Escribe: Juan Manuel Bassus y Remedios La Bella

Foto: Paula Lobariñas

Publicada originalmente en Revista Hamartia #24 (2016)

El Negro Fontova nos recibe en la puerta de su casa en Villa Crespo, desde donde azuza políticamente a parte de la hinchada de Atlanta que se reúne ahí cerca. Nos invita a transitar un pasillo lleno de plantas hasta la entrada de su departamento. Y, respaldado por su “amor, cómplice y todo” Gabriela, nos abre la puerta de su vida para esta entrevista. Músico, humorista, dibujante, actor, clown y escritor…, más que hombre orquesta, el Negro es un homo cultural.

 

Horacio Fontova, más conocido como el Negro – Hamartia – 26/09/2016 – (Foto: Paula Lobariñas).

¿En qué andás, Negro?
Estoy grabando en la esquina de casa. En el estudio de Sirso Iseas, es un viejo estudio de esos valvulares, que ahora es digital. Tiene una buena historia. Es donde grababan la Negra Sosa, Peteco Carabajal, Luis Salinas… Ahí estoy grabando algo que denomina “El color de mi tierra”, que es todo folklore. Es lo que presenté en el Teatro Roma de Avellaneda. Ya grabé 38 temas, no sé cuántos temas voy a hacer [Risas] porque como es una producción independiente lo bancamos entre Gabi (Gabriela Martínez Campos) y yo. Gabi es todo, mi representante, mi mujer, mi cómplice y todo. Y después tengo otros repertorios. En el Boris presenté el que se llama “El afer Luciana”, son relatos musicales de mis amoríos en París, en un hotel durante el exilio. Esto tiene un montón de derivaciones internacionales, algunas cosas son ciertas y otro poco es imaginación. Por ejemplo, a una mucama brasileña le cantaba “Desafinado”, de João Gilberto; a una italiana, canzonettas; a una española, coplas de García Lorca.

¿Y cómo fue la movida del exilio?
Me fui los años 1978 y 1979. De París me fui a Colombia. Volví después del ‘79. Extrañaba, ¿sabés? Pero venir de Colombia para acá fue un viaje. Me volví de mochilero y en el trayecto me hice amigo de muchos mochileros. Vine muy despacio… Hasta que llegué a Villazón, en la frontera con Bolivia, y de Villazón a la Quiaca el único que cruzó fui yo, nadie entraba. Antes había estado con toda la cuestión del Expreso Imaginario, yo era el director de arte. Eso fue en el ‘76. Era fantástico. Hubo algo especial con eso. Hace poco en el Centro Cultural Kirchner le hicieron una especie de homenaje al Expreso, me convocaron pero yo me negué a ir, porque si no reincorporan a los 600 trabajadores que echaron, yo no pienso pisar ese lugar. Y los 600 que echaron no era ñoquis, era gente con ideologías de lo más diferente e igual les dieron una patada en el orto. Si no los reincorporan yo ese lugar no lo piso.

El Negro en casa- Hamartia – 26/09/2016 (Foto: Paula Lobariñas)

¿Cuándo sale el disco nuevo?
No, muy tranquilo. No hay plazos. La cuestión ahora es seguir grabando. Ya hice el Roma de Avellaneda, que estuvo genial. ¡Qué bien lo pusieron a ese teatro! Un pequeño Teatro Colón parece. Tiene esa cuestión estética muy parecida a lo que hicieron en el CCK. Debe haber equipos de diseñadores con ideas parecidas, hermoso. Aparte un sonido, unas luces…, y sobre todo que la entrada general cuesta 100 pesos.

¿Cómo ves hoy a la cultura en su rol de “resistencia”?
Es medio contradictorio, porque los que componemos la resistencia cultural venimos de ser parte del proyecto nacional y popular. Yo nunca fui militante de nada. Era un hippie anarco, apolítico, me chupaba un huevo todo. Hasta que apareció un chabón, Néstor Kirchner, y a muchos nos pasó eso. Nos preguntábamos “¿Este tipo de dónde salió?” y empezábamos a ver qué es lo que hacía. Me dije: “Me parece que yo le pertenezco a este chabón”. Y a partir de ahí, estoy acá, a muerte. “Crisnerista” a muerte. Y decía que es contradictorio porque en este momento, que está durísima la cosa, te inspira más para una respuesta cultural. Antes laburábamos en cultura, la cosa se explayaba mejor, había laburo. Pero ahora hay grupos numerosos de actores, músicos, escritores, etc., que estamos todos ahí, al pie del cañón como para que la respuesta sea cultural. Y de alguna manera eso inspira. Últimamente se me ocurrieron varios temas que hablan de esta realidad. Que no son temas humorísticos precisamente.

¿Crees que está perdida la batalla cultural?
No, ¡para nada! Esta gente con la cultura no tienen absolutamente nada que ver. Son la anti cultura. Fijate quienes están en las filas de ellos. El Mago Sin Dientes, yo siempre lo pongo primero. No voy a mencionar otros para no ser ortiba, pero son muy pocos. Y ver a los dirigentes…: Lopérfido, Lombardi. Son de lo peor. Porque además ni siquiera son hábiles para engañarnos. Está tan a la vista la lacra que son que todo eso inspira.

Fontova con la viola – Hamartia – 26/09/2016 (Foto: Paula Lobariñas).

