Escribe: Matías Zalduendo (*)

Muchas veces me pregunté por qué no cambiamos nuestra fecha conmemorativa, la de lxs laburantes, la amplia mayoría del pueblo, a otra fecha significativa, que tuviera más que ver con nuestra historia y su devenir, la del movimiento obrero argentino. Pecando con mis sentimientos patrióticos, me consulté muchas veces -interiormente- por qué no conmemoramos nuestro día -un día que lejos de ser festivo, debe ser de lucha- en una fecha emblemática, de las que aprendimos tempranamente que tuvieron que ver con las conquistas laborales que hoy gozamos, gracias al sacrificio y la sangre de muchxs que, desde el anonimato, proyectaron sus luchas de cara a la posteridad.

Talleres Vasena.

Así se me vino que el Día de Les Trabajadores Argentines podría ser un 7 de enero, en homenaje a los metalúrgicos que, desde el barrio de San Cristóbal, plantaron sus reclamos por la reducción de la jornada y las mejoras salariales, recibiendo como respuesta la represión del Estado en complicidad con la patronal (los Vasena). O bien, podría ser un 1 de noviembre, en conmemoración a la huelga rebelde y patagónica que comenzó y se extendió durante todo 1921, contra la miseria y la explotación patronal, dejando un saldo de miles de obreros fusilados. Incluso imaginaba fechas no tan grises, sino más reivindicativas… Por ejemplo, celebrar nuestro día el 11 de Marzo, que es aniversario de la sanción de la Constitución del 49 que, definitivamente, plasmó los derechos del trabajo (de segunda generación, les decían) en nuestro ordenamiento jurídico; o también podríamos conmemorar esta fecha un 25 de Mayo, y no por 1810, sino por 1857 cuando vio nacer nuestra patria su primer organización gremial (Sociedad Tipográfica Bonaerense); o de 1901, cuando se creó la FORA. ¿Por qué, tampoco, celebramos el día del trabajo argentino un 29 de mayo, recordando la gesta heroica y popular, que laburantes y estudiantes, consumaron en los tiempos del Cordobazo?

El Cordobazo.

La cuestión es que desde joven, quizás por la crianza anti imperialista que nos forjó el rechazo al neoliberalismo noventista, o por el calor del activismo político y gremial al que me sumé en medio del estallido social post 2001, es que venía dándole vueltas a la fecha del 1 de Mayo. Como no podía ser de otro modo, la militancia me saldó la duda, en boca de mis compañerxs. El argumento irrefutable, justo para mí que me gusta jugar con las fechas, vino de la mano del calendario local: 1ero de Mayo de 1890 y 1ero de Mayo 1909. La primera data, hace referencia a un petitorio que el incipiente movimiento obrero argentino, en articulación con la Segunda Internacional Obrera y en homenaje a los mártires de Chicago, le presentó al Congreso de la Nación, incluyendo entre sus puntos la jornada de 8 horas, la prohibición del trabajo de menores y el descanso ininterrumpido de 36 horas semanales, entre otros. El otro 1ero de Mayo argentino fue de 1909, cuando se realizó una manifestación obrera en homenaje a la fecha establecida como “día de los trabajadores” por el Congreso Obrero Socialista, y que la policía comandada por Ramón Falcón reprimió brutalmente, dejando un saldo de decenas de personas muertas; hablamos de la fatídica Semana Roja. Repensando estos 1eros de Mayo argentinos, concatenados con la articulación de ese movimiento obrero de finales de siglo XIX y principios del XX que entendía mejor que nadie el valor del internacionalismo, la solidaridad y la unión, es que caí en la cuenta de que no es relevante si la fecha es el 1ero de Mayo por 1886, o hubiera sido -¿por qué no?- el 8 de marzo (1857) en homenaje a las valientes mujeres del “Pan y rosas”…

Lo fundamental está en refrendar este día no como una jornada de festejos, sino como una convocatoria a seguir luchando por ese legado que ya viene de siglos, y nos obliga a redoblar esfuerzos ante el momento histórico que estamos atravesando.

El sistema capitalista claramente no es el mismo que vivieron los luddistas británicos de 1800 que reventaban las máquinas a vapor para hacerse escuchar; o contra el que luchaban los sansculotte franceses de la misma época… Las reglas del juego han cambiado, y así como cambia el mundo, el sistema cambió, y las formas de explotación que el 1% de la humanidad ejerce sobre las grandes mayorías también se han adaptado a estos tiempos de globalización, hipercomunicación y pandemia. Nuestro trabajo como movimiento obrero, lejos de concluir, está llamado ante la puerta de la historia y de un futuro -incierto- para decir “¡presente!” y seguir con el legado más valioso que podemos recordar en un día como hoy: unidad, organización y solidaridad del movimiento obrero, son el camino para encontrar la salida que, sin dudas, siempre fue, es y será colectiva.

(*) Sec. Nacional de Juventud CTA