Escribe: Pablo Kalaka (*)

Fuente: https://elkalaka.com

El asesinato de George Floyd en la ciudad de Minneapolis a manos de la policía ha despertado una revuelta cuyas dimensiones históricas apenas somos capaces de atisbar en este preciso instante. Solo nos queda contemplar cómo la asfixia velada que yace muy abajo del espejismo del llamado Minnesota Nice se despertó con telúrica virulencia, dispuesto a no dejar piedra sobre piedra con un fuego que no tiene nada de purificador. Es de momento hartazgo y resentimiento que no cabía ya en contenedor alguno.

Y yo no dejo de pensar en el día que tuve el honor de conocer al maestro Emory Douglas. Fuimos con Dani Bianchini hasta la universidad donde daría una conferencia. Allí pudimos compartir con él.

Emory Douglas
Emory Douglas. Foto: Pedro Zamacona

La historia de Douglas corre casi a la par que el Movimiento de las Panteras Negras. Fue su Ministro de Cultura, estableció su dinámica comunicacional y le confirió una estética que quedaría tallada en la piel del movimiento.

Sus líneas negras fuertes, sus entramados, sus artes a dos colores, toda una gráfica producida bajo el apuro y la urgencia, extremando la economía de recursos, ofrecen esa marca de la casa que hoy llamaríamos identidad corporativa. En el arte de Emory confluye con total transparencia la urgencia militante, la estrategia comunicacional, una expresividad poderosa y la notable personalidad estética que hace a sus piezas tan fácilmente reconocibles. Fue el brazo gráfico de un cuerpo estético y discursivo que los Black Panthers desarrollaron para insuflar amor propio a las comunidades negras. Black is beautiful era la consigna. Ser negro o negra era ahora motivo de orgullo, de orgullo militante.

Death to the fascist pigs
Death to the fascist pigs, 2012. Fue publicada originalmente en el diario The Black Panther (1970) Imagen: Babylon Falling

Eran otros tiempos. No temieron la necedad de asumir al enemigo, como diría Silvio. Había que revelarlo y hacerlo manifiesto. Muchas de sus imágenes serían repudiadas en estos tiempos de coartada ultraconservadora de corrección política. En sus dibujos sus personajes están alzados en armas. Sus niños armados no son una apología a la guerra sino la certeza cruda de que si no se asume una guerra social que no buscaron, no sobrevivirán como como raza ni como pueblo. Al mismo tiempo organizaban a las comunidades: que los niños coman, que la población se eduque, que los adultos se alfabeticen, que conozcan su historia y se reconozca en ella. Que se amen a sí mismos. Todo eso lo expresa Emory con una bella y rotunda sencillez. Es esa belleza rasposa, directa como un balazo, ruda y noble, pero que no teme problematizar la realidad, tal como lo supo hacer el rap años más tarde.

Emory Douglas
Pieza que fue parte de la exposición Power in Print en Schomburg Center for Research in Black Culture (New York), 2017-2018. Imagen: New York Public Library

Su black is beautiful no es idealizado. Sus personajes no son negros o negras de revista o pasarela. Están enojados, las señoras llevan los pelos despeinados, los niños con las ropas desordenadas, los trazos fuertes que dibujan sus rostros denotan cansancio, rabia. La belleza viene de la dignidad de esa rabia consciente de sí, del valor de asumir la confrontación inevitable y el de manifestarse preparado para ella.

¿Quiere la guerra sus personajes armados? Lo dudo. No tienen cara de estar jugando, sus rostros cargan un peso indecible. Sabemos lo que quieren, porque lo articularon en los diez puntos del Partido. Hay un programa, hay un horizonte, hay una conducción. Sus personajes solo expresan peso, rabia y contención que organiza todos esos pesares en la militancia, en la posición defensiva, primero, y eventualmente ofensiva.

Paper Boy-Emory Douglas
Paper Boy, 1969. Imagen: School of the Art Institute of Chicago

Las Black Panthers supieron ser internacionalistas. Aprendieron de las insurgencias del mundo y proyectaron ese aprendizaje al interior de su país. Se aliaron a movimientos de resistencia y liberación de las comunidades latinas que, a su vez, aprendían de ellos a organizarse. Entendieron que había que hermanarse con las comunidades que también son oprimidas. Recuerdo que el señor Emory hablaba de esto en su conferencia. Y yo lo escuchaba.

Cuando los programas sociales de los Black Panthers empezaron a prosperar y la amenaza de que alcanzaran cotas de poder político de escala nacional se hizo real, fueron diezmados, como sabemos. Infiltrados, conspiraciones, asesinatos, criminalización y persecución. Emory pasó a la clandestinidad y con el tiempo pudo emerger, como Bobby Seale, como Angela Davis, como los demás compañeros y compañeras sobrevivientes a aquellos violentos años de masacre y exterminio.

People's Army
Our People’s Army. Imagen: Bim Bam Gallery

¿Qué ha pasado en estos años? La policía sigue matando negros con escandalosa impunidad. En Minneapolis la ira desbordada parece incontenible. La ciudad arde en llamas, llegan los militares, la población de la ciudad vive entre el desconcierto, la comprensión y el hartazgo. El movimiento Black Lives Matters como un muro de contención ante un racismo estructural que parece imposible de desarticular sin desarmar la propia idea de nación de ese país. Algunas voces responden midiendo sus réditos políticos en una actualidad donde llevar la contraria te convierte en un facineroso. Esas voces desarticuladas, solas, temerosas a levantar viejas o nuevas banderas. El temor a sacar la cabeza fuera de la trinchera unipersonal. La revuelta parece no ser más que un brote de ira descomunal que no conduce a ningún destino político o social. Es ira desbordada. Sin programa, sin objetivo aparente, sin conducción ¿Qué habrá luego de las estaciones de policía en llamas? ¿Qué significado tiene quemar indistintamente los negocios de nativoamericanos y de latinos, los talleres de artistas, la taquería de Don Chepe o el Mercado de productos hispanos?

Kill the pigs. Imagen: Guerrilla Café

Y yo no dejo de pensar en los personajes armados, organizados, cansados de tanta represión pero sin miedo y dispuestos a dar la pelea de frente, con criterio y conciencia de la que se viene y con una claridad de lo que hay que hacer para lograr un futuro premeditado. Veo a esos seres organizados y claros de por qué sienten la rabia que sienten, que saben, sobre todo, hacia dónde y hacia quién dirigir su violencia porque saben muy bien quién es el enemigo y qué esperan obtener con cada paso que dan. Su rabia es política. Esta claridad la siento más necesaria y vigente que nunca. Hay que volver a mirar a Emory y entender qué estaba diciendo. No ha pasado ni un solo día desde aquellos días ¿O sí?

Emory Douglas-Pablo Kalaka
Emory Douglas y Pablo Kalaka en la Universidad de Duluth, Minnesota (2019)

* Pablo Kalaka nace en Santiago de Chile en 1975 y a causa de la Dictadura Militar es exiliado con sus padres a Venezuela, país en el que creció e hizo vida. Cursó estudios de Letras en la UCV e ilustración y pintura en Barcelona, Cataluña. Es pintor y muralista.