¿Es un poco “troskista” la cultura? ¿Cuánto peor, mejor?
El troskismo es como la exageración nuestra, pero siempre estamos ahí, medio codo a codo. Yo prefiero un trosko a un gorila, pero a muerte. Disparamos para el mismo lado. El tema es que los troskos no le hagan el juego a estos pelotudos, como a veces ocurre. Hay casos. Yo tengo un gran amigo, el Perro Santillán, que éramos grandes amigos, y ahora creo que se quebró nuestra amistad por razones políticas. El chabón, por hacerle la contra a Milagro Sala, le está haciendo el juego a esta gente. Lamentablemente hay amigos con los que ya no se puede andar.

¿Extrañas el humor político? Eso dejó de existir en Argentina…
Hablando del humor y de denuncia, ¿se acuerdan de Revista Humor? Eso era tremendo, un cañonazo continuo. Y había programas del estilo de Peor es Nada, Olmedo, los uruguayos Telecataplum, ese formato ya no existe más. ¿Por qué?, no lo sé, son de esas cosas que se fueron borrando. A la gente le hacía bien, era una experiencia vasodilatadora. Permitía que la sangre fluyera lindo. Con el petiso (Jorge Ginzburg) éramos viejos amigos. Yo siempre me había dedicado a la música. Nos hicimos amigos a raíz de notas en La Noticia Rebelde. ¡Puta!, ¡Castelo era un maestro! Ahí se dio como una especie de amor a primera vista con el petiso. Y nos hicimos amigos y compinches, un zarpe total, éramos dos mierdas [Risas]. Él siempre me decía que había que hacer algo juntos y la tele para mí era algo muy careta, un nido de pelotudos. Finalmente me convenció e hicimos Peor es Nada. Jorge era muy organizativo, así que llamó a Peni y Palomares, que eran libretistas, y ahí surgió. Había una idea y nosotros se la tirábamos para que la desarrollaran estos dos pibes. Y así duró casi 8 años.

¿Cómo se les ocurrió llevar al Flaco Spinetta a que haga “Muchacha ojos de cartón”?
Spinetta era un tipo que jamás se hubiera negado a burlarse de sí mismo porque era un tipo múltiple. Además yo tengo un honor que pocos saben. Yo tuve un trío que se llamaba Expreso Sambomba y el nombre se lo puso Spinetta. Nosotros éramos muy amigos de Jorge Pistocchi, el alma del Expreso Imaginario, y estábamos deliberando con nombres posibles y un día, en una juntada, el Flaco dice “Ustedes se van a llamar Expreso Sambomba”. Así que ahí surgió el nombre.

Entrevista al Negro Fontova – Hamartia – 26/09/2016 (Foto. Paula Lobariñas).

Los ‘90s daban mucha tela para cortar. ¿Que harías hoy?
Ahora es el imperio Tinelli y a mí esa cosa de las imitaciones no me gustaron nunca. Antes estaba el “innombrable” [Risas]. Había que invocar siempre a Pugliese, Pugliese, Pugliese. Hoy no sé qué haría, porque ellos vienen instalando el odio y nosotros tenemos la gran tarea de responder en calma. Porque ellos esperan que vuelvan los Montos y eso. Yo admiro a los Montos y al Che Guevara, pero eso ya pasó. Hay que ser calmos y me parece que todas las respuestas tienen que ser creativas y que distraigan un poco de la cosa pero sin irse. Pero es una tarea complicada.

¿Mirás a Capusotto?
¡Seeee, la puta que los parió! ¡Lo amo! Nosotros hicimos un programa juntos que duró muy poco, se llamaba Delicatesen. Éramos Diego Capusotto, José Luis Oliver, Fabio Alberti, Damián Dreizik y Luis Ziembrowski y era una locura, un delirio, era un zarpe total. Y aparte Capusotto es un gran tipo. Es de esos chabones que te llaman para nada, para decirte: “Me olvidé a mi abuelita en tu terraza. Devolvémela”. Y pum, te corta [Risas].

¿Creés que se tendría que haber quedado en la TV Pública?
Capaz que sí. Porque viste que ahora empiezan a invadir todos los lugares que eran medio nuestros. Fijate la TV Pública: a Pedro Brieger y a Telma Luzzani les pegaron una patada en el orto, y eran gente muy valiosa. Por suerte quedó el Rulo Dellatorre que es un capo, que les hace un poco de frente a esa nueva mesa de televisión pública internacional. Algo fantástico fue lo que hizo Axel Kicillof, que entre paréntesis es mi favorito junto con Mariano Recalde, con Nelson Castro: en esa entrevista en que no lo dejó hablar. Esa me parece que es la guerra de ahora. No sé cómo habrá sido la situación íntima de Capusotto con la TV Pública, pero yo me hubiera quedado.

¿Cómo se da la batalla cultural contra el entretenimiento vacío?
Habría que lograr meterse en los medios. Yo creo que la guerra hoy es en los medios. Ustedes son un medio, eso es resistencia cultural. Creo que se puede ir más allá y meterse ahí, pero ¿cómo desbancás a Tinelli? Paralelamente lo podés hacer, qué se yo. Hay proyectos de radio, como Radio Rebelde. Martín García, gran amigo y compañero va a hacer la Radio Perón. Yo le voy a meter la voz. Y esas cosas hay que hacer. Hacer que te escuchen. El humor puede ser un camino, lo que fue Canal K. Yo me animo, pero necesito a un Pedro Saborido al lado.

Gabriela y el Negro – Hamartia – 26/09/2016 (FOTO: Paula Lobariñas)