor equipamiento de visión nocturna que nosotros. Envidiamos sus equipos de visión nocturna. Su artillería era mayor que la nuestra, ellos tenían de 55 milímetros. Sus morteros eran mas largos que los nuestros, estrictamente hablando debieron habernos derrotado.

C: ¿Y que pasó?

L: Si todas las bombas que tiraron hubiesen explotado… Muchas cayeron pero no explotaron.

C: Pero la decisión de Thatcher era ganar la guerra a cualquier costo.

L: Si, absolutamente una vez que comenzás tenés que ganarla. Creo que tenés razón en tu artículo cuando hablás sobre eso y sobre lo que Hobsbawm también dice (4). Nosotros teníamos que ir ahí y ganar. Teníamos que mostrarle al mundo que Inglaterra seguía siendo poderosa. Y por cierto la Unión Soviética estaba mirando esto. No podíamos mostrar debilidad. Los argentinos por su parte no explotaron sus ventajas.

C: Además de que torturaron a sus propios soldados.

L: Sí, exactamente. Eso es lo que decía del liderazgo. La marina argentina en un momento se fue y nunca volvió de nuevo.

C: Después del hundimiento del Belgrano se retiraron de la guerra.

L: Sí, absolutamente. Era un largo camino para que sus soldados pudieran llegar, no podían estar mucho tiempo.

C: ¿Y la fuerza aérea argentina?

L: Fue muy respetada por todos nosotros, absolutamente respetada.

C: ¿Vos pensás que estuvo bien organizado por parte de las fuerzas armadas argentinas el desembarco?

L: Creo que sí porque primero atacaron las barricadas para neutralizar la defensa. Era la forma correcta de hacerlo ¿no? Pero no entraron a la casa del gobernador la primera vez, eso fue un problema. Eso fue un gran error. Quiero decir, querían venir en paz sin sangre pero tiraron granadas.

Lou Armour. FOTO: Sol Varela Gamarnik

C: ¿Y el final de la guerra?

L: Yo regresé en el Canberra a Inglaterra. El barco primero llevó a los argentinos, a los heridos y demás y después a nosotros. Yo volví el 11 de Julio.

C: ¿Estuviste en el gran desfile de la armada inglesa victoriosa?

L: No, no estuve ahí.

C: ¿Ah no?

L: Cuando llegué me fui rápido (risas). Quería ir a ver a las chicas que me habían escrito cartas. Mucho mejor que el desfile.

C: Ah (risas) Sí… mucho mejor que el desfile. Bueno Lou, muchas, muchas gracias.

L: Bueno si tienes mas preguntas me las envías por email.

Notas:

(1) Me refiero al artículo El fotoperiodismo y la guerra de Malvinas: una batalla simbólica publicado en John Mraz y Ana Maria Mauad (coord.), Fotografía e Historia en América Latina, Montevideo, Ediciones CdF, 2015. Disponible en: https://www.academia.edu/28535909/El_fotoperiodismo_y_la_guerra_de_Malvinas_una_batalla_simb%C3%B3lica_Fotografia_e_historia_en_America_Latina_-_Cora_Gamarnik_225-256.pdf

(2) Nos referimos a la foto que entre otros medios de todo el mundo fue la tapa de la revista Gente y la actualidad el 8 de abril de 1982. En esa fotografía Lou Armour es el primero de la fila de los soldados ingleses que caminan con los brazos en alto.

(3) Se refiere al libro Letting Go: Stories of the Falklands-Malvinas War.

(4) Se refiere a un artículo escrito por el historiador Eric Hobsbawm en 1983, citado en el texto